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Es más tarde de lo que pensamos Rafael Angulo |
| Es más tarde de lo que pensamos |
| Rafaél Angulo Sanchís |
| 02 abr 2005 actualizado 13:04 CET :: Leído 325 veces |
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Mientras
escribo estas líneas, sábado 2 de abril a las siete y media de la
mañana, el Papa agoniza. ¿Cómo abstraerse a este hecho?.
Por
católico, por agradecido, por enamorado, me encuentro conmovido ante el
ejemplo de vida y obra de Juan Pablo II a quien tuve la dicha de ver
muy cerca aquel 6 de octubre en la plaza de San Pedro. Aquel domingo luminoso, en todos los sentidos, junto a miles de fieles que abarrotábamos el Vaticano, y media Roma, el Papa se esforzó hasta el extremo en la ceremonia de canonización de San José María, llegando acercarse a todos en la plaza. Tuve la suerte de estar al lado de un niño, un bebé, y cuando al paso pidió que se lo acercáramos ese fue mi minuto de gloria. Si, lo recuerdo como un hecho único –para mí- de un hombre único a quien el Señor de la Historia ya tendrá recogido en su regazo por los siglos de los siglos. Porque cuando ustedes, amables lectores si es que me queda alguno, lean estas líneas Karol Wojtyla estará mirando a Dios cara a cara, lo que barrunto no será una novedad para el Buen Polaco ya que, en vida, estuvo siempre muy cerca de Dios. En este oficio de escribir, aunque sea modestamente y en Mérida, hay días en los que el camino mas corto para llegar al lector pasa por uno mismo. y aunque dice Fermín que no le gusta lo que escribo cuando me pongo “trascendente”, hoy me disculpará que cuente en primera persona lo que he vivido. Por azares de la vida, mientras el Papa enfilaba su recta final, este miércoles tuve que asistir a dos funerales, ¡tan distintos y tan iguales! en dos lugares diferentes socialmente: el Asilo de Mérida y la Iglesia de Santa Eulalia. A las 9 de la mañana en el Asilo, en un templo casi vacío, enterrábamos a Domingo en una ceremonia digna y emotiva porque don Antonio Paniagua se encarga de dar ese tono solemne y sencillo de los grandes actos. Domingo (de quien no diré ni sus apellidos no por que los perdiera en el Asilo –allí no se pierde nada- sino por no avergonzar a quiénes los compartía y no estuvieron) se fue rodeado de cariño de sus amigos de dentro y de fuera, de las Monjitas y de los amigos de sus amigos. - Por cierto Pepe Fouto, que dice Domingo que gracias por el frigorífico, pero que el café con la máquina nueva ya se lo tomará en el cielo -. Domingo se fue a la otra vida con la experiencia, que no es mala, de haber resistido. Haber resistido sinsabores. Enfermedades y malos ratos y, por encima de todo andar con una sonrisa. Domingo, a su manera y con su ciencia, atisbó la experiencia de que una persona con ideales es indestructible, que se te pueden romper algunos huesos pero que los valores te mantienen en pié. Domingo ya descansa en paz y, a estas horas, ya ha comprobado que Dios fue generoso con él. A las cuatro y media de la tarde estaba en Santa Eulalia, ¡en otro entierro!, como si la vida quisiera que el final de marzo fuera igual que el comienzo de noviembre. Asistí a esa liturgia del adiós de Eulalia por amistad, amistad a su hijo Agustín Velázquez y a hermano Agustín Jiménez Villahoz, de quien poco puedo decir que no haya escrito ya de ese católico que practica con alegría (menos esa tarde). Hay veces que se palpa la frase de Santa Teresa de que quien vive para servir sirve para vivir...y para morir. No son comparables, ni siquiera es mi intención hacerlo, esos dos actos; uno tan emotivo y abarrotado –el de Santa Eulalia- con la Cruz del Nazareno y la ceremonia final tan próxima a ese Jesús de Mérida a quien Eulalia tantas veces había vestido, con ambiente cofrade de costaleras y hermanos, con un amplio abanico de toda la sociedad emeritense; y la sobria ceremonia de la mañana: las dos tienen la misma dignidad, a las dos asistí con el mismo respeto, las dos personas están ya cerca de Dios y, si en el cielo había fiesta por esa llegada, imagínense la que habrá ahora cuando se ha incorporado Juan Pablo II. A veces soy tan remiso para creer que estoy ciego ante las evidencias y necesito ceremonias como estas para remover mi conciencia, para darme cuenta de que es mas tarde de lo que pienso. Que es mas tarde de lo que pensamos. |