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La teoría del 'cambio sin cambio' de Guillermo Fernández Vara desde una perspectiva orteguiana
Javier Caso Iglesias   
31 may 2008 actualizado 16:23 CET :: Leído 145 veces
Cumplo mi compromiso con un anónimo amigo de dedicarte un artículo explicativo de esa metáfora, de esa alegoría, de ese símbolo que es esa otra teoría, inserta en la teoría de la orquesta, del "cambio sin cambio", del "nada conformista y sumamente incluyente", del "cambiando las formas de hacer de las personas, pero con permanencia de las ideas, los principios y las convicciones". Cumplo mi compromiso además según lo dicho, esto es, desde la perspectiva orteguiana, hablando de ese maravilloso método de don José Ortega y Gasset.

Decía nuestro querido y apreciado don José Ortega y Gasset "que toda filosofía innovadora descubre una nueva idea del Ser gracias a que antes había descubierto una nueva idea del Pensar, es decir, un método intelectual antes desconocido", a lo que añadía que "para entender un sistema filosófico debemos comenzar por desinteresarnos de sus dogmas y procurar descubrir con toda precisión qué entiende esa filosofía por pensar", es decir, que método -méthodos (de metá odós, "por un camino")- utiliza.

Siguiendo utilizando sus palabras, "vivir es tratar con el mundo, dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él". Vivir es salvar la circunstancia para salvarme yo, "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo." (Meditaciones del Quijote, 1914).

De esto trata el "cambio sin cambio", "el cambio sin cambio" es metodología, es filosofía del pensar, es saber que camino hemos de tomar para llegar al fin que nos proponemos; pues, como es conocido, los medios, los caminos, condicionan los fines. "El cambio sin cambio" es además práctica, no sólo enunciación teórica. Como bien nos decía Aristóteles, "la inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica".

Nos ha tocado vivir un tiempo en el que la práctica es determinante. Puede que sea cierto que haya empezado por una menudencia, por una metáfora, por una alegoría, por ese símbolo en el que se ha transformado la frase "el cambio sin cambio", pero como también nos decía el sabio Aristóteles, "las revoluciones no se hacen por menudencias, pero nacen por menudencias".

Esta es una revolución en las formas de hacer las cosas, en las formas de pensar las cosas; es una revolución de las metodologías, de los caminos que hemos de andar y de las formas en que se andan; es un cambio de las partituras que hemos de interpretar y de las formas en las que se interpretan. Es una revolución en favor de la democracia participativa, de la implicación ciudadana en los asuntos que les atañan y les afectan. Y es entre todos, pues es de todos.

Es por tanto un cambio "nada conformista y sumamente incluyente", se trata de conformar el entramado político-institucional de este país de la forma más parecida a España, es por eso que suscribo las intenciones de ZP en relación al PSOE por "seguir siendo el partido que más se parezca a España". De esto es de lo que se trata ahora, de
cambiar de método para que lo político-institucional sea un instrumento útil al servicio de la ciudadanía. Por eso se hace necesario "cambiar las formas de hacer de las personas, pero con permanencia de las ideas, los principios y las convicciones".

Nuestras ideas, principios y convicciones están claramente marcados en nuestra Constitución del 78, la Ley 30/1992 dice claramente cual es la función del gobierno. Seamos coherentes definitivamente y acomodemos de una vez por todas las formas de hacer de lo político-institucional a lo que hace ya 30 años determinamos los ciudadanos.

Si don José Ortega y Gasset, así como los intelectuales de la generación del 98 (1898), ya precisaron lo que nuestra Constitución del 78 (1978) consagró definitivamente; hora es ya que tras 110 años de descubierto el método y, como digo en el párrafo anterior, 30 años
después de ser instituido como norma fundamental del Estado español, el entramado político-institucional de este país empiece a regirse por él.

Parte de ese método consiste, como bien dice nuestra Constitución del 78 en su artículo 9.2, en promover, por parte de los poderes públicos, las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.

En base a ello, a qué vienen esos miedos del entramado político-institucional a que la gente piense y se exprese en libertad. Por qué esa manía del entramado político-institucional en aferrarse a esa conservadora frase de Fernado VII "el calzonazos" que dice "lejos de nosotros señor la funesta manía de pensar", por qué ese empecinamiento en hacérsela asumir al pueblo; a este pueblo español, a este pueblo que por lo castizo se vincula inexorablemente con la tradición crítico-creadora que inauguró Tales de Mileto allá por el año 600 antes de Cristo. Ese Tales que orientaba a sus discípulos diciéndoles "esto es lo que yo creo, esto es lo que yo pienso; ahora de lo que se trata es de que mejoréis y superéis esto que yo os digo".

Por seguir el método obsoleto, caduco e infuncional de Fernando VII "el calzonazos", el Rey Felón, estamos donde estamos. Es tiempo ya que el raciovitalismo histórico de Ortega sea nuestro método, es tiempo ya que la tradición crítico-creadora de Tales de Mileto sea también nuestro método; pues Ortega y Tales coinciden en lo mismo, en la
importancia de una nueva idea del pensar. Nueva idea del pensar que en Extremadura se llama "el cambio sin cambio", nueva idea del pensar que en Extremadura pasa por ser "nada conformistas y sumamente incluyentes", así como por "cambiar las formas de hacer de las personas, pero con permanencia de las ideas, los principios y las convicciones".

En definitiva pasa porque Guillermo Fernández Vara lidere una Extremadura cuya esencia es tal cual brota en expresiones de libertad sin ira (cuanto me recuerda esto que digo a lo que expresaba el grupo Jarcha en su canción del mismo nombre allá por los años setenta) como la que representan las gentes, esas buenas gentes que aspiran a un socialismo cerca, muy cerca de ti; un socialismo a la medida del ciudadano, cercano al ciudadano, ocupado del ciudadano que, como diría Ortega, para salvarse él tenga que salvar la circunstancia.


 
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