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PSOE extremeño versus izquierda. El emperador está desnudo
Manuel García González. Presidente de la PCRN   
23 sep 2006 actualizado 14:00 CET :: Leído 658 veces
Y serán reunidas delante de Él todas las gentes, y los apartará los
unos de los otros, como aparta el pastor a los borregos de los
cabritos.
Y pondrá a los borregos a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

SAN MATEO, XXV, 32, 33

El presidente de la PCRN, Manuel García González
El presidente de la PCRN, Manuel García González
(Antes de comenzar un artículo a lo largo del cual se menciona en innumerables ocasiones tanto a la izquierda como a la derecha, y por si alguien le pareciese obsoleto el planteamiento del artículo pues "ya no hay derecha ni izquierda", convendría recordar algo. Son numerosos los autores, tanto de izquierda – Rosa Regás- como de derecha – Aeix Vidal-Quadras- que coinciden en que una característica inequívoca que sirve para detectar si una persona es de derechas es que esta asegure que ya no existen ni la derecha ni la izquierda).

Durante las dos últimas décadas los partidos mayoritarios españoles han ido alejándose de los extremos ideológicos, en aras de ser identificados con el llamado "centro", lugar de la geografía política tan ambiguo y aséptico como ambicionado por las grandes fuerzas políticas. Quien se otorgase la representación de ese centro, se granjeará los réditos de esa gran masa de electores en gran medida desideologizados y que nunca optarían por unas siglas situadas cerca de los polos. Pero la forma con que las dos grandes formaciones han sido atraídas por las posturas centristas han sido sustancialmente distintas.

La derecha contrita, el PP, reniega del apelativo de "derecha", considerado en el fondo como indecoroso y vergonzoso incluso por los ultraconservadores por lo que, al menos estéticamente, asegura que su lugar natural es el centro (con los dedos de la mano se cuentan las personas que se reconozcan de derechas, cuando casi la mitad de los electores, a juzgar por los resultados lectorales, lo son). A veces, para edulcorar un apelativo tan bronco, se han utilizado ufemismos tan poco afortunados como la "derecha progresista". Por otro lado, la izquierda moderada, por llamar de algún modo al PSOE, intenta marcar distancias de la menos moderada y, sin renunciar a la auto otorgada patria potestad del progresismo, se escora a posturas más "neutrales", más comerciales y menos estridentes, acercándose a su diestra. Se trata de una singladura iniciada ya en el 79 en Suresnes, cuando el PSOE en su XVIII congreso abandonó oficialmente el marxismo que hasta entonces había sido la seña de identidad del partido para, según sus dirigentes, adaptarse a los nuevos tiempos.

Efectivamente, para rentabilizar el capital social de millones de españoles ansiosos de cambio durante los albores democráticos, había que cambiar de carrocería para no evocar en lo posible al pasado. Los ciudadanos querían mirar hacia adelante, por lo que el partido había de ser remozado y cualquier atisbo que recordase lo que el partido fuese antes y durante la dictadura, podía ser contraproducente. (Exceptuando, claro está, el honrosísimo hecho de haber luchado contra la dictadura, circunstancia personal que, a modo de medalla por méritos de guerra, sería después utilizado de por vida por un contingente inaudito de socialistas. Lo que resulta extraño es que la dictadura se mantuviese durante cuarenta largos años – y cuando finalizó lo hizo por la muerte natural del dictador a sus 83 años- si resulta que  la inmensa mayoría de los que hoy se denominan socialistas y ya habían nacido por entonces, al parecer lucharon denodadamente contra el régimen).

Sin embargo a menudo se afirma que el escoramiento del PSOE hacia la derecha es algo más que estético y encierra una gran transformación que ha hecho que el partido, aunque en la teoría siga explotando la imagen de la única opción progresista viable, en la práctica haya abandonado hace tiempo las tesis de la izquierda. Para los socialistas, ser de izquierdas hoy sería simplemente oponerse frontalmente a la derecha, bastando con tan simplista y poco exigente ideario para ser considerado como auténticos progresistas. Para ser de izquierdas, basta con oponerse al PP, y si además te opones a IU, puedes considerarte un "auténtico socialista", sin necesidad de poseer acervo ideológico alguno. Este fenómeno, dada la estructura federal del partido, se presentaría como más pronunciado en unas zonas que otras, siendo paradigmático el caso del PSOE extremeño. Y dando otra vuelta de tuerca, si pretendemos analizar este fenómeno de transmutación ideológica, qué mejor escenario que en el que, desde hace año y medio condiciona la política regional en Extremadura: La refinería de petróleo Gallardo- PSOE.
   
Para determinar de una forma lo más científica y objetiva posible si es cierta o no tal "derechización" de partido socialista en España en general y en Extremadura en particular, primero habríamos de definir qué entendemos realmente por derecha. Ricardo de la Cierva dibujaba un cuadro con el que pretendía de una forma desapasionada, mediante una serie de puntos, retratar este ámbito doctrinal. La derecha se definiría a sí misma por siete actitudes inconfundibles: Como posición frente al cambio, la derecha manifiesta una clara reacción; como forma de relación frente a las posiciones políticas de la izquierda, muestra temor y aversión; como conciencia de clase, encarna a las capas más favorecidas de la sociedad; como realidad económica, es adalid de la propiedad privada y de la libertad de mercado; como actitud social, adopta un comportamiento tendente a la negación del debate y a la impermeabilidad del resto de posturas. Por último, en el terreno cultural, se situaría en la indiferencia cuando no en rechazo de cualquier manifestación cultural que no sirva para sus fines económicos, propagandísticos o políticos.
   
Si ahora nos ceñimos al caso concreto que nos ocupa, comprobamos cómo el primer punto sitúa al socialismo oficial dentro de la definición de un partido de derechas. La actitud del PSOE extremeño ante los cambios es totalmente reaccionaria, como se puede apreciar en el terreno energético o industrial. Una apuesta por las centrales térmicas, por la continuidad de la central nuclear de Almaraz y por la refinería de petróleo, frente a una política de trabas sistemáticas a las energías renovables no es precisamente una actitud progresista o rompedora, sino fruto de unos planteamientos retrógrados e impermeables a los cambios propios de las sociedades avanzadas del siglo XXI.
 
Pasando al punto siguiente, reacción del partido socialista con el partido situado a su siniestra, no puede sino considerarse de auténtica aversión cuando no demostrado desprecio, siendo esta fuerza minoritaria objeto de ataques incluso personales, mucho más encarnizados que los sufridos por el partido conservador, la fuerza situada, si la buena lógica natural fuera tenida en cuenta, en las antípodas ideológicas.  En cuanto al tercer punto, no se puede decir que unos consejeros que cobran al mes lo que un obrero en casi dos años o que un presidente de la Junta con más coches oficiales de lujo que ningún otro presidente autonómico de España, representen fidedignamente a las clases más desfavorecidas. El que este argumento pueda parecer demagógico no cambia los datos.

El cuarto planteamiento del baremo acerca ya irremisiblemente al PSOE extremeño a las posturas defendidas por el conservadurismo. Es indiscutible que dicho partido ha abrazado con frenesí la apuesta por las defensa a ultranza de la propiedad privada, sobre todo de la de algunos.  Pero por otro lado aquí se puede apreciar una tremenda contradicción: Por un lado, cuando se trata de pequeñas y medianas empresas, de cooperativas, de autónomos,… se muestra constantemente mediante los hechos que desde las administraciones socialistas se pretende apostar por el  neoliberalismo, defendiendo la libertad de mercado y dejando claro que la mejor forma de hacer competitiva una economía – o una empresa- es la aplicación salvaje de las leyes del mercado, sin que exista intromisión alguna de los poderes públicos.

Dejando solos a los pequeños empresarios en medio de la tempestad del mercado salvaje. Pero por otro lado, cuando se trata de grandes empresas o de empresarios allegados al aparato, se hace gala del intervencionismo más escandaloso, poniendo en práctica todos los sistemas de subvenciones, créditos, ayudas, posibles para poner los fondos públicos a disposición del crecimiento de dicho tejido económico. El escandaloso ejemplo de libro de estas políticas es el industrial de pro del PSOE extremeño, Alfonso Gallardo. Otro punto definidor de la derecha hace referencia al rechazo al debate y a la impermeabilidad al resto de las posturas. "La refinería se hace. Es una decisión política tomada. No pienso discutir con quienes se opongan." Son frases textuales de Ibarra que demuestran el ímpetu con que se entrega al diálogo y a escuchar a sus oponentes.

También son ejemplos de fomento del debate y del más progresista de los respetos a posturas opuestas las actitudes de la delegada de gobierno denunciando a ciudadanos por vociferar en contra de la refinería o del ayuntamiento de Villafranca retirando programas de radio críticos con la refinería y prohibiendo exposiciones de pintura referentes a la misma. Esto último, enlaza a la perfección con el siguiente y último punto: La relación con la cultura. Los artistas, literatos y autores son mimados y prodigados por el gobierno socialista… cuando son afectos sin fisuras al régimen. En cambio, cuando se muestran críticos, una de las funciones precisamente más necesarias de las gentes de la cultura en la sociedad, son silenciados o defenestrados.

Ejemplo paradigmático es el de la cantante Bebe. Tardó en dejar de ser la artista mimada de la Junta exactamente lo que se tarda en desplegar una pancarta de "Refinería No" en un escenario. Pasó de ser embajadora cultural de Extremadura, de estar en todos y cada uno de los actos institucionales promovidos por la Junta en los que hubiese un micrófono, de estar en boca de los políticos que la ponían como ejemplo de fruto de la Extremadura que ellos habían creado,… a ser considerada como una auténtica enemiga del sistema. Tras posicionarse públicamente en contra de la instalación petrolífera, recibió la amonestación pública de la portavoz de la Junta, invitándola a "crear puestos de trabajo en lugar de hablar tanto", y – en el colmo de la desfachatez- la amonestación en privado del Consejero de la Junta. Una cantante con un toquecillo rebelde favorece la imagen del partido, le da un aire desenfadado,… siempre que dicha rebeldía sea simple mercadotecnia.

Ateniéndonos a la descripción de la derecha de De la Cierva, el PSOE extremeño tiene un pleno al quince, cumpliendo con creces uno por uno todos los requisitos para ser considerado un partido de derechas (de centro, perdón). Pero, naturalmente existen otras definiciones que ahondan en la espinosa cuestión de la definición científica de las
distintas posiciones en el abanico político. El filósofo italiano Norberto Bobbio, que dedicó abundante tiempo y tinta al asunto, distingue cuatro espacios bien marcados en el eje izquierda-derecha, de acuerdo con el binomio democracia-igualdad. Así, la extrema derecha es anti igualitaria y antidemocrática, el centro derecha es anti igualitario y democrático, el centro izquierda es igualitario y democrático, y la extrema izquierda es igualitaria y antidemocrática.

Resulta difícil, dicho lo dicho, y no recurriendo a nuevos ejemplos por no extendernos, ubicar al Partido socialista en ese maravilloso y bucólico-pastoril punto en el que coinciden la igualdad y la democracia. Un hecho de peso que sin duda no se puede obviar al analizar el fenómeno de derechización del PSOE extremeño puede ser el origen ideológico de muchos de sus altos y medianos cargos. A pesar de ser ocultados fehacientemente, son bien conocidas las militancias en Falange Española de los hermanos Fuentes Gallardo (Francisco y Carlos) o del alcalde de Villafranca y ex Consejero de Economía (Ramón Ropero Mancera) o el sustituto de Ibarra y candidato a presidir la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara con 10 años de militancia en Alianza Popular, por nombrar algunos ejemplos señalados. Por muy extraordinarios que sean el mimetismo y la capacidad de adaptación del que hacen gala estos políticos profesionales, nunca son suficientes para eliminar tics que delatan su pasado y que hacen que a menudo afloren talantes no muy decorosos en un partido progresista.

Pero, una cosa es que un partido haya abandonado su esencia ideológica tradicional, renunciando al patrimonio doctrinal que hizo grande a la formación de Pablo Iglesias y otra es que este hecho sea asumido, e incluso percibido, por sus militantes, por sus fieles o por la sociedad. Pudiera darse el caso de que una formación haya cambiado sustancialmente su rumbo político, pero por una mezcla de inercia histórica y de marketing bien planteado, siga evocando unas connotaciones que, a la hora de la práctica, se quedan en eso, en connotaciones. Y también pudiera darse el caso de que en realidad todos ven al emperador desnudo, pero nadie se atreva a decirlo: Quienes se consideren progresistas, evidentemente jamás acusarán a la izquierda de dejar de serlo – existen honrosas excepciones- . Y quienes se consideren conservadores (de centro, perdón), nunca acusarán a nadie de comenzar a parecerse a ellos.

Manuel García González. Presidente de la Plataforma Ciudadana "Refinería NO"
 
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