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Salud y Medio Ambiente
"Extremadura saqueada", treinta años (1978-2008)
Jónatham F. Moriche   
18 ago 2008 actualizado 14:20 CET :: Leído 257 veces
"La mejora de las condiciones de vida de los extremeños no pasa, ciertamente, por esta industrialización dependiente, ciega y esquilmante de las verdaderas riquezas de la región".

No, no se confunda el lector, la cita que abre este texto no proviene, aunque lo parezca, de la tinta todavía fresca de algún manifiesto de las plataformas ciudadanas extremeñas Refinería No o Térmicas No. Estas palabras recién cumplieron, en este año 2008, su trigésimo aniversario.

Son sólo un minúsculo, aunque característico fragmento de un libro monumental, nada menos que 650 páginas de letra chiquita y apretujada, publicado en 1978 por la mítica editorial libertaria y anti-franquista Ruedo Ibérico, bajo el muy expresivo título "Extremadura saqueada. Recursos naturales y autonomía regional", producto de la voluntad y el esfuerzo de un equipo multidisciplinar formado por varias decenas de investigadores y colaboradores bajo la coordinación de Mario Gaviria, José M. Naredo y Juan Serna.

Resulta significativo, en una época en la que casi cualquier cosa parece digno de efeméride y conmemoración, el absoluto silencio con que las instituciones han dado acuse de recibo de estas tres décadas de la edición de "Extremadura saqueada". Y así, mientras acontecimientos insignificantes y personajes de muy infausta memoria se convierten en excusa de fastos sin cuento, mientras cualquier mamarrachada emitida por un politiquillo de cuarta, quinta o innúmera fila ocupa portadas y debates hasta el aburrimiento, casi nadie recuerda el extraordinario compromiso de aquellos entonces jóvenes ecólogos, sociólogos, economistas y científicos de otras ramas del saber que, acuartelados en una residencia de estudiantes de Villanueva de la Serena, y sin más expectativa económica que la de no endeudarse demasiado en el empeño, dedicaron unos cuantos meses de sus vidas a ejecutar una estremecedora radiografía de la estructura económica y social de nuestra tierra, escrutando sus cifras y escuchando la viva voz de sus gentes, a la vez que participando y contribuyendo, a su manera, a un movimiento ciudadano que marca, como ningún otro de los tiempos modernos, la historia de esta tierra: el rechazo a la que hubiera sido la segunda central nuclear de región, la de Valdecaballeros.

Escribe J. M. Naredo en el primer capítulo de la obra, dejando bien claros sus objetivos intelectuales y su horizonte ético: "Las páginas que siguen desbordan ampliamente la problemática de las Vegas del Guadiana y del Plan Badajoz, alcanzando otras muchas dimensiones que hacen de Extremadura un territorio dominado dentro de la sociedad jerárquica actual y analizando cómo estas relaciones de dominación se concretan en el expolio de las riquezas materiales y financieras y en la degradación de los sistemas ecológicos de éstas y otras zonas. Aspectos normalmente ignorados o minimizados por un análisis económico y un aparato conceptual e informativo firmemente enquistados en la ideología dominante, que mientras sean generalmente aceptados constituirán una garantía fiel de la perpetuación de las actuales relaciones de dominio".

No pretende ni, aunque lo pretendiese, podría esta breve nota ofrecer un resumen del contenido de "Extremadura saqueada". Su enfoque interdisciplinar, su compleja construcción argumental, las valiosísimas indagaciones y testimonios que contiene y el compromiso intelectual y político que lo anima exigen, tanto como merecen, una lectura de primera mano. Una lectura que, si de la voluntad de quien esto suscribe dependiera, sería obligatoria para todos los alumnos de enseñanza media, e inminentes ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho, de la región. Muy en cambio, "Extremadura saqueada" es hoy un libro olvidado. ¿Cuántas veces ha sido reeditado este libro indispensable para que los extremeños podamos de verdad conocer y comprender nuestra propia historia reciente? ¿En cuántas librerías extremeñas puede adquirirse? ¿Cuántas bibliotecas públicas y escolares extremeñas disponen de él en sus fondos? ¿Cuántos profesores de Historia, Ciencias Sociales o Educación para la Ciudadanía del bachillerato extremeño explican su contenido a sus alumnos? Incluso en la selva de Internet, donde "está todo" (o al menos, lo parece), apenas un par de fragmentos de mediana extensión están disponibles al lector.

Más eficaz y aún más discreto que el bibliotecario pirómano de "El nombre de la rosa", el olvido ha hecho bien su trabajo en este caso. Quizás por eso, tantos años después, el Plan Badajoz de la dictadura fascista ha logrado mantener en el imaginario colectivo (incluso entre los más jóvenes) la imagen de suave paternalismo con que sus gestores travistieron la verdadera naturaleza, políticamente autoritaria, económicamente explotadora de la gente y esquilmadora del territorio, de una operación que mucho tuvo, bajo su coartada desarrollista y modernizadora, de feudal y de esclavista. Quizás por eso, los jóvenes trabajadores extremeños, incluso los nacidos en los pueblos y comarcas socialmente más combativos hace una o dos generaciones, permanecen completamente desmemoriados del hilo rojo de las luchas de emancipación emprendidas por su propia clase (¡por sus propios padres y abuelos!) a lo largo de la historia de la región. Quizás por eso hay todavía quien piensa y habla de Extremadura en términos de región "subvencionada", de tierra de "desagradecidos", en lugar de comprender esta como una región expoliada durante décadas y hasta la extenuación en sus recursos humanos y naturales, a beneficio de unos cuantos (los burócratas del IRYDA, los grandes "reservistas" beneficiados por un reparto injustísimo de las tierras, las industrias conserveras, las instituciones financieras, los grandes capitales foráneos...) y a costa del sudor y las lágrimas de cientos de miles de extremeños, generaciones y generaciones de jornaleros, de "colonos", de trabajadores textiles, mineros o de transformación básica, de emigrantes... De su trabajo, de su libertad, de su dignidad...

¿Por qué de este olvido? Quizás por vergüenza, por las cosas, muchas, que apenas han cambiado desde entonces: la dependencia de la economía extremeña, la indefensión de su clase trabajadora, la forzada emigración de muchos de sus hijos, el vampirismo insaciable de muchas grandes empresas asentadas en la región, los mecanismos clientelares que tenazmente perviven en sus instituciones...

Por las muchas expectativas que despertó aquel tiempo de toma de conciencia y lucha social de los extremeños, el tiempo del debate autonómico y el rechazo popular a Valdecaballeros, expectativas que nunca arribaron a su plena consecución y hoy, treinta años después, apuntan no ya a un estancamiento, sino a un franco retroceso, de la mano de una neo-industrialización tan dependiente, tan ciega y tan esquilmante como aquella que hace treinta años representaba Valdecaballeros: la que proponen los promotores de la refinería de Tierra de Barros, de las térmicas de la comarca de Mérida, de la explotación turística de la isla de Valdecañas o de la continuidad de la central nuclear del Almaraz.

Casi da apuro traer a colación, por tan manida y tan a menudo mal utilizada, la sentencia del filósofo George Santayana: "los pueblos que no conocen su historia, están condenados a repetirla". Pero quizás sea difícil encontrar una situación en que resulte tan oportuno, y tan urgente, hacerlo. ¿Por qué de este olvido, nos preguntábamos? Porque "Extremadura saqueada" es un libro peligroso. Porque es un libro que ofrece un retrato demasiado ajustado, demasiado vívido, demasiado doloroso, de lo que fue, pudo dejar de ser y, sin embargo, en demasiados aspectos todavía es (y algunos pretenden que siga siendo por mucho tiempo) esta tierra: una colonia intra-metropolitana, una factoría de mano de obra, energía y materias primas al servicio de otros, de cuyos frutos aquí apenas quedan algunas migajas de las que, además, arrancó y arranca la parte del león un sub-capital local que, en funciones de capataz, tiene como misión principal asegurar sobre el terreno la continuidad de los mecanismos de explotación y alienación.

Porque es un libro que, algo aún más peligroso, ofrece un modelo alternativo de ciudadanía extremeña, un pensamiento y una prácticas comprometidas y disidentes que hoy, ante la amenaza de la nueva oleda de explotación esquilmadora que tiene como buque insignia la refinería de Tierra de Barros, se hacen de nuevo imprescindibles: el que recoge el vivo testimonio de los trabajadores agrarios movilizados, de los activistas anti-nucleares contra la central de Valdecaballeros... y de los propios autores del libro, que demuestran cómo, sin eludir ni trampear los más exigentes compromisos del rigor científico, se puede investigar y pensar más allá de los límites del academicismo sin alma y la complecencia cortesana, se puede hacer investigación comprometida y socialmente movilizadora, conocimiento con conciencia genuinamente humana y ecológica.

 
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