Rafael Angulo |
| ¡Honor a la margen izquierda! |
| Rafaél Angulo Sanchís |
| 29 abr 2005 actualizado 22:51 CET :: Leído 287 veces |
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¡Honor
y gloria a los jardineros de la margen izquierda del Guadiana!. En
concreto a quienes, profesionalmente, se encargan de trabajar el
espacio ubicado entre el Puente Romano y la Biblioteca Delgado Valhondo
(el mas insigne y preclaro de los poetas extremeños que ha habido y
tiempo tardará en nacer, ese que quería sembrar toda Extremadura ¡de
amapolas!).
Acostumbro
a trotar por las dos márgenes del río, cuyo adecentamiento ha supuesto
la obra pública mas importante acometida en Mérida en los últimos
siglos, y no deja de sorprenderme el mimo, cuidado y esmero con el que
se aplican los jardineros de la margen izquierda, primorosamente
cuidada y sorprendentemente respetada.
Los parterres limpios, las flores estallando en estos días y reventando la primavera por todas las plantas. Ignoro por qué motivo riegan a eso de las cuatro de la tarde, cuando mi cuerpo serrano se desparrama por esos lares, pero la sensación vale la pena: caminar con los calores por esos húmedos verdes del viejo Anas compensan otros sinsabores ciudadanos. Así que esos veinte minutos que se tarda (al trote cochinero) en ir de puente a puente, son uno de los goces cívicos que recomiendo viva y deportivamente. Ya puestos, les doy mi cronometraje personal por si sirve de referencia, lenta pero significativa: del puente de hierro del tren (en concreto de la “pilastra de las vacas”) hasta la Isla tardo cuarenta minutos, si no me entretengo mucho con los patos y con los “patinos” ahora tan abundantes). De la Isla al Asilo (por el camino de las Piraguas) se andan otros quince minutos, que son treinta si acometemos la variante de Cantarranas, una delicia solitaria. Y en la vuelta atrás, desde el Asilo hasta el puente de hierro, le voy echando otros cuarenta y cinco minutos. Ya sé que se tarda mas en volver que en ir, pero no me pregunten el porqué, eso es un misterio insondable para el que no tengo solución. A Domingo se le ocurrió el domingo pasado alquilar una bicicleta-artilugio, de esas en la que cabe toda la familia, y de una hora de alquiler le sobraron veinte minutos y encima cansado. Aunque se que los de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (¡vaya nombrecito!) cobran por trabajar, como cualquiera de los mortales (menos algunos políticos, cierto) la verdad es que se merecen un reconocimiento por lo que han hecho con el Guadiana y el Albarregas a su paso por Mérida. Así que enhorabuena por contribuir, Fernando Aranda, al embellecimiento de la Bimilenaria y a la recuperación del río por el que todos los emeritenses recibimos el nombre. Y a los jardineros de la margen izquierda, sean uno, varios o vaya usted a saber, mi agradecimiento ciudadano. Amén. |

