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Reportajes
El precio de una guerra
Gloria Pajuelo   
02 may 2008 actualizado 00:00 CET :: Leído 393 veces
Cartel de Monleón. Incide en la juventud revolucionaria feliz y en el miliciano armado
Cartel de Monleón. Incide en la juventud revolucionaria feliz y en el miliciano armado
Durante la Guerra Civil en España corrieron ríos desbordados de sangre que no desembocaron en ninguna parte nada más que en vestir de luto a este país.

La Guerra Civil española, que tuvo lugar entre 1936 y 1939 fue, sin duda, la mayor tragedia de la historia de España. Toda Europa sintió sus efectos, y también, aunque con menor intensidad, el continente americano de norte a sur.

La nación española tuvo la fortuna de poder eludir las grandes guerras europeas de 1870 y 1914-18, a pesar de haber estallado la primera de ellas con el contexto de la disputa franco-prusiana al trono español, e influir la segunda tan impetuosamente en España como en otros países neutrales.

Sin embargo, al desencadenarse en 1936 la Guerra Civil, España se destacó como centro de atención mundial, al mismo tiempo que los temas de intervencionismo y acontecer internacional llegaron a ser preocupaciones primordiales de los españoles.

¿Por qué la Guerra Civil?

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De acuerdo con algunas interpretaciones, la cuestión de por qué la guerra tuvo lugar es, históricamente, la de mayor interés. El tema puede parecer un tanto rebuscado, pero a veces los médicos se preocupan más de las causas de las enfermedades que de sus detalles clínicos, además, cualquiera comprende que, una vez entablada la lucha entre dos grupos armados, uno u otro ha de vencer. Una pregunta que permanece sin respuesta es por qué empezó la contienda.

¿Cómo pudo degenerar la situación en España hasta el extremo de llegar a la Guerra Civil? Hay que tener en cuenta, ante todo, que su estallido no se produjo como consecuencia de un conflicto internacional.
Pero si hubiera que dar alguna razón o explicación al por qué de la guerra, habría que decir que dos fenómenos contribuyeron de forma decisiva al estallido de la guerra, tales como, por una parte, la serie sin interrupción de crisis que complicaron los problemas cada vez más, y por otra, la creciente agitación de grupos políticos, sobre todo juveniles, que al principio tuvo fundamentalmente un carácter defensivo.

Factores de una derrota

Guerra Civil. Generales Franco y Sanjurjo
Guerra Civil. Generales Franco y Sanjurjo
Al final ganó la derecha, y ello, según muchos estudiosos, se debió a varias razones primordiales. Entre ellas, porque organizó su política mejor que la izquierda y porque recibió una ayuda exterior superior a la obtenida por sus rivales.
Además, la guerra se planteó como una confrontación convencional entre dos ejércitos, y el hecho de estar dirigida la derecha por los militares más destacados de la victoria española en Marruecos representó también un factor importante.

Finalmente, como toda guerra moderna, la civil española fue un conflicto económico. La mejor administración de los recursos y unas ventajosas relaciones internacionales tuvieron, asimismo, un papel crucial.

Tras el triunfo del Frente Popular durante la II República, la Derecha intentó un levantamiento militar que les diera el poder que no consiguieron en las urnas. Durante lo que se conoce como "Primavera Trágica", la espiral de violencia creció polarizándose las actitudes.

Gueera Civil española. 1036-39. Milicianos
Gueera Civil española. 1036-39. Milicianos
Entre las causas que dirigieron el camino hacia la guerra se pueden señalar la sustitución de Alcalá Zamora por Manuel Azaña como presidente de la República, la escisión del Socialismo en las figuras de Largo Caballero e Indalecio Prieto, extensión de los grupos antirrepublicanos, tanto por la derecha (Falange Española y Requetés), como por la izquierda (Anarquistas con posturas cada vez más radicales). El problema del orden público fue la más grave de las preocupaciones: bombas, tiroteos...

Pero sin duda el asesinato de Calvo Sotelo, líder de la derecha, el 13 de julio de 1936, provocó la conspiración final contra la República, donde el 18 de julio de ese mismo año se inició el alzamiento militar, que en contra de lo que se pensaba, abrió el camino para una guerra civil que duró tres años y puso fin a la II República.

Empieza la escabechina

Hubo que aprender precipitadamente el manejo de las armas, el paso del cerrojo. Desde los primeros momentos de la sublevación se perfilaron las imágenes contrapuestas de ambos bandos, hasta convertirse en tópico idealizado, incluso por los mismos contendientes.

La realidad en julio de 1936 mostró, en la península, un panorama en el que elemento popular y fuerzas armadas se repartieron de modo muy semejante en las columnas leales y rebeldes que se enfrentaron en Aragón, Guadarrama o en Córdoba.

Guerra Civil española. Julio del 36
Guerra Civil española. Julio del 36
Una vez organizados los dos bandos, todos manos a la obra y a" matar a todo aquel contrario a nuestra ideología". Este pareció ser el único lema y objetivo que se escuchó por todos los rincones de la España del momento.

En las calles de todo el país olía a muerte y destrucción desde el primer instante de la contienda. El ruido de disparos, bombas, ametralladoras... no cesó a ninguna hora del día. El ambiente diurno y nocturno no pudo ser más amenazador: soldados guardando los pueblos y ciudades, jóvenes armados de los pies a la cabeza, estruendos de aviones sobrevolando todas las zonas...  Nadie tuvo compasión de nadie y la muerte se ocultó tras cualquier esquina a la espera de nuevas víctimas, las cuales no se hicieron esperar mucho tiempo.

Todo pareció sacado de una película de destrucción masiva: los cadáveres invadieron las calles como si de plagas se tratasen. No hubo nadie que no llevara en sus manos un revolver con las intenciones de matar a todo aquel que pudiera suponer una amenaza para sus creencias.

Hasta las iglesias se convirtieron en un objetivo de destrucción y por las que no se sintió ningún tipo de respeto como en tiempos lejanos. Podría decirse que vivió latente en determinados estratos de la sociedad española un profundo rencor hacia la Iglesia Católica. El anticlericalismo, primario, brutal, permaneció soterrado en los estamentos más desarraigados e incultos. La identificación de la liturgia, la pompa y la solemnidad de la Iglesia con el poder y la riqueza fue inevitable. Por eso, los recintos sagrados fueron los que primero recibieron el embate de la marejada revolucionaria incontrolada.

Pero el paso del tiempo no ayudó a minimizar los sentimientos detonantes de la guerra, sino que aumentaron conforme la destrucción y la muerte se acercaron a la cumbre de su esplendor.

Acontecimientos destacados

Guerra Civil española. Hasta las iglesias se convirtieron en un objetivo de destrucción
Guerra Civil española. Hasta las iglesias se convirtieron en un objetivo de destrucción
Muchos fueron los acontecimientos que ponen ahora los pelos de punta, pero sin duda, los más destacados por su contenido de violencia fueron la toma de Badajoz (matanza de la plaza de toros) que permitió enlazar Andalucía con las tropas de Mola en el Norte, los bombardeos sobre Guernika y Durango que favorecieron la conquista del País Vasco y la caída de Barcelona a finales del año 1938, ayudando así a la invasión de toda Cataluña por las tropas nacionalistas y consiguiendo posteriormente la victoria.

Aviones de la legión Cóndor bombardearon Guernika en sucesivas oleadas y ametrallaron la población y su entorno. Se barajaron diversas cifras acerca de los aviones que participaron en la acción, las toneladas de explosivos; se discurrió sobre el número de muertos y heridos; se especuló sobre culpabilidades. El centro urbano, la villa propiamente dicha, quedó convertido en ruinas. Se salvó, sin embargo, la Casa de Juntas y el retoño del histórico roble; se salvó el puente, verdadero objetivo militar, y tampoco afectó el bombardeo a las industrias de guerra ni a los acuartelamientos.

Víctima de la aviación franquista
Víctima de la aviación franquista
Explicaciones las hay para todo, aunque unas sean más plausibles que otras. En el ejército de Mola se encontraron muchos requetés navarros y vascos para quienes el árbol es también sagrado; se aseguró que si Guernika iba a ser conquistada de inmediato, no había razón para destruir las fábricas.

Con independencia de la acción en sí misma, la que, a pesar de haber corrido toneladas de tinta, no quedó suficientemente explicada, se desencadenó la más obstinada guerra de propaganda. ¿Se asustaron los nacionalistas de lo ocurrido? ¿Les sorprendió la magnitud de la catástrofe que han desencadenado? La reacción es rápida: culpar a los vascos o a los asturianos del incendio.

¿Mito o realidad?

Por otra parte, según datos estadísticos, durante la tarde y la noche del día 14 de agosto de 1936 murieron cientos de extremeños, tanto en la plaza de toros como en las calles de Badajoz.
¿Fueron 1.200 como escribió entonces el periodista Jacques Berthet y calcula hoy el historiador Reig Tapia? ¿Fueron los 1.500 que recogió el Colegio de Abogados de Madrid en un informe realizado por Eduardo Ortega y Gasset? Y por último: ¿Hubo realmente fusilamientos en la plaza de toros de Badajoz?

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Un tema bastante polémico y del que aún se especula hoy en día. La inminente defensa de una tesis sobre la represión en Badajoz realizada por el historiador pacense, José Luis Gutiérrez Casalá, que rechazó la teoría de las matanzas en la plaza de toros y situó el lugar de los fusilamientos masivos en la plaza de San Juan, levantó un gran revuelo en Badajoz.

A esta tesis, se une la publicación del libro "La columna de la muerte" del historiador de Villafranca de los Barros, Francisco Espinosa, donde se sostiene la existencia de matanzas en la plaza de toros. Para acabar de encender la polémica, el ex Grapo Pío Moa convirtió en best seller su obra "Los mitos de la guerra civil", en el que dedicó un capítulo a Las matanzas de Badajoz donde defendió la "casi segura falsedad de las historias de cientos o miles de prisioneros masacrados en la plaza de toros o en otros puntos".

A su vez, el investigador Francisco Espinosa criticó en su libro "el escaso tratamiento de la cuestión y la falta de interés de la Universidad de Extremadura casi desde su creación (...) por la matanza de Badajoz".

Cuestión de cifras

Según la descripción de los hechos que dieron algunos autores, como Justo Vila Izquierdo en su libro "Extremadura: la Guerra Civil", se calculó que la cifra de caídos en ambos bandos en acción militar durante la toma de Badajoz pudo rondar los tres mil. Hasta medianoche del día 14 se ejecutaron en la plaza de toros a más de ochocientas personas. Al amanecer del día 15 había en dicha plaza 1.300 prisioneros a los que se ordenó que salieran por una de las puertas, en cuyos laterales habían sido instaladas unas ametralladoras que abrieron fuego contra la multitud. No hubo supervivientes.

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Los cadáveres fueron cargados en camiones y llevados al cementerio, donde fueron quemados. Tras quedar la plaza vacía, aquella misma mañana fue ocupada por otros muchos extremeños traídos desde todos los puntos de la provincia. Otros quinientos civiles fueron ejecutados en los días posteriores.

Justo Vila recogió también la versión de que las ejecuciones de la plaza de toros fueron convertidas en un sangriento espectáculo al que se podía asistir previa autorización. Algunos moros y falangistas clavaron sus bayonetas en los prisioneros como si de una dantesca faena taurina se tratara. Sangre y arena. De esta forma, las tropas de Yagüe exterminaron en Badajoz a cerca de nueve mil personas.

Otros, en cambio, no estuvieron de acuerdo con este relato de los hechos. Es el caso de Santos Julia y un equipo de especialistas a los que coordinó en la obra "Víctimas de la Guerra Civil", en donde se afirmó que las fiestas que se organizaron en la plaza fue una invención republicana.  O como el historiador pacense, Francisco Pilo, que, en su trabajo "La represión en Badajoz", señaló que el número de asesinados en Badajoz nunca superó los setecientos: "La polémica probablemente durará para siempre. Las muertes generalmente no eran ordenadas por nadie, razón por la cual hasta ahora son víctimas anónimas".

En 'Extremadura al Día' les iremos aportando poco a poco algunos datos sobre la Guerra Civil en Extremadura, pero sin ahondar en muchos detalles para no caer en subjetivismos ni falsos mitos. Sólo nos remitiremos a ofrecerles la visión de investigadores, estudiosos o supervivientes de la contienda.

 

 


 
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