Rafael Angulo |
| Nada nuevo bajo el sol |
| Rafael Angulo Sánchis |
| 05 ago 2005 actualizado 17:40 CET :: Leído 509 veces |
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Vuelvo
de mi veraneo, aunque mi Puerto Banús haya estado en la Charca y mi
paseo marítimo en la estación de Aljucén y me encuentro con que,
efectivamente, no hay nada nuevo en el Albarregas y su
descuidado entorno, los higos ya no son lo que eran –porque nada es lo
que era- y sigo igual de feo, pesado y sentimental que antes (un
fracaso para los de la Corporación Dermoestética).
Tras
esta sesuda reflexión filosófica, fruto de una siesta de verano, decido
no añadir nada e irme a mi casa. Pero constato que el artículo queda
corto y, además, a estas horas en mi casa pinto muy poco ya que son las
cuatro de la tarde del viernes, 5 de agosto y la madre de mis hijos, y
un par de ellos, está como hipnotizada viendo a Frijolito, el
descubrimiento de este verano.
Por si fuera poco, hace calor, aquí tengo aire y no puedo hacer un pica pica porque el Bermudo no está abierto –de momento- y por la calle no debe haber nadie, salvo esos émulos de Farruquito que van sobre motos por dirección prohibida y que me tienen en vilo cuando mis hijos van solos por la acera y cruzan, por su lugar, los pasos de peatones. Total, que estoy mas perdido que el alambre del Bimbo y la modorra me hace sentirme mas inútil que la primera rebanada del pan de molde (que, por un misterio que no acabo de resolver, siempre se junta con la última y me las acabo comiendo yo). De los Farruquitos me libre Dios que de otros delincuentes ya lo intentaré yo. Así que cojo el HOY e intento solucionar un Sudoku –otro descubrimiento del verano- pero, a los cinco minutos, ya he emborronado dos casillas y he perdido la paciencia que es, casualmente, el ingrediente básico para resolver los sudokus. ¿Cómo, que no saben lo que es un sudoku?. Pues un jueguito en el que hay completar un tablero con la tira de casillas (81) agrupadas en recuadros y donde no pueden coincidir los número (del 1 al 9) ni en fila ni en columna ni en recuadro. ¿Sencillo, verdad? Pues como la vida misma, pero no acabo de encontrarle el punto . Así que desengañado del sudoku y no pudiendo competir con Frijolito, antes muerta que sin silla se oye en mi casa a estas horas, me dedico a hojear las Tribunas Emeritenses atrasadas del mes de julio. Descubro que, a comienzos del verano, hubo en Villafranca de los Barros una especie de Yihad extremeña, propiciada desde el poder, a favor de no se qué refinería privada. ¡Vaya, lo que esta dando de sí!, unos a favor (a lo que dice Ibarra, amén), otros, a ver de qué se trata que me opongo y, otros, “oye, que las cosas no son así de simples, vamos a informarnos mas”. De entrada, observo que se produjo el evangélico milagro de los panes y los peces, versión manifestantes extremeños. ¡Hay que ver lo que dan de sí las manifestaciones de la Junta!, casi tanto como las subvenciones para algunos. Sin contar mujeres y niños, aquello debió ser multitudinario y las sutilezas de los oradores un ejercicio de diplomacia y sensibilidad (el locutor-presentador insinuaba que había que darles matarile a los que no pensaban como ellos...), junto a auténticas primicias informativas que nadie se esperaba (Ibarra se sacrificará y continuará unas cuantas elecciones mas, Extremadura está que se sale economica, social, laboralmente, etcétera, etcétera, etcétera...). Hombre, era curiosa la fotografía de los que estaban a favor, porque eran los mismos que 23 años antes estaban en contra de la central nuclear de Valdecaballeros, que no sé como andaría de contaminación, con el añadido de esos personajes en lista de espera de medalla de Extremadura en-pago-por-los-servicios-prestados. Llegado a este punto, me levanto a beber, vuelvo y pierdo las gafas. ¡lo que faltaba!. “Dios sabe donde andarán / mis gafas...entre librotes / revistas y papelotes, / ¿quién las encuentra?...Aquí están/ Libros nuevos. Abro uno / de Unamuno./ ¡Oh el dilecto / predilecto / de esta España que se agita, / porque nace o resucita!” (Antonio Machado, aunque yo cambiaría a Unamuno por mi amigo Tomás Martín Tamayo y a España por Extremadura). Cuando por fin encuentro las gafas (debajo de la página del sudoku) ya se me han pasado las ganas de refinería, de catarsis y de leer la prensa atrasada (flores y periódicos se marchitan enseguida), así que me voy a pasar por el Enrique a ver si da la casualidad de que no ha cerrado y me zampo un plato de oreja encebollada. No hay, ya ven, nada nuevo bajo el sol. |

