Rafael Angulo |
| Fernando Hernández Pelayo. In memoriam |
| Rafael Angulo |
| 27 ago 2008 actualizado 12:54 CET :: Leído 576 veces |
|
"Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso..." meditaba mientras contemplaba el féretro con los restos mortales de Fernando. La muerte, que se llevaba a uno de mi quinta (y uno no está preparado para afrontarla). Mientras, los recuerdos venían a mi mente y evocaba aquellos años 80 cuando los primeros de mi profesión, Ángel Briz, Pepe Aroca, daban la bienvenida a un cacereño que elaboraba aquellos informativos de televisión (para el día después) de forma casi artesanal, desde aquel cuchitril de Galerías de las Heras (aún no era centro cultural) con un Caldera -¡siempre un Caldera!- a su lado. Y aquellos carnavales en los que nos vestimos todos de reloj, y la pedazo de moto de la que se aburrió pronto, y la fiesta cuando llegó Isabel -con farolillos y helados-, y el enfado entre amigos por aquella huelga injusta y la reconciliación porque la amistad era verdadera, y los partidos de tenis de mesa escuchando "quisiera ser un pez..." y los puros habanos que nos fumamos -charlando y charlando-, las plumas estilográficas que compartimos, "toma, un regalo" y "hay que ver que sahariana te has comprado", y pasamos a hablar de los hijos y de cómo nada la niña y que vamos a por otra y que viendo la tele me gritó "mira, papá, uno de mi pueblo". Y menos mal, Dios, que mientras un escalofrío me recorre el corazón, otro relámpago me recuerda que creo en la vida eterna y sé que ya lo has juzgado -en el amor- y le has recordado "tú vida no ha sido estéril, has sido útil, has dejado poso..." y aunque no alivia la pérdida, algo reconforta el dolor. |

