Primero busquemos un nombre que por sí sólo venda el producto inequívocamente, el "slogan" donde hay que meter "éxito educativo" con calzador, así en el documento de compromiso del centro aparece textualmente :... con el objetivo de mejorar el éxito educativo de nuestro alumnado" aunque el programa vaya dirigido a aquellos que prácticamente están suspensos, es decir, que alguien me explique qué éxito hay que mejorar, mientras tanto la Consejería vende que nuestro sistema educativo es un éxito y que ahora va a mejorarlo.
En segundo lugar, lo mas simple, si el fracaso es suspender, no suspendemos y punto. Muy bien, pero cómo convencemos a los profesores; sencillo, pagando. Entonces se pide presupuesto y se observa que el coste sería elevado, además para qué pagar por todos los alumnos si sólo suspenden el 31,7%. La solución, agrupamos a los alumnos a los que "hay que mejorar su éxito educativo" con algunos voluntarios que se comprometan por escrito a alcanzar el ansiado éxito, es decir, a aprobar.
¿Y los sindicatos? Pues no los convocamos y si protestan que salgan los padres pidiendo mas refuerzos y vociferando las bondades del plan que beneficia al obrero español que no puede pagar clases particulares (ahora me entero que los que suspenden son los pobres y no los ricos).
Por último, hermetismo, sin cifras, dejando caer una hipotética incertidumbre (falsa pues el docente se ha comprometido por escrito, y por un puñado de dólares, a mejorar el éxito educativo).
El 6 de junio acaban las clases y con posterioridad se anunciará "Éxito del Programa para el éxito" de experimental pasa a obligatorio pues hemos descubierto la panacea.
¿Y si alguien examina a nuestros alumnos? No participamos en el informe PISA aunque nos lo pague la Ministra.
Saturnino Acosta García, responsable de Acción Sindical y Comunicación del Sindicato ANPE en Cáceres.