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Reportajes
¿Y quién dijo que decir te quiero no cuesta nada?
Maricarmen Seguin   
12 feb 2008 actualizado 21:42 CET :: Leído 326 veces

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Ropa interior provocativa repleta de corazoncitos, escaparates rendidos a la pasión del rojo, restaurantes sin cupo… todo es poco para celebrar el cumpleaños oficial del amor: San Valentín. La Constitución no recoge ninguna ley que convierta en obligatorio eso de los bombones o de las flores, pero ¡ay! de aquel que no le regale nada a su pareja.

Si usted cayó en el juego aquel que dice que si obsequia un diamante ya regala algo para toda la vida, tenga claro, que pese a eso, este 14 de febrero está obligado a repetir sorpresita.

Esta abierta la veda para el consumismo descontrolado. Parece que eso de regalar es casi una competencia. A no ser que haya acuerdo mutuo para fabricar caseramente el souvenir del día, habrá que sacarle humo a la tarjeta de crédito.

¿Pero quién inventó San Valentín? ¿Es acaso otro negocio redondo del Corte Inglés? Pues por mucho que parezca lo contrario, igual que sucede con otras fechas del calendario cuya vorágine de gastos se le atribuye a ese centro comercial; lo cierto es que San Valentín fue un santo y la festividad a la que se le asocia pudo haber tenido orígenes paganos, posteriormente disueltos por la ingerencia de la Iglesia Católica.

La voz popular ha convertido a este santo en el patrón de los enamorados, posiblemente porque durante estas fechas en los países nórdicos los pájaros se aparean o porque, según una tradición, en el tiempo en que vivió san Valentín, cuando los cristianos eran perseguidos, él, a escondidas, casaba a las parejas bajo el ritual de la Iglesia.

Algunos creen que es una fiesta cristianizada del paganismo, pues ya los romanos más antiguos, coincidiendo con estas fechas, se entregaban a los ritos románticos en honor del dios del Amor, Erus, a quienes muchos, simpáticamente, llamaban Cupido.

Hace muchos siglos, entre el XVII y el XVIII, la fiesta de los “Valentines” emparejaban a los ingleses… Sea como fuere, San Valentín es hoy  un culto al despilfarro.

¿Quién fue San Valentín?

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Hay muy poca información sobre él. Se cree que era un sacerdote que nació en Roma a mediados del siglo III y que gozó de un gran prestigio en aquella ciudad hasta el punto que el emperador Claudio II lo invitó a su palacio para mantener una conversación y conocer de esta manera el porqué de su fama.

Según la tradición, Valentín aprovechó aquella ocasión para hacer propaganda de la religión cristiana y convencer al emperador para que siguiera los pasos de Jesús. Aunque en un principio Claudio II se sintió atraído por aquella perseguida religión; los soldados y el propio Gobernador de Roma, Calpurnio, le obligaron a desistir organizando una campaña contra el santo.

Claudio no tuvo más remedio que echar marcha atrás y mandó a Calpurnio que lo procesara. Pero aquella misión la llevaría a cabo el lugarteniente del gobernador, Asterius. Hombre cruel que se mofó de la religión cristiana de Valentín y le puso a prueba. Bajo un tono de burla, le preguntó si sería capaz de devolver la vista a una hija suya que era ciega de nacimiento. Valentín aceptó y en nombre del Señor obró el prodigio. Asterius y toda su familia se convirtieron al cristianismo, pero Valentín no se salvó del martirio, ya que temiendo una rebelión del ejército romano y de los paganos, el emperador lo mandó ejecutar. Era el año 270.

Los restos mortales de San Valentín se conservan actualmente en la Basílica de su mismo nombre que está situada en la ciudad italiana de Terni. Cada 14 de febrero se celebra en dicho templo, una acto de compromiso por parte de diferentes parejas que quieren unirse en matrimonio al año siguiente.

Nuestros “Valentines”

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Ni milagros, ni santos. Ni burlas ni castigos. Nuestros Valentines son, otra cosa, un tanto más simple: ¡en sus marcas, listos, vacíen las carteras...!

Susana. 32 años. Duda entre el perfume del anuncio del “chico que corre en bolas” dentro de una habitación y la versión oficial, “la pirata ya la tiene”, del mítico juego “Age of Empires”. Tengo un presupuesto de “70 euros”, dice, “aunque si me estiro… le compro las dos cosas”.

Susana sonrió tímidamente al terminar esta sentencia. Sabe que “con un beso le basta”, confiesa, y tampoco entiende mucho el fin de dejarse un tercio de su sueldo en tanta cursilería, cuando “el amor debe demostrarse durante todo el año”.

Tras unos segundos, completamente absorta en sus pensamientos, ella lo tiene claro, clarísimo: “lo quiero mucho y salimos hace 2 años y cuatro meses”. Seguramente eso simplemente signifique que se dejará la pasta.

Antonio lleva casado con Rosa hace 24 años. Esto del San Valentín lo tiene más que asumido. Si no le bastaba a su bolsillo con padecer la sequía de una crisis no anunciada, ahora “encima” su amor por su Rosita le costará unos 35 euros. “Me gustaría comprarle algo mejor”, se resigna, “pero ella entiende”.

Mujer compresiva Rosita, sin duda. No así, en cambio Macarena, de 14 años. Es novia de Luís hace la friolera de “dos semanas”. Es el primer chico con el que sale, pero tiene otros “admiradores”. Eso también suena a dictamen. Por la mirada de Maca, más le vale a Luís currárselo con el regalito.

 
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