Rafael Angulo |
| Un cuento breve para Currino |
| Rafael Angulo |
| 24 feb 2005 actualizado 00:21 CET :: Leído 306 veces |
|
A
ver, a ver, ¿qué son esas gotas que te caen por la cara?, ¿a qué esos
lagrimones?, ¿qué es eso de que estoy siempre riñéndote?, ¡si eres mi
debilidad!. aquellas palabras que escuché cuando me enamoraba: “Cuando estés abrumado y te sientas insignificante cuando haya lágrimas en tus ojos yo las secaré todas estaré a tu lado. Cuando las circunstancias te sean adversas y no encuentres amigos yo me desplegaré como un puente sobre aguas turbulentas y aliviaré tus pensamientos...” Claro que en Mérida, acostumbrado al Guadiana, lento Guadiana, y a la Charca, poca turbulencia verás, y los tiempos en los que nuestro cercano Albarregas cada pocos años nos atronaba con sus crecidas dicen que van a pasar a la historia (espero que no sea otro cuento). Y ahora, venga, ponte el sombrero mágico de escuchar relatos y cierra los ojos, que tampoco hace falta tenerlos muy abiertos para entrar en el reino de la fantasía y oír historias. No te pases de listo, no entornes los ojinos, que de listo se puede pasar uno, sé inteligente y ven conmigo. ¡if, if! Tu sombrero de escucha cuentos huele a fresa y a “jumpers”, es alto, alto como una cometa que sale de tu casa por la ventana, bordea la mimosa, no se enreda en el rosal ni se entretiene en los restos de lo que fue un geranio y, a lo lejos, se pierde en el cielo de Mérida, aunque este cielo ya no me resulta familiar. ¿Cómo se sentirá el sombrero desde el cielo de la Argentina?. ¡Que chiquitina es, desde aquí la parroquia de San José y, esa peca verde lacia, debe ser lo que queda del campo de fútbol!. ¡Mira el acueducto de los Milagros como marca la línea de la tierra de tu pueblo!, pero empiezo a no distinguir nada. ¡Sorpresa! Entre una nube blanca y otra azulona, va y se nos aparece un cochinillo marrón, gru-gru gruñe soncón; del medio de la cabeza ajabalinada le sale un cuernino pardo, es el primer unicornio que veo en marrano y, además, no da asco. Ya nos ha visto el cochinillo, lo sé porque le parpadea el ojo y, en un instante, me he visto en su pupila reflejado. En la misma pupila, detrás de nuestra imagen tiene mas recuerdos: se atisba una sierra con encinas chatas y alcornóques esbeltos, y un suelo de musgo con bellotas y un niño, que se parece a ti, cogiendo cinco bellotas que parecen iguales, aunque después den fruto distinto y un lagarto con gorra de visera que va como planeando, sin apenas tocar el suelo. El lagarto tiene bigote y no sé, no sé, pero me recuerda algo a Paco Novillo. Es curioso, pero aquí los animales no se arrastran como en la vida real y llevan un trotecillo entre burlón y parsimonioso que creo que no conduce a ninguna parte, simplemente están, entran y salen del cuento según les interesa. Detrás del unicornio marrano está apostada una tortuga lila, lila es el color morado, no es que la tortuga esté tonta, que no lo parece. Aunque es lenta, va detrás del cochinillo y no se separa porque la tortuga anda siempre segura en linea recta y el marrano da vueltas trotando con lo que, al final, siempre están casi juntos. ¿Esto me debería recordar algo?, quizás, si es que los cuentos van con segundas. Aquí los animales no gritan ni chillan, en este cuento creo que una, que tú y yo conocemos, tiene pocas posibilidades de salir. Además no hace ni frío ni calor y no hay mucha luz, ni poca, y las polillas pueden circular tranquilas, ya sabes que las polillas, cuando se sienten atraídas por la luz, ese calor las disipa, bien, en este cuento no se disipa nadie. Claro que no tenemos melocotones, al no llover ni hacer frío no pueden madurar y nos encontramos sin melocotones y casi sin vida porque ¿qué es una vida sin melocotones?, me empieza a preocupar los derroteros que está tomado este cuento. Aquí no llora nadie, tampoco. ¿qué hacemos sin melocotones y sin lágrimas? Pasar la vida contando cuentos. Cuando la vida es mucho mas. Detrás del unicornio marrano, de la tortuga lila y la lado del lagarto de la pupila que se parece a Paco, veo un ángel que me resulta familiar. ¿Angel, qué haces tú en mi cuento?. “Vengo de Santibáñez y te visto a lo lejos, como siempre, te he notado apurado porque no sabes el final y te he traído la contraseña de salida”. ¿Cuál?. La de siempre, la de toda la vida: “Fueron felices y comieron perdices”. |

