Rafael Angulo |
| El Niño Gordito |
| Rafael Angulo |
| 25 feb 2005 actualizado 08:50 CET :: Leído 297 veces |
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Hay
un rincón, en mi pueblo, que no se lo cambio a nadie, a mitad de la
calle Concepción, en el aire, en el aire...y cuando paseo por Mérida, o
voy de un sitio a otro, procuro desviarme y me paro frente a la puerta
de las “Encerradas” y levanto los ojos y le digo “Bendita sea tu Madre,
Niño Gordito”.
Porque,
salta a la vista, que esa criatura tiene un “papo” que siendo divino es
humanamente envidiable, por lo sano y lo fecundo, por lo sonrosado y lo
entrañable, quizás sea que me recuerda de mis hijos al “sonco” que
estaba para comérselo cuando tenía esa edad, quizás sea que necesito
asideros y me agarro a lo alto para no descontrolarme pero, en mas de
una ocasión y una vez fue memorable, me acerque al Niño Gordito para
contarle que si, que puedo caer y lo he hecho, pero nunca hundirme
porque allí está El para ayudarme y, que ya veréis como lo nuestro, con
parecer grave, al final, no vale nada y que salvado el amor, los demás
son palabras, palabras nada mas, palabras. No hace falta estar apurado, basta con pasear por la calle Concepción y aprender, en una espontánea lección, que esa felicidad a la que aspiramos no es una cosa rara, que consiste en reírnos mucho y habitualmente, sobretodo, de nosotros mismos, “en ganarse el respeto de las personas inteligentes, el aprecio de los niños –empezando por el Gordito-, en merecer el elogio de los adversarios, en ser tolerante con las traiciones de los falsos amigos, en saber apreciar la belleza y descubrir lo bueno en el prójimo, en dejar un mundo algo mejor, con un hijo, con ese dichoso árbol o, mejor, un rincón en un jardín, una planta en un huerto...en saber que una vida ha alentado mas libremente gracias a la nuestra, eso es haber triunfado, emeritenses”. En fin, que le pido a la Madre del Niño Gordito serenidad, para aceptar esas cosas que no puedo cambiar, valentía para cambiar las que puedo y sabiduría para ver la diferencia. Que le pido, con san Josemaría que me ayude a entender que “Allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es en medio de las cosas mas materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. En la línea del horizonte parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria; se trata, si, lo tengo comprobado, de amar al mundo apasionadamente para parecernos al de la calle Concepción, de la que ya voy saliendo, pero antes de doblar por el Arco vuelvo mi mirada al aire, al aire... y, como un adiós me despido de la Madre del Niño Gordito con la vieja canción, “Todo es mas bonito cuando Tú estás a mi lado”. |

