Opinión
Columnistas
Artículos
De políticas y educaciones Rubén Mariscal |
| De políticas y educaciones |
| Rubén Mariscal | |||||
| 09 may 2008 actualizado 09:25 CET :: Leído 417 veces | |||||
|
Estos últimos están siendo unos días de auténtico frenesí político en nuestro país o, al menos, dentro de algunos partidos, donde ya no consiguen localizar su norte y su sur, ni acuerdan si lo que quieren es andar o quedarse sentados. Al final, todos al suelo. Y es que parece, en este país, ir tornándose usual una profunda incapacidad para fijar conceptos básicos, perdiéndonos en una verborrea incoherente que nos conduce al cataclismo ideológico... ojalá nos dirija más bien a una catarsis de la que alguno renazca cual ave mitológica. Profusamente llamativo me ha resultado el caso de la izquierda española, comunista y no socialista (ésta última ha devenido más bien en conservadora y populista) que, desde algunos círculos, achaca a la defectuosa e injusta ley electoral los malos resultados cosechados en los últimos comicios nacionales. A esta esperpéntica acusación quisiera responder que, no ha tantos años, esa misma formación política alcanzó a ocupar hasta veintiún escaños en el hemiciclo, diez veces más de lo que hoy representa. Un viejo y, en muchos casos, añorado conocido de nuestro entorno político, aludía desde su "activo reposo" que la catástrofe se debe más bien a la falta de "programa, programa, programa". No obstante, quisiera ir más allá, porque no precisamente de programa andan colmados los partidos con representación mayoritaria, que se han limitado a navegar por las turbulentas aguas electorales a cañonazo limpio contra el otro. Digo a cañonazos y no cañoneando porque eso implicaría, dictionarium en mano, batir al contrario. Y se han dedicado a esto, como digo, sin aportar una mínima solución basada en principios, en valores, en medidas concretas que huyeran del cariz populista y mediocre que envuelve nuestra más alta política. Entonces, ¿dónde está el quid de la cuestión? Desde mi corta edad y la humildad con que escribo estas líneas, el problema no se limita a una dolencia en la ley electoral, sino que subyace tras todas las excusas que veamos oportuno e "inteligente" proponer. El problema se encuentra a una profundidad mayor, más primaria: la Educación. Hoy he presenciado, con estupor, cómo un estudiante de últimos cursos de periodismo colocaba ante sí un libro de bachillerato ("bendita" Logse) y repasaba conceptos gramaticales básicos. ¿Cómo va a tener claridad de entendederas un sujeto, ya bastante crecidito, que aún no ha conseguido manejar convenientemente las normas de un idioma que emplea desde hace veintitrés o veinticuatro años? O, lo que es peor, ¿cómo se ha permitido llegar a tal iluminado a los últimos años de una licenciatura universitaria? Como bien decía un gran amigo, en este país parece educarse "a lo Chiquilicuatre", y creamos una masa ingente de analfabetos, incapaces de discernir entre el blanco y el negro (y ya no digamos si entramos en los grises...). Pero claro, digo yo, ¿no será más bien eso lo que interesa a los de arriba? Sean, pues, bienvenidos a una "nueva Edad Oscura". (1)Google-Noticias del 05/05/08
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios! |