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Rafael Angulo
''Higos del Albarregas''. Consejos para hacer de su hijo un delincuente
Rafaél Angulo Sanchís   
29 abr 2005 actualizado 22:54 CET :: Leído 408 veces
Les recopilo una serie de recomendaciones para lograr que su emeritense hijo sea, dentro de unos años, un perfecto delincuente, que les amargue la madurez y les complique la vida tan estúpida como innecesariamente. De propina, escasos lectores, además de los consejos les resumo estas normas prácticas cuya eficacia, se lo advierto, esta prácticamente garantizada.

  • Uno. Dele a su hijo, y desde pequeño, todo lo que quiera. De este modo llegará a mayor convencido de que el mundo entero le debe algo.
  • Dos. Si su hijo dice tonterías, ríaselas, así creerá que es muy gracioso.
  • Tres. Ni se le ocurra darle alguna formación espiritual. Déjelo par cuando sea mayor y, si él quiere, ya escogerá él solito.
  • Cuatro. No le diga nunca "Eso está mal".Podría crearle algún complejo de culpa o suscitarle algún trauma oculto. Así, cuando algún día el peso de la ley caiga sobre él, estará convencido de que es la sociedad quien le persigue.
  • Cinco. Recoja todo lo que su hijo tire por los suelos o por los cielos, así se convencerá de que todos tenemos que estar a su servicio.
  • Seis. Déjele ver de todo y leer de todo ¡viva la libertad!; en su hogar le limpian la ropa y los platos, pero deje que el espíritu se recree en todo lo creado sean negro o blanco, limpio o sucio.
  • Siete. Discutan usted y su madre siempre delante de él. Así, cuando su familia esté definitivamente rota, él no se dará por enterado.
  • Ocho. Dele todo el dinero que quiera y pida, si lo tiene ¿para qué restringirlo?. Así , él no sospechará que para poder disponer de dinero hay que trabajar antes. Elimine de su vocabulario la palabra "esfuerzo".
  • Nueve. Procure que todos sus deseos estén satisfechos: comer, beber, divertirse, estar cómodo..., no sea que, de otro modo, se sienta frustrado.
  • Diez. Dele siempre la razón, ya se sabe que el resto del mundo, familiares, amigos, profesores, siempre le desean el mal.

Conclusión: Cuando por fin su hijo haya llegado a ser un desastre, no se preocupe, simplemente proclame a los cuatro vientos que "nunca hemos podido hacer nada por él".

Si usted, alertado lector, sigue estos diez puntos minuciosamente (no hace falta esfuerzo, sencillamente con no hacer nada se consigue) le aseguro que se estará preparando una vida llena de incertidumbres y desasosiegos y, sin duda, un cúmulo de sinsabores paterno filialies.

Padres que hayan seguido esta terapia del fracaso no conozco, pero hijos muy aplicados, sí. Son esos que destrozaron impunemente los arbolitos del valle del Albarregas, cuyos higos dan nombre a esta crónica pero que, a fuerza de vandalismo ya no hay higos por allí ¿a ver quien es valiente que se aventura a tocar esos higos con el ambiente de rapiña que se respira?. Son esos mismos que, sin móvil aparente, se gastan el dinero de sus padres en tiendas de pintura –fácilmente identificables- consiguiendo sprays de todos los colores con los que salvajemente ensucian las paredes y monumentos de Mérida.

Son , para terminar, los hijos de los padres que les dejaron hacer, desde pequeños, lo que les dió la gana.
 
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