El gran desarrollo urbanístico de nuestras ciudades, el rápido aumento del parque automovilístico, la densificación del tráfico urbano, la congestión de vías de circulación, la contaminación ambiental y acústica, los accidentes de circulación... todos estos fenómenos han provocado que el disfrute de los espacios urbanos por parte de los ciudadanos sea cada vez más difícil.
Por ello, los criterios de movilidad urbana que vienen implantándose por las administraciones públicas tratan de distribuir el espacio urbano en función de sus usos, para facilitar la convivencia entre peatones, vehículos privados, transporte público, motos y bicicletas.
Estos criterios basan su acción en tres elementos claves: la vía -siendo necesaria una nueva forma de diseñar las infraestructuras que de prioridad al peatón, a los transportes públicos y, por último, al transporte privado-, la persona -en la que se precisa un cambio cultural que plantee alternativas al uso privado de los automóviles- y el vehículo. Entre las apuestas principales destacan la promoción de zonas peatonales, "zonas 30", ampliación de los acerados, fomento del transporte público y la construcción de carriles bicis.
La creación de una red de carriles bicis en la ciudad es de gran interés y tiene una extraordinaria aceptación por parte de los ciudadanos, que entienden que es una acción necesaria, pues facilita un medio alternativo de transporte, incentiva la práctica de un ocio saludable y, además, estéticamente puede embellecer la ciudad.
Sin embargo, la implantación en España es muy inferior a la de otros países europeos, los cuales -como en tantos otros asuntos- se sitúan por delante y van abriendo nuevos caminos que luego pasamos a importar. El diseño y la planificación de una adecuada red viaria para bicicletas es algo complejo, que precisa de estudios serios, modificación de infraestructuras, continuidad de itinerarios de forma que realmente se promocione una útil y nueva forma de transporte, moderación del tráfico en general, concienciación ciudadana... todo en el marco de una política integral de mejora de la movilidad urbana.
Ciudades como Sevilla, Málaga, Córdoba, Granada, Almería, destacan por sus esfuerzos en este sentido y por contar con Planes Directores de la Bicicleta para lograr una planificación coherente. En Granada existe además la Oficina del Plan de Movilidad, en la que se da participación a diferentes asociaciones ciudadanas y colectivos para que aporten sus opiniones y contribuyan al diseño de las acciones y medidas que el ayuntamiento realiza.
Los denominados "carriles bicis" pueden adoptar distintas modalidades, cada una con sus ventajas e inconvenientes. La adopción de una tipología u otra dependerá de los estudios de fluidez y seguridad que se realicen así como de las posibilidades que las vías ofrezcan: carriles-bici convencionales, carriles-bici a contracorriente, aceras-bici, espacios reservados a las bicicletas en las calles peatonales, calles en áreas 30, calles compartidas por buses y bicicletas, calles compartidas con peatones.
Vayamos a usar la bicicleta o no, lo más importante es el objetivo principal de estas políticas, no siendo otro que la recuperación de la calle y de los espacios públicos para los ciudadanos, para el disfrute de las personas, y no casi un uso exclusivo para los coches. Un lema llamativo expuesto en una de las ciudades citadas resume a la perfección los problemas a los que hemos llegado: "¿Te acuerdas de cuando jugabas en la calle de pequeño? Los niños de Granada ya no pueden". Se trata por tanto de recuperar la calle, de mejorar la movilidad, de mejorar en definitiva la calidad de vida de todos y todas. Para ello es necesario una verdadera concienciación y unas políticas adecuadas y decididas.
Sin embargo, en esto, como en todo, puede buscarse también el simple beneficio publicitario. La construcción de carriles bicis que empiezan en ningún sitio y llevan a ninguna parte, quitar espacio a los peatones en lugar de a los vehículos, fomentar la acera-bici y el conflicto entre peatones y ciclistas, convertir los carriles en una carrera de obstáculos, en un slalom entre farolas y papeleras, etc... es la consecuencia de no realizar una adecuada planificación y de no compartir ni comprender las posibilidades que ofrecen las nuevas políticas de movilidad.
Un carril bici no se hace con un cubo de pintura y un par de bicicletas pintadas en la acera por mucho que se empeñen algunos. Lamentablemente, Badajoz se presenta en este terreno no como un modelo a imitar sino como el claro ejemplo de lo que no hay que hacer.
Moisés Cayetano Rodríguez Máster en Tráfico y Seguridad Vial