Por eso, declara Ibarra, que su éxito estuvo en ver antes que nadie la revolución que se planteaba en el mundo, y el fracaso fue que le siguió muy poca gente.
No creo yo eso del fracaso Ibarra, Ibarra ha dejado su impronta en el pueblo extremeño (aprendizaje cognitivo-social o vicario que lo llamaría Albert Bandura), el pueblo extremeño piensa con autonomía, no se muerde la lengua para decir con entera libertad lo que siente e incluso para determinar que la revolución, esa revolución iniciada por Juan Carlos Rodríguez Ibarra y que continúa en la actualidad Guillermo Fernández Vara, tiene que ser más potente, muchísimo más potente que la planteada, tanto en lo tecnológico, en lo industrial, así como en lo relativo al atrapamiento del talento de los extremeños.
Gracias por tanto Juan Carlos por dejarnos como herencia a todos los extremeños esa responsabilidad para atrevernos y arriesgarnos, esos reflejos para ver más clara y certeramente que nadie lo que está pasando en este mundo que cambia tan vertiginosamente.