Jueves, 29 Julio 2010
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Susana Cabrita
¿Subdesarrollados?
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Susana Cabrita
10 ene 2008 actualizado 19:32 CET
La primera vez que vi ‘Las Hurdes, tierra sin pan' de Luis Buñuel en la videoteca de mi facultad, se me debió de quedar tal cara de sorpresa que mis compañeras decidieron apagar el vídeo y salir al paso con una conversación sin demasiada trascendencia, para quitar hierro al asunto.

Gracias a que regresé al documental en posteriores ocasiones y a que conseguí ver surrealismo por todas partes, el genio y el arte de Luis Buñuel consiguieron eclipsar la preocupación que entendí tras observar la pobreza de esta región extremeña en tiempos de la República.

De todos modos, aún sigo teniendo la sensación de que los posos de este documental sobre la gente que lo vio, lo recuerda o simplemente ha oído hablar de él, giran en torno a que Extremadura es pobre, está subdesarrollada y su población vive básicamente del sector primario.

Ahora, Ediciones Rueda ha encendido la mecha con afirmaciones que sobre todo dejan entrever desconocimiento.

Porque aquí no hay subdesarrollo, sólo ‘ruralidad', ‘ruralismo' o como quiera que se diga. Y pocas ganas, a veces, de soltar el ancla y seguir adelante explotando la imagen de lo que cuesta alcanzar la vanguardia.

Extremadura es tal vez la única comunidad de toda España que aún mantiene grandes extensiones de tierra virgen, donde todavía el urbanismo salvaje que acecha las costas del Mediterráneo o la castigada Galicia, ni siquiera ha hecho intención de asomar la cabeza.

Y no se trata de defender a capa y espada algo que a simple vista debería no tener que defenderse. Sólo es un mero apunte, pues vivo esta regionalidad como adoptiva, porque desde Madrid pocas son las voces que llegan de Extremadura.

Sí es cierto que los congresos, los encuentros empresariales, las exposiciones o las ferias no tendrán ni en futuro próximo tanta repercusión como las que cada semana o cada día se celebran en la ‘capital del reino'. Pero "haberlos haylos".

Quizá en el resto del país con Extremadura nos ocurra como con Portugal. Que sabemos que está ahí, lo consideramos vecino, halagamos su cultura, su fado, el atractivo urbanismo decadente de Lisboa, su capital, pero nunca nos da por reservar unos días en vacaciones y acercarnos a conocerlo de primera mano.

Con todo, tras el vendaval, Ediciones Rueda ha pedido disculpas por el contenido sobre Extremadura incluido en la obra ‘Nueva Enciclopedia Temática del Estudiante‘. Pero ni la noticia ha llegado a Madrid más allá de círculos reducidos, ni la opinión de cientos de urbanitas ha cambiado con respecto a esta comunidad.

Así son las cosas, mal que nos pesen a algunos.

Sólo se me ocurre que como propósito de Año Nuevo, los extremeños acojan el grito del orgullo en sus gargantas, se hagan oír más, reivindiquen lo suyo y defiendan lo bello y lo auténtico (tal vez lo diferente) de sus tierras y raíces.

Y que desde la Asamblea dejen de oírse acusaciones a unos y a otros acerca de quién tiene la culpa de que la imagen de la comunidad sea ésta o aquélla (¿A alguien le pica?). Porque no sirve acusar si al final no se va a hacer nada por solucionar algo que lleva varias décadas de lastre.

Extremadura ha experimentado un gran salto cualitativo de unos años a esta parte y su capitalidad resuena en oídos que hace un tiempo quizá habrían ignorado la posibilidad de que Cáceres o Badajoz no eran sólo pasto de jamones y bellotas.

Sólo falta un empujón. Da igual que sea el PSOE, el PP o quienquiera que tenga ganas de empezar. Sólo un empujón para comenzar a borrar la imagen que mis compañeras tuvieron la primera vez que vieron el vídeo de Buñuel.