Opinión
Tribuna abierta
El nido de cernícalos Temas |
| El nido de cernícalos |
| Hermenegildo Vera Solís |
| 20 ago 2008 actualizado 09:31 CET :: Leído 895 veces |
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Sobre el frontispicio de la iglesia, en la parte más alta, habían quedado unos agujeros muy profundos que habrían sido utilizados para los andamios en la construcción del templo. Al niño le habían dicho que poniendo un espejo que reflectara los rayos del sol sobre el nido, los cernícalos, al cabo de algún tiempo quedarían cegados por la luz y caerían al suelo. Sería el momento de cogerlos para darles de comer y criarlos en cautividad. Así pasaba las horas de la siesta en pleno verano debajo de los árboles y dirigiendo el caluroso rayo de sol hacia las crías que asomaban al borde del nido. De vez en cuando, los padres de las aves traían comida y pasaban al interior, donde era devorada con prontituz y avidez. Y el enfoque del reflector quedaba sin efecto. Otra vez a empezar de nuevo con paciencia. Si por una sola vez se conseguía el propósito, ese niño quedaría satisfecho y lograría su objetivo. Perseverancia y calor en la tarde veraniega, tampoco faltaba. Así un dia y otro, el fracaso estaba más que asumido, por el intento continuado y los resultados adversos, pero el chico persitía una y otra vez. Tenía que conseguirlo, pues así se lo habían asegurado, no podía desistir. Sería un gran triunfo si cogía algún cernícalo de esa manera. Una tarde cuando más tranquilo estaba y más confiado se hallaba, el espejo de grandes proporciones, se estalló. Por el calor, por haber dado algún pequeño golpe, el caso es que el cristal se hizo añicos. Al día siguiente, encontrándose el pequeño en el patio de su casa, como por arte de magia, un cernícalo adulto, bajó a beber sobre las gotas de agua que el grifo de su patio soltaba al encontrarse deteriorada la zapatilla del mismo, y por la disposición de los movimientos y la tranquilidad que demostraba el ave, en más de una ocasión lo habría hecho. Pero al querer remontar el vuelo, no pudo. Tenía un ala rota. El niño lo tomó con delicadeza y comenzó a acariciarlo para que se confiara y apreciara que no iba a sufrir daño. Le dió de comer bofe y otras casquerías que su madre tenia para los gatos que morodeaban sobre el estercolero del corral y en un recipiente pequeño puso agua para que bebiera. El cernícalo al cabo de un rato se quedo dormido, muy tranquilo y confiado. El pequeño se dió cuenta que tenía tambien una pata herida y procedió con gran celeridad a entablillar la zona dañada. Días después era un habitante más de la casa en compañía de los gatos y de un perrito pequeño que su hermana cuidaba con mucho cariño y esmero. |