Opinión
Tribuna abierta
El problema moral del socialismo extremeño. Carta abierta a Antonio Vélez Temas |
| El problema moral del socialismo extremeño. Carta abierta a Antonio Vélez |
| Jónatham F. Moriche |
| 24 jun 2008 actualizado 13:45 CET :: Leído 465 veces |
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Estimado señor Vélez, dejo aquí estas líneas para, muy sobre todo, expresarle, de ciudadano a ciudadano, mi más profundo agradecimiento por el rigor, la honestidad y el coraje de su posicionamiento, recogido en su artículo "Refinería: un problema moral" , ante una cuestión tan central y comprometida para nuestra vida pública. Dicho esto, quisiera plantearle, a usted y al resto de lectores, algunas reflexiones al hilo de las suyas. En primer lugar, y si bien a usted como parte directamente afectada le honra la suma moderación y elegancia con que expone la cuestión, a mí me parece sencillamente una vergüenza y un escándalo que el principal medio escrito de la región le niegue una tribuna de expresión a un señor que ha sido alcalde de la capital extremeña durante más de una década. Si bien es perfectamente legítimo que un medio de comunicación privado tenga y exprese su propia opinión sobre las cuestiones de interés colectivo, una prensa de calidad no puede hacer elusión en sus páginas del contraste de pareceres que se da en la realidad social y en la esfera pública. En este caso, además, el mismo hecho de que una persona de su trayectoria política se posicione de un modo crítico ante una cuestión de este calado es en sí mismo una noticia (un "hecho noticioso", dicen los manuales de periodismo), con lo que la censura de su artículo no sólo es silenciar la opinión, es falsear la realidad negando la cobertura a un hecho informativamente relevante. Como muchos lectores sabrán, no es la suya la primera ocasión en que los intereses de los promotores de la refinería y la pluralidad de la esfera pública extremeña se entrecruzan para mal de la segunda, como en los últimos meses han constado unos cuantos profesionales de distintas ramas de la comunicación social (periodistas, cineastas, productores...) y que alcanza en el caso del espacio documental de Canal Extremadura "El lince con botas" su momento más siniestro (por ahora). Que, tanto tiempo antes de que se descargue el primer metro de tubería de la refinería de Villafranca, sus humos estén ya enturbiando hasta tal extremo la respiración en nuestra esfera pública resulta sencillamente acongojante. Por el altísimo nivel de concentración de capital que exige, por la cantidad y gravedad de implicaciones que despliega sobre el medio en que se implanta y las personas que lo habitan, la economía del petróleo es, antes incluso que medioambientalmente, sociopolíticamente insostenible. Democráticamente insostenible. La economía y la sociopolítica del petróleo es la que permite que un buque petrolero se estampe contra la costa gallega, devaste su medio natural y aseste un golpe mortal a su tejido productivo y que, muchos años más tarde, el Estado español siga pleiteando por obtener alguna compensación en tribunales internacionales, tras la pista de navieras fantasma, paraísos fiscales, banderas de conveniencia, intermediarios financieros y trampantojos jurídicos. La economía y la sociopolítica del petróleo es la que permite que una cuadrilla de fanáticos militaristas y maleantes financieros tome el poder de mala manera en la mayor potencia del planeta y emprenda una guerra espantosa que ha causado un millón de muertos para asegurarse la materia prima de los pozos iraquíes. La economía y la sociopolítica del petróleo es la que nutre las arcas y las oficinas de reclutamiento del terrorismo global. La cartografía global de los pozos, los oleoductos, las refinerías... era ya una cartografía global de la catástrofe mucho antes de que los hielos perpetuos empezaran a derretirse. Usted, señor Vélez, como muchos de los lectores de este medio, ha tenido oportunidad de leer el demoledor informe elaborado por la asociación Afectados por Gallardo o de visionar el documental "Mientras el aire es nuestro" de Libre Producciones (que muy oportunamente, un buen amigo mío definía como "el Farenheit 9/11 extremeño"), así que su apelación final a "los poderosos hilos que mueven este macroproyecto" y "las razones por las que tiene que ser aquí, ahora y a cualquier precio" tienen nombres y apellidos por mucho que hagamos elipsis de ellos. Yo no sé si es ponderada la mucha convicción con que se corea "Extremadura es una dictadura" en las manifestaciones anti-refinería. Pero sí que cuando las líneas de separación entre los negocios, la comunicación y la política se hacen tan porosos, tan difusos, tan frágiles, se está emprendiendo un camino que al final desemboca irremediablemente en Halliburton, Dick Cheney, Fox News... Y llegamos aquí a una segunda cuestión: el papel de la izquierda extremeña en este asunto. Ni a usted, ni a mí, ni a la mayoría de los lectores de este medio nos cabe la menor duda de que si el PP gobernase Extremadura estaría ejerciendo con sumo gusto de palmero mayor de la operación de la refinería, que por otro lado sería lo más coherente si pensamos que dicho partido apoyó (y a día de hoy aún no se ha retractado) una guerra que ha matado a un millón de personas por el control de los pozos petroleros del Medio Oriente, respaldó (y a día de hoy aún lo sigue negando) un golpe de Estado contra el gobierno democrático de Venezuela promovido desde las tripas de su empresariado petrolero, y ha estado (y a día de hoy aún sigue estando) a partir un piñón en todos los frentes internacionales con la "junta militar-petrolera" (la expresión es de Gore Vidal) de la Casa Blanca, la misma que ayer no firmó Kyoto y hoy amenaza con devastar Alaska para multiplicar su cuenta de resultados. Las pancartas que hablaban del "Partido Petrolero" en las manifestaciones de Nunca Máis no iban en absoluto desencaminadas. El problema es que el gobierno extremeño es de izquierdas. Y eso, ¡ay!, eso sí que nos enfrenta, como usted dice, a un "problema moral". El problema moral que a muchos nos provoca ver al presidente Zapatero dejándose utilizar mansamente como altavoz y garante de intereses que son completamente opuestos al programa de gobierno por el que le hemos votado. El problema moral de que nuestro voto sea empleado como argumento en favor de una iniciativa que rechazamos y que se está valiendo de estrategias netamente contradictorias con el modelo transparente, plural y abierto de esfera pública y democracia política que defendemos. Esto ya lo habíamos dicho algunos simples votantes. Que ahora lo diga tan alto y tan claro una persona de su trayectoria, señor Vélez, contribuirá de modo sustantivo a que las fisuras que este problema moral está provocando en la familia de la izquierda extremeña se despojen de veladuras y queden expuestas al saludable aire libre de la opinión pública. Ha sido pura casualidad que su artículo haya aparecido casi simultáneamente al honroso voto negativo de dos eurodiputados socialistas españoles a la vergonzosa directiva comunitaria que amenaza con convertir Europa en un inmenso Guantánamo para millones de trabajadores y trabajadoras inmigrantes, pero yo no he podido evitar establecer cierto paralelismo entre ambos hechos. Como tampoco he podido evitar detectar un cierto paralelismo, este de signo contrario, entre los sucesivos avales del presidente Zapatero a la refinería en los mítines de Badajoz y Alange y la defenestración de la combativa ministra Narbona y del mismo Ministerio de Medio Ambiente, muy posiblemente víctima de la presión simultánea de los lobbies petrolero y nuclear. En la cuestión medioambiental, como en otras igualmente decisivas para nuestro futuro, el proyecto socialdemócrata del siglo XXI está construyéndose hoy, ahora, en tiempo real, y decidiéndose en grandes debates de ideas, pero también en pequeñas luchas cotidianas. Es posible que la puesta en marcha de la refinería pudiera considerarse una victoria táctica de un bloque de poder con el que la dirigencia del PSOE extremeño y el gobierno socialista de Extremadura se han alineado tan insensata como incondicionalmente. Pero sería una espantosa derrota estratégica para el proyecto de la socialdemocracia extremeña, porque dinamitaría a muy largo plazo la credibilidad de su discurso y su capacidad de generar ilusión y confianza en la creciente proporción de ciudadanos de izquierdas que tienen la preservación del medio natural muy alto en su escala de prioridades. Una izquierda que no genera ilusión ni despierta confianza es primero una izquierda que decepciona, y luego, sin remedio, una izquierda que pierde. Que se lo pregunten a John Kerry, a Segolene Royal o a Walter Veltroni. La batalla que se presenta es doble. Es la batalla "de la izquierda" contra la guerra, por la sostenibilidad, por la solidaridad colectiva, frente al despotismo corporativo... Pero también es la batalla "en la izquierda" por encontrar las ideas y las prácticas más oportunas y legítimas para afrontar esos desafíos. Respaldada por un gobierno de izquierdas, contestada por una sociedad civil y un tejido asociativo de izquierdas, esta cuestión de la refinería viene bajo el signo de esa batalla "en la izquierda". Si la situación no se encamina por mejor rumbo, si el debate público no se abre y profundiza hasta que se disipen todas las sombras de chanchullismo y autoritarismo, si no termina el silenciamiento o el descrédito del oponente, si la población no recibe una información correcta y suficiente de la propia iniciativa empresarial y del debate social que esta genera, estamos abocados a un escenario de pesadilla: un significativo segmento de la sociedad, especialmente en las comarcas más directamente afectadas, que ante la opacidad y la sordera de las instituciones se verá abocada a una práctica masiva de la desobediencia civil, y unas instituciones que contestarán de forma represiva, espoleadas por los poderes económicos a los que han ligado su suerte por entero. Conocemos situaciones similares (presa de Itoiz, autopistas de Mallorca, urbanización de zonas hortofrutícolas en el Levante...) y son tan dolorosas para la población como deslegitimadoras para sus instituciones y sus representantes. Ante semejante expectativa, es posible que votantes, simpatizantes, militantes y cargos públicos del PSOE opuestos a la refinería pudiesen jugar un papel positivo a la hora de encauzar por vías más esperanzadoras este problema, mediante un paso decisivo desde el "problema de conciencia" individual hacia el "problema político" pública y colectivamente encarado. Un paso que, visto el cariz que están tomando los acontecimientos, no debería postergarse ni un minuto más. Jónatham F. Moriche |