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Elegir juguetes no es cosa de niños Reportajes |
| Elegir juguetes no es cosa de niños |
| Maricarmen Seguin |
| 31 dic 2007 actualizado 00:00 CET :: Leído 493 veces |
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“Queridos Reyes Magos: he sido un buen niño este año. Siempre ayudo a mi mamá a recoger la mesa y el otro día defendí a mi hermanito de un abusón en el cole. Saqué un 10 en Lengua y un 8 en matemáticas. Por eso, me encantaría tener una Alfa 5 de los Power Ranger, pero de los de los nuevos. También quiero una bici, eso sí, sin ruedas a los lados, porque ya soy grande. ¡Ah! y no estaría mal si me traes además un patinete con pegatinas de StarWars y el juego de Final Fantasy V para mi Gameboy. Se me olvidaba… ¿puedes traerme uno de esos Power Truck, con pistola y casco? Eso es todo. Muchas Gracias. Daniel”. Igual que Daniel, miles de niños escriben cartas como esta cada año, con la esperanza de recibir los juguetes de su lista. Después de depositarla en el buzón más cercano, sus padres se ajustan el cinturón para hacer realidad los sueños del pequeño. Pero estos juguetes no serán los únicos que recibirá Daniel: sus abuelos, tíos y padrinos le obsequiarán un promedio de 10 o 15 juguetes más. El día de Reyes será estupendo; sin embargo, tras unos días trasteando con sus 25 juguetes, terminará por mirarlos con aburrimiento y conformidad. Los dejará de lado y se decantará solo por su favorito, a la espera de que llegue su cumpleaños o cualquier otra fecha para tener otro buen montón de nuevos cacharros, seguramente muchos más de los que podrá utilizar. De acuerdo con los padres consultados, sus hijos reciben por Reyes un promedio de 10 juguetes. Muñecas, coches de carrera, videoconsolas... algunos que costarán poco más de 5 euros y otros que pueden tener un precio de varios cientos. La mayoría, no obstante, se quedarán olvidados en algún baúl y sólo los más aptos sobrevivirán a las modas y a la publicidad machacona.¿Quién decide entonces cuántos juguetes son suficientes? ¿Pueden tantos cacharros fomentar conductas consumistas y acabar con aquel encanto infantil de realizar un esfuerzo para luego ser premiado? Aunque no todos los niños son igualmente permeables a los anuncios publicitarios, les resulta inevitable pedir lo que constantemente se les vende en televisión. ¿Satisfacción o saturación? María confiesa que cada año discute con su marido porque reconoce que su hijo tiene muchos juguetes: "al hablar de infancia hablamos de juguetes y en esta etapa los niños quieren todo. Pero con tantas opciones se pierde el propósito y la inocencia del niño de obrar bien y recibir una recompensa a cambio", explica. Los expertos defienden que los juguetes son importantes, porque permiten que los pequeños desarrollen habilidades y aprendan a interactuar con los objetos que les rodean. Pero, además, sostienen que la responsabilidad de abrir o cerrar la llave consumista de los hijos, es únicamente de los padres.Una habitación llena de aviones, puzzles, muñecas o cochecitos puede causar en el niño, más que satisfacción, una sensación de saturación. Los adultos deben preguntarse entonces, si inundan a sus hijos de los objetos que necesitan o de las cosas que ellos, cuando eran niños, deseaban y jamás pudieron tener. La imaginación no basta El juego es un impulso primario y gratuito que empuja a cualquier niño. Al igual que la cantidad, un juguete sofisticado con funciones extras no garantiza la acción de jugar y menos la diversión. Los padres deben saber que pueden comprar todos los juguetes del mundo, más no los juegos. Los juguetes no adquieren vida hasta que el niño no decide personificarlos. La imaginación y la buena compañía deberían ser suficientes para divertir a un pequeño. Sin embargo, la revolución tecnológica ha cambiado el concepto mismo de jugar. Los padres añoran sus tardes saltando la cuerda o pateando un balón; mientras ahora, sus hijos prefieren pasarse el día frente al ordenador o la videoconsola. Pasear al perro se ha reducido a presionar algún botón de una mascota virtual encerrada en un diminuto dispositivo electrónico... Muchos cambios que, además, han vuelto más cómodos a los padres que prefieren ver a sus pequeños disfrutando en el salón de casa, ahorrándose así el tener que llevarlos a un parque. |

