Rafael Angulo |
| El kiosko de Leo |
| Rafaél Angulo Sanchís |
| 12 feb 2005 actualizado 19:13 CET :: Leído 425 veces |
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Leonardo
Naharro tiene su trabajo profesional enclavado en la Puerta de la
Villa, en un kiosko de prensa de diseño en el que echa casi tantas
horas como Santa Eulalia al Hornito y que es, a primeras horas de la
mañana, núcleo de reunión de gentes a las que Dios ayuda (porque
madrugan) y de trabajadores que prefieren el frío relente de la
bimilenaria entrada de Mérida al calor de sus despachos o lo que sea
(en mi caso, lo que sea).
Rodri,
Manolo Paredes, Casimiro, Luis, Juan Ignacio, mi hermano, somos
clientes de Leo a los que no sólo le damos los buenos días sino que
compartimos informaciones “¿Hoy tampoco ha venido La Vanguardia?” y
después intercambiamos puros, disgustos, resultados y hastaluegos. Leo ha conseguido, porque el tío es así y quizás sin proponérselo, hacer de su kiosko y sus alrededores un agradable centro de reunión emeritense, de carácter social y amable, sin bullas, con el ambiente de las antiguas barberías, un sitio de paso en el que te quedas un rato mas. Un sitio que, a cada hora, tiene su gente, sus peculiares clientes, por la mañana adultos, al mediodía de sábado adolescentes, al atardecer chiquillos (y, para estos Leo es un mago), y siempre transeúntes. Algunos nos cruzamos un par de veces al día y aunque no compremos nada, damos la “cabeza”, a la que Leo responde sin “acritú” pese al incordio. Ese punto de Mérida (entre la calle Delgado Valencia y la plaza de la Puerta de la Villa) está pidiendo a gritos una barra de café mañanero, una continuación lógica del antiguo “Metropolitano” con aquellos escalones por los que se accedía a una barra como Baco manda (además, eran del Aletí) y de Casa Peña, con aquella peculiar mezcla de ultramarinos finos y bar elegante. Necesitamos un remedo actualizado de la entrañable Barra Mimi, aquel remolque de las traseras del Museo. Puede que cada Barra tenga su tiempo y que ahora no echamos tanto espacio para el café, que es mas rápido el engulle y asma cogedor un lugar cerrado. Pero ahí una Barra vendría de perlas y sería continuación cívica del kiosko de Leo. No se la situación legal del local de la antigua esquina, si va unida a la casa de forma irregular (donde termina o empieza Delgado Valencia) que ahora se alquila, o es algo aislado, si es del ayuntamiento o de particulares. Las noticias que daban por seguro la instalación allí de un bar duermen el sueño, no se si de los justos, de los permisos administrativos o de las cuentas de resultados. Pero, en esta fría mañana de febrero reivindico que la Puerta de la Villa sea algo mas que el kiosko de Leo, con ser mucho, reivindico como complemento perfecto de ese espacio otro lugar de esparcimiento donde pasar mas minutos ambientado. Puestos a reivindicar, hasta reivindico buen café. Y que Leo lo vea. |

