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Rafael Angulo
En el rincón aquél
Rafaél Angulo Sanchís   
08 abr 2005 actualizado 20:57 CET :: Leído 358 veces
Mi hermano Domingo acostumbra a darnos un homenaje en ese "rincón caliente, de agradable compañía" que conforma la esquina sur del Mercado de Abastos de mi Mérida (oficialmente Calatrava, vaya usted a saber).
Allí, campa a sus anchas (mas bien estrechas) el bueno de Sebas que oficia, con su profesionalidad, saber estar y cálida conversación esas "casi experiencias religiosas" que nos pegamos de vez en cuando. En esto de la amistad mi hermano Domingo es...bueno, mejor no lo escribo que después tengo, tenemos, bronca. Sin ir mas lejos, este viernes compró mi hermano tomates, cebolletas y pimientos, que sabiamente combinados con caballa, mucha caballa, por Sebastián dieron lugar a una fuente de ensalada que era la envidia de toda la barra.

(No obstante, el "Agonías" decía que "el ingrediente principal es el hambre" pero, a juzgar por las mandíbulas, de eso íbamos bien servidos)
A la sazón, regamos el pantagruélico almuerzo con unas copas (no sé cuantas, a punto estuve de perder la cuenta) llenas de un vino que Sebas dice que es de Arromolinos, hecho sorprendente para algunos dado que en Arromolinos no hay viñas. Pero si Sebas lo afirma, esto va a misa.

Quien quiera saber lo que es la Mérida profunda, auténtica y entrañable, no tiene mas remedio que pasarse por la barra del Sebas, que tiene un pedigrí romano que tumba (incluso antes de tomar el vino) y. si estás en peligro de matrimonio, no es que sea aconsejable es que es de obligado cumplimiento. Uno de Mérida no puede irse a la otra vida ( o a Badajoz que para el caso es lo mismo) sin una pasada por el Mercado y sin un vaso del Sebas.

Ya, de entrada, la escenografía ayuda mucho: entre una minúscula barra en ángulo recto campean dos cárteles de la Mártir, enseñoreados por una litografía del Arco de Trajano de la época de mi tatarabuelo, un sifón de "Loreto" con un indescriptible líquido verde y un calendario de mi amigo Aurelio. A todo esto, hay que añadir la conversación de los parroquianos; el otro día cuando uno vio (supongo que con envidia) cómo nos estábamos poniendo, sentenció: "Hartaros de gambas, pero no de vino, que después os pararán en el camino", antológica frase que no se oía en la bimilenaria desde los tiempos de Epicuro. Así habló Miguel Sánchez.

Pero es que, además, la tabernilla del Sebas tiene ambiente y filosofía (lo cual no es de extrañar, pues ya hasta el fútbol tiene filosofía). La intelectualidad emeritense, si la hubiera o hubiese, tiene en este rincón mágico su templo fraseológico; por ejemplo, ¿hay reflexión mas razonada que la que Sebas tiene estampada en su pared: "Si el vino perjudica tus negocios, deja los negocios"?. ¿Y que me dicen del aserto medieval: "El agua para el molino, para el hombre, el vino"?. ¿Y la máxima política de "Los enemigos del hombre son tres: ayuntamiento, vecino y mujer"? (esto no es exactamente así pero, en estas crónicas, se permite uno fabular un poco).

El culmen del pensamiento de Sebastián son las premisas: "El que bebe, se emborracha; el que se emborracha, no peca; quien no peca, va al cielo" que concluye el filósofo con "Puesto que al cielo, vamos: bebamos" que, no me negarán, tiene su intríngulis. Hay mas cosas en la Esquina de Sebastián que merecen la pena ser consumidas, pero las dejo para que ustedes amables lectores (creo que tengo dos, reconocidos) las comprueben directamente. Oigan, me lo agradecerán pero, si van en viernes, hagan como que no me ven, todavía me dan vergüenza algunas cosas.

Tomás Acosta
Y como en esta vida no todo es tan risueño, debo terminar esta crónica emeritense justo al día siguiente de enterrar a Tomás Acosta Santamaría, el padre de otro de mis queridos hermanos (Tomás) en cuyo funeral sus hijos, como una piña, emocionaron a mas de uno. Hemos de imitar su forma sencilla de vivir (y de morir) y su pensar, siempre, en su familia y en los demás. Sirvió porque servía. En eso fue un hombre grande. Abrazos, Tomás, abrazos.
 
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