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Salud y Medio Ambiente
¿Y quien cuidará a los enfermos en África? : Sida y salud
Carlos Mediano. Médico   
06 abr 2006 actualizado 19:29 CET :: Leído 508 veces
La región africana es la más afectada del mundo, ya que con el 10% de la población mundial alberga el 63% de personas que viven con sida[1]. En Botswana, un país relativamente rico, se ha alcanzado una tasa de prevalencia del 38% de los adultos. Ante la gravedad de esta situación, el gobierno de este país decidió hace un par de años dar tratamiento antirretroviral a todo paciente que lo necesitara, y puso los medios económicos necesarios. Sin embargo, esta estrategia no tuvo los resultados esperados, porque les faltaba el personal necesario para poder llevar a cabo esta iniciativa.

La "Joint Learning Iniciative" ha calculado que se necesitan tes veces más del personal sanitario actual para poder luchar contra la extensión de la epidemia de sida en África. Esto supone un millón más de trabajadores sanitarios. Y eso sin contar el resto de problemas de salud de la zona.

Pero el problema de personal sanitario no es debido exclusivamente a la escasez de personal. La calidad de la formación es, a menudo, insuficiente para poder cubrir las necesidades que demanda la población. Además, todos aquellos que hemos trabajado en las zonas rurales de África nos hemos dado cuenta de que el personal sanitario tiene que trabajar en condiciones bastante difíciles. Falta de estructuras, medios y medicinas, salarios bajos, incluso con problemas para el cobro regular de sus nóminas, falta de estímulos, sobrecarga de trabajo y la falta de acceso a aspectos tan básicos como educación o agua potable para su familia, son algunas de las características con las que tienen que convivir el personal médico y de enfermería africanos.  No es difícil entender que la mayor parte del personal sanitario se quede en las grandes capitales, mientras que las zonas rurales se quedan desabastecidas de personal, o con personal muy poco motivado para desarrollar un trabajo adecuado. Esta situación  de desequilibrios en el reparto de personal se agrava al constatar que las carencias de personal se dan también en aquellos que deben dirigir el sistema de salud. Hay una falta clara de personal formado en planificación y gestión, lo cual complica más la situación sanitaria y la capacidad del sistema para rentabilizar sus recursos humanos.
 
¿Y que hacemos los países más ricos ante este problema? Es curioso, pero en vez de apoyar soluciones, estamos agravando la situación debido a nuestra incapacidad de generar suficiente personal para cubrir las necesidades de nuestros propios sistemas sanitarios. Esta situación nos obliga a buscar personal en otros países, a los que se les ofrece una situación laboral infinitamente más ventajosa, sin pensar en las consecuencias que eso tiene para los sistemas de salud de los países más pobres. La llamada a una vida mejor no se hace esperar: 23.000 profesionales de salud africanos dejan la región cada año[1]. Y no es un problema menor. En sistemas tan frágiles como los que hay en África, no solamente es un problema que el personal emigre, sino que el coste que supone la formación de ese personal es un gasto difícilmente sostenible para los escasos recursos que se destinan al sector.
 
Aunque su problemática se esté planteando como una de las grandes limitaciones para conseguir los Objetivos del Milenio[2],  no parece que se estén tomando medidas urgentes para modificar en positivo la situación actual, ni por parte de los propios estados africanos ni por parte de la comunidad internacional. Es momento de acción y de reflexión, ya que es un proceso que, como todo proceso de formación, debe ser largo y deberá ser flexible para irse acomodando a las circunstancias del momento. Es necesario que para África se establezcan, se impulsen y se prioricen políticas muy definidas en cuanto a la formación y gestión de los recursos humanos en salud, incorporando en este apartado no sólo a personal médico y de enfermería, sino también a la denominada medicina tradicional y a los propios gestores y planificadores. Estas políticas deberán venir determinadas por las necesidades de salud de la población, y contar con el consenso de todos aquellos agentes implicados, incluida la población receptora de los cuidados. Con estas premisas, los estados y la cooperación internacional deberán destinar más recursos a la salud. Por una parte apoyando una formación de calidad y cantidad, y por otra, generando las condiciones y medios necesarios que permitan al personal poder desarrollar su trabajo adecuadamente. Y es que cuando se planifiquen acciones de salud en África no debemos olvidar a la correa transmisora que unen esas estrategias con la población: el personal de salud.


[1]medicusmundi internacional (2003): ¿Cuál es el papel de Medicus Mundi en el Desarrollo de los Recursos Humanos?, Informe final

[2] Mercer H, Dal Poz M, Adams O, Stilwel B, Buchan J, Dreesch N, Zurn P & Beaglehole R (2002): Human resources for health: developing policy options for change. Discussion paper. Draft. Organización Mundial de la Salud, pp. 1-24.

 
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