Malpartida de Cáceres está junto a la futura capital europea de la cultura en 2016, y desde ahí, al lado de los Arcos de Santa Ana, partirá nuestra ruta hasta el dolmen de la Hijadilla, en plena dehesa que ahora con las últimas lluvias de septiembre comienza a reverdecer. Pero claro, en medio de nuestro camino está nada más y nada menos que los Barruecos.
Describir los Barruecos no es fácil, porque son muchas peculiaridades las que posee, y muchas actividades las que se pueden realizar en este maravilloso paraje que la naturaleza ha labrado tan sabiamente a través del paso de millones de años:
Adentrarnos y caminar entre las grandes masas de granitos moldeadas formando algunas figuras extrañas y otras que las podremos comparar con humanos, animales, o plantas, quedando sorprendidos cuando nos encontremos alguna de las obras de arte que el museo Vostell ha "incrustado" entre las rocas.
Irnos a observar pacientemente a las aves que acuden a sus grandes charcas. Visitar el centro de interpretación en los Barruecos de Abajo. O como no, una espectacular visita al museo Vostell, que a buen seguro no nos dejará indiferente.
En los Barruecos también hay pinturas rupestres. Fieles testigos de que el hombre habitó y vivió en esta maravillosa zona desde la prehistoria, pero dificilísimo es llegar hasta ellas, y nos costaría más de una visita el aprender del terrero para descubrirlas.
Pero lo que si podemos ver con más facilidad es el Dolmen de la Hijadilla que data de la Edad de Bronce, y que lo tenemos a unos dos kilómetros de los Barruecos en medio de la dehesa, junto al cordel que va desde Malpartida a la carretera de Badajoz-Cáceres y que desemboca justo frente al Castillo de los Segura, pasando también por la torre de Mogollones.
Este maravilloso dolmen conserva su largo corredor cubierto parcialmente, sus grandes ortostatos, parte de su túmulo y no su cubierta. Para llegar hasta él tendremos que seguir por el camino que parte a continuación de la zona asfaltada de los barruecos, y pasar junto a un cortijo dejándolo a la derecha, seguidamente llegar a una cancela verde que abriremos para pasar y continuar a través del camino, llegando a otro cortijo con muchos animales, que lo dejaremos a nuestra izquierda continuando hasta otro gran cortijo abandonado y que nos dará acceso al río Salor y que lo cruzaremos por un viejo y espectacular puente.
En esta zona, si vamos en coche será mejor dejarlo estacionado antes de llegar a dicho cortijo y tras pasar una nueva cancela. Estas orillas del río son realmente preciosas, llenas de vegetación y con un viejo molino junto a su orilla derecha.
Al cruzarlo y girar a la derecha continuaremos caminando un kilómetro aproximadamente hasta el dolmen, que al final de esta ruta nos premiará con su estética y demostración de que el paso de 4500 años por sus piedras y las degradaciones no han podido con su estructura y sigue ahí esperando a que lo visitemos. Desde aquí, donde nos podremos dar un descanso, veremos a lo lejos la Torre de Mogollón y las grandes extensiones llenas de belleza que posee la dehesa extremeña.