¿Acaso el castellano, el catalán, el francés, el italiano, el portugués, el gallego, no son otra cosa que variantes de una lengua madre común a todas ellas, como es el latín?
En Extremadura nos ha faltado este último punto, que las autoridades hayan sido sensibles y que hubieran apostado por nuestra cultura, por nuestro habla, por recuperar ese modo de hablar propio de nuestra tierra. ¿No será que no tenemos desarrollado ese Orgullo al que me refería al comienzo o simplemente que carecemos de él? Somos nosotros mismos los que hemos tachado a nuestros padres de no hablar un castellano más culto. Teníamos complejo de hablar mal sin caer en la cuenta de que hablaban bien, el extremeño. Ha sido la escuela la que ha tratado de borrar de la enseñanza ese patrimonio común que es el habla extremeña y han sido los medios de comunicación los que han servido de modelo a costa del habla extremeña. Quizás durante muchos años hemos sentido un retraimiento en nuestra forma de hablar evitando el desprestigio que suponía expresarse en extremeño.
Sin embargo, otras Comunidades Autónomas que no han tenido esa percepción de esperpento ante su lengua, han progresado, porque el idioma es la base más importante para hacer región.
Todos los extremeños sabemos que nuestro peculiar modo de hablar nos permite reconocer, con dos palabras que digamos, y nos haría identificar a un paisano en cualquier parte del mundo donde nos lo encontráramos.