Rubén Mariscal |
| Conocimientos a la boloñesa |
| Rubén Mariscal |
| 20 may 2008 actualizado 10:03 CET :: Leído 301 veces |
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Durante la legislatura anterior y lo que va de la presente vivimos una auténtica vorágine de cambios sociales, y no tan sociales, que está llevando a cabo el Gobierno, en ese afán que parece tener por ser el primero en todo lo que resulta secundario cuando no se dispone de lo más importante. Como no podía ser de otra manera, la educación es sujeto paciente (y sufriente) de otro de los "regalitos" que nos hace el Ejecutivo. Ya lo hicieron estos señores con la educación básica mediante la tan apreciada LOGSE, creadora de una masa popular inculta e intelectualmente inerte. Ahora, es la educación universitaria, último y ya bastante bombardeado feudo de la intelectualidad en este país, la que sufre el inexistente "saber hacer" de estos a-socialistas que nos gobiernan. No obstante, es conveniente señalar que todo esto parte de un acuerdo firmado en años de mandato de distinto color: el acuerdo de Bolonia (1999). No se salvan tampoco los liberales, por mucho que en las elecciones criticaran los resultados del Informe Pisa (la educación la vienen pisando todos los gobiernos en este país). Y es que nos pueden los deseos de modernización y convergencia europeísta, que seguimos ciegamente en detrimento, por desgracia, de nuestro propio beneficio colectivo. De este Plan Bolonia sabemos tan poco, o menos, que de la Constitución Europea que sólo los vecinos franceses, y algunos otros, tuvieron bemoles de rechazar. Aquí no podíamos permitir que se nos tachase de antieuropeos. Al menos no sabemos mucho desde los organismos oficiales, que parecen pretender ocultarlo hasta que esté irremediablemente implantado. Pues bien, este plan "educativo", que tan alegremente firmaron nuestros dirigentes, convertirá nuestra ya dañada educación universitaria en una auténtica fábrica de "profesionales" con capacidades rudamente moldeadas. En eso reside su noble objetivo: concretar la enseñanza para acercar la universidad al mercado laboral y a las empresas. Pues bien, creemos una masa inculta y manejable, carne de trabajo precario y, ya puestos, ¡volvamos al siglo XIX! Claro, lo que no anuncian tan a bombo y platillo es que van a eliminar el 50% de las titulaciones y que, las que queden, no serán más que una formación pobre y frágil, que será necesario completar con cursos de especialización (o masters, que suena más europeo y moderno) a precio de mercado, esto es, al precio que les venga en gana. ¡Vivan la universalización de la enseñanza y las medidas sociales del Gobierno! Aún hay, por suerte, quien lucha contra estas medidas que abogan por un precario "Espacio Europeo de Educación Superior". Aún hay estudiantes que, en consonancia con sus ideas y unidos al profesorado, como pocas veces se ha visto desde la dictadura, se encierran en la facultad "por miedo a perderla". Yo me pregunto, mientras tanto, si lo próximo será una educación universitaria a través de chat, donde profesores y alumnos compitan por escribir cada vez peor, creando una indómita kale borroka lingüística que atente contra nuestra lengua, teclado en mano, por su libertad y su ignorancia idiomática. |