Jueves, 16 Octubre 2008
 
1141 días informando de manera plural para la región
Aumentar texto Reducir texto Tamaño normal
Portada arrow Opinión arrow Tribuna abierta arrow Los precarios de Mérida y la democracia extremeña
Temas
Los precarios de Mérida y la democracia extremeña
Jónatham F. Moriche   
18 jun 2008 actualizado 12:50 CET :: Leído 198 veces
Busco y rebusco en las páginas de los medios extremeños, y ni los oficiales, ni los anti-oficiales ni los mediopensionistas ofrecen el listado de los daños que ayer provocaron los miembros de la recientemente fundada Asamblea de Parad@s y Precari@s de Mérida en su pequeña manifestación por las dependencias del Ayuntamiento de Mérida, que acabó con la intervención de las fuerzas del orden y tres de los manifestantes en comisaría. Así que me pregunto, ¿en cuántos miles de euros están valorados los destrozos materiales causados por los precarios? ¿Cuántos trabajadores municipales u otras personas fueron agredidas en su asalto? ¿Durante cuántas horas se vieron los ciudadanos de Mérida impedidos para realizar sus gestiones en las instalaciones municipales? Cuando se hagan públicos esos datos quizás sean un poco más comprensibles las razones de la citada intervención policial y de las subsiguientes retenciones.

Mientras esos datos no aparezcan, lo sucedido tiene toda la pinta de un atropello sin cuento que sólo sirve para demostrar la poca cintura que tienen algunos de nuestros representantes ante las críticas de los ciudadanos y lo mucho que se estrecha a veces el espacio público en esta tierra para quien tiene motivos para protestar.

Bien es cierto que ni la manifestación había sido comunicada, ni el interior de un ayuntamiento parece un espacio muy oportuno para manifestarse. Pero es que a veces, ante cuestiones graves y urgentes (como a las que se dedica el folleto repartido por los precarios, que por cierto son exactamente las mismas, aunque desde un enfoque diferente, que políticos de todo signo y estatura discuten ininterrumpidamente por tierra, mar y aire desde hace meses), los ciudadanos deciden alzar la voz de un modo (o en un lugar) poco habitual, es posible que no exactamente reglamentario, pero sí plenamente responsable, consciente y por supuesto pacífico. Se llama desobediencia civil.

Escribe el profesor Víctor Sampedro: "Toda democracia concede cierto espacio a la desobediencia civil. [...] Es el recurso, último pero irrenunciable, de los gobernados para evitar la opresión. Entendámonos, se trata de desobedecer de forma colectiva, pública y no violenta las políticas injustas [...]. Es una especie de sufragio extremo, ejercido cuando el poder no quiere oír y, en cambio, la gente quiere hacerse oír. Es un no radical, que cuestiona las raíces de la democracia para fortalecerla".

Un no radical, podemos añadir, que se ha escuchado ya muchas veces a lo largo de la historia: la desobediencia civil ha sido desplegada en la práctica por las mujeres sufragistas, por el movimiento por los derechos civiles en EEUU, por el movimiento ecologista, por los movimientos por otra globalización... Y sin duda, es una práctica que ha resultado ser provechosa para la comunidad, porque empleándola como herramienta se han conquistado derechos y garantías que hoy ocupan lugares destacados en nuestras constituciones democráticas, avances históricos para nuestras sociedades, hitos de la lucha por la paz... Como iconos universalmente reconocidos de esta forma radical de hacer democracia, quién no recuerda al reverendo Martin Luther King caminando en primera línea de una multitud rodeada de porras y fusiles y, sin embargo, inquebrantablemente serena y esperanzada, o a aquel muchacho chino impidiendo con la sóla fuerza su cuerpo el paso a una columna de blindados en la plaza de Tianamenn...

Aunque para quien prefiera referentes más cercanos, podemos recordar a aquellos trabajadores y trabajadoras del campo extremeño, los yunteros, que con sus ocupaciones y puestas en explotación mancomunada de tierras, construyeron una nueva legalidad desde abajo sin más armas que sus aperos de labrar y la legitimidad de sus demandas, abriendo camino a la reforma agraria que emprendió nuestra primera democracia, la II República Española. Esto de la desobediencia civil no es por tanto cosa nueva en nuestra tierra: está presente en el mismísimo nacimiento de la clase obrera en Extremadura, como sólo ahora estamos redescubriendo gracias a los estudiosos y narradores comprometidos con la memoria histórica de aquellos yunteros viejos. Y sigue inscrita en el ADN de la clase trabajadora extremeña del presente, como ayer mismo demostraron estos yunteros nuevos de la Asamblea de Precarios y Precarios de Mérida.

Pero parece que no hay un espacio para la desobediencia, por cívica que esta se demuestre, en la casa de todos los emeritenses, ni siquiera durante un ratito, sin que los representantes electos de la ciudadanía se vean rápida e irremediablemente impelidos a alertar a las fuerzas del orden para, ¡ay!, poner final por las bravas a una expresión de preocupación por el bien colectivo, que, a fin de cuentas y como escribe Sampedro, sí, nos cuestiona como sociedad, ¡pero para fortalecernos!

Si estos ciudadanos se han saltado levemente alguna normativa al irrumpir en el Ayuntamiento emeritense, lo han hecho para denunciar la constante, infinitamente más grave y dolorosa violación de valores y normas jurídicas de mucho mayor calado que las que ellos hayan podido quebrantar, como sucede con el incumplimiento de los derechos constitucionalmente reconocidos a un empleo estable, una vivienda digna o servicios públicos de calidad de tantos y tantos ciudadanos extremeños, españoles y europeos, sin que desgraciadamente mandemos al cuartelillo a casi nadie por todo ello. Si la política fuera en nuestra sociedad una cosa distinta y mejor que la que es, conciudadanos como los que ayer se manifestaron en el Ayuntamiento de Mérida serían considerados, por su compromiso cívico y su preocupación por el bienestar colectivo, un buen ejemplo a seguir para los millones de españoles que estos días, gol de Villa va, gol de Torres viene, ya por injustificable pereza, ya por comprensible desesperación, ya por tremenda desinformación, permanecen completamente desatentos (y desafectos) a la cosa pública. Además de, como aquellos pajarillos que antaño acompañaban a los trabajadores en las minas y les alertaban de los peligrosos escapes de grisú, los mejores aliados de las instituciones y representantes democráticos (y de forma muy especial, huelga recordarlo, de aquellos que se juzguen a sí mismos de izquierdas), porque con su actividad avisan de que algo está pasando, un debate está teniendo lugar, una preocupación o un malestar se están extendiendo en el cuerpo social, se están demandando cambios, derechos nuevos, horizontes mejores...

En Extremadura sucede que estamos empezando a marearnos con el grisú (refinería, térmicas y demás amenazas medioambientales; independencia de los poderes públicos respecto de los grandes capitales; pluralidad de los medios de comunicación públicos...) y el canario (o sea, la sociedad civil y el tejido asociativo extremeño, con la Plataforma Ciudadana Refinería No como cabeza de puente en la esfera pública, pero que se expande en una multiplicidad de pequeños y dinámicos movimientos e iniciativas locales) se está jartando de piar sin que casi nadie debajo del casco de las instituciones escuche su voz de alerta.

Volviendo a lo sucedido ayer en Mérida, no es buena noticia que esta sea la manera en que las autoridades han decidido afrontar las protestas de estos nuevos yunteros en la Extremadura del siglo XXI, que serán las de los otros muchos que previsiblemente se les irán sumando hasta desembocar en multitud, porque ni esta "desaceleración" (económica, medioambiental, cultural, política...) hay ya quien la desacelere, ni el cabreo que nos provoca a quienes la padecemos hay ya quien lo temple.

Una democracia viva y decente como la que queremos para Extremadura la construyen, necesariamente al alimón y en constante diálogo, ciudadanos con buena garganta y representantes con buenas orejas. Para que los unos bajen la voz, los otros tendrán que aprender a escuchar. E igual así es posible que empecemos, en cuestiones tan importantes como las planteadas por los precarios emeritenses en su oportuna y fundamentada propuesta reivindicativa, a entendernos.


 
Aviso LegalPolítica de privacidadCondiciones de copiaEnviar noticiaContacto
PortadaExtremaduraBadajoz al díaMérida al díaCáceres al díaActualidadAsambleaEspecialesOpiniónHemeroteca
Ahora 58 lectores
Licencia Creative Commons    Accesibilidad Nivel A    Noticias en RSS    Comprobar Page Rank