Rafael Angulo |
| Los querubines no tienen sexo |
| Rafaél Angulo Sanchís |
| 11 feb 2005 actualizado 21:34 CET :: Leído 625 veces |
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Pero
algunas comparsas tienen euros (mas que otras), por eso ahora el
atrezzo puntúa. Este asunto no es baladí porque, al final, influye en
el resultado. Entre eso, y que se trata de un concurso-oposición de
carnaval en el que algunas comparsas (y chirigotas, todas mezcladas,
que ya las podían ir separando) arrastran una mochila de puntos,
consecuencia de la clasificación anterior, al final esto de los puntos
tiene un tufo a oposiciones de la Junta que asusta.
Dicho
en otros términos, que flota la sospecha de que algún trovador de baja
grey – no sé cómo se las apaña- algunas veces consiga que su capricho
se haga ley. Y, con esto, logra que algunos no quieran premios (1200
euros) ni glorias (ser los primeros), sino volver a la historia, volver
al María Luisa, con lo que aquella ingenuidad, estrechez y buenos
disfraces conllevaba.
Hablando de caprichos, todos los años veo caraduras bien sentados que no han hecho cola (no la tendrán, quizás) pero que están bien puestos entre el público. Que pena que hasta aquí haya concejales y altos caros (de cara) recomendaos. Pero mi balance de estos carnavales tiene dos nombres propios, dos grandes descubrimientos: Tagorichi y la Carcajá. Descubrí a Tagorichi hace años, en la boda de mi primo Jorge, aquella memorable noche en la que Camilo Sesto resucitó en las Lomas –y con él resucitamos algunas cosas mas-, y los he seguido los últimos años (detrás de La Marara, claro), me parecen magnificas las imitaciones de la abuela de Javier, el juego de voces, la selección de cantares, los pasodobles y cuplés, la pedazo chispa que han traído este año, en fin que la verdad, la voy a explicar, unos tíos que van a lo que van, a calentar al personal con el ‘’chichi chacha metrosexual’’, dan ganas de apostar por ellos (detrás de La Marara, claro, no sé porque me repito tanto). No sé si fueron ellos u otros, pero reconocí las alusiones a nuestros clásicos (Ramón Zenner, la Moñoña, el Pollo...) que dejan bien claro quienes son los emeritenses de la calle (a Calle no le citó nadie, algunos a Badajoz y casi nadie a Ibarra, lo que es sospechochísimo, ‘palabro’ muy carnavalero, pero es que esta noche yo, como los Tagorichi, me disloco). En fin, que los Tagorichi se han consolidado como la gran alternativa carnavalera. De los Como tú, vale la pena el popurrí, que lo escuche toda España, a Eugenia, Fran Rivera la engaña y buenas noches, hasta mañana que ya no tengo ganas. Hay otras a los que ‘’escúcheles y contémpleles (como don Mendo), viles (en el doble sentido) y oíles, pero cuanto mas miréles y cuanto mas escúcheles, menos entendíles.’’. Estas sureñas, que se empeñan en hacer letras cañeras, políticas y sectarias, fados tristes y estrambóticos que les desmerecen. Eso sí, tienen, a veces, a la altura del puente romano -cuando el aliento se desmaya- emotivos pasadobles al hornito y a su santa (lo uno por lo otro, muy bueno lo del coso san Albín, donde ya no suena el clarín). Oigan, por cierto, todas, absolutamente todas las comparsas ven Tele Mérida. Curiosa paradoja. Los clásicos e históricos Cazurros Romanos, con sus maduras voces bien timbradas, pisando todos los charcos al pasar, volvieron –un año mas- a estar a la altura de su prestigio, de su infancia recuperada, de sus vivencias a pié de calle. Cuando eran pequeños para jugar, los cazurros componían melodías, como esa de los juegos de la niña que acaban en el armario de la terraza (o en el empotrao). Y lo de los puntos es, sencillamente, enternecedor. Los Cazurros cumplieron con eficacia y solvencia, sin excederse pero con profesionalidad. Ese final de niños y gargantas que no se cansan nunca de cantar a Mérida por estas fechas, me hicieron, Cazurros, llorar. Gracias, por ser tan romanos, tan apegados a nuestras cosas. Si no puedo estar contigo, te cantaré en febrero, decían los de la Carcajá -de serenos- las mejores voces, sin duda, de estos carnavales, vibrantes, melódicos y con una sonoridad agradabilísima. Muy buenos estos serenos, que han tenido la llave de los carnavales, rondando nuestras calles, poco a poco se va uno contagiando conforme estos tipos van enamorando, entre la niebla y con la luna. La Carcajá han sido mi descubrimiento de este febrero, con una fabulosa correlación de sus canciones, adecuándolas al tiempo de actuación. ¡Bravo por la Carcajá!. En este momento de la velada, se nos apareció en el escenario Luis Valiente y pronunció un emotivo discurso, perfectamente prescindible, que era coartada para besar a la presentadora, hazaña que consiguió. Tras su minuto de gloria, Valiente, caliente, hizo mutis por el foro. Tras el ósculo, al final y como colofón, vino la Marara, tan mágica que no la sentimos venir, no fuera que el placer de competir, le amargara a alguno la vida. Lo que ocurría es que el pescado ya estaba vendido pero, como siempre, daba gusto deleitarse con los ‘mararos’. Sin embargo, no ha sido su mejor año, mis ‘marararos’ con algunos lunares en su papel de magos, no empezaron a sonar bien hasta que enfilaron el pasodoble gaditano-romano y el “eso me lo dices tú”. Con el “acto imperdonable” revivimos el ingenio, la sutileza del doble sentido y la ironía necesaria en unos carnavales que adolecen de humor fino. La Marara fue entrando en calor conforme se comían el escenario, dominándolo con experiencia. Es una pena que Fernando Molina no escuchara, en directo, lo que le decían en comparsita y fue magnífica la obligada mención a Badajoz de los ‘mararos’, como todos los años, en línea con su tradición. Como es habitual en los pioneros, saben ganar y saben no ganar. Pero siempre sin perder el buen humor. Me fui a las tantas, arrecío como un aguanieve y con el soniquete de algunas canciones rondando por el salón, sonriendo con los Tagorichi y la Carcajá y, como dijo alguien, “enamoraó Mérida de ti, sólo quiero cantar contigo para ser feliz aquí”. Amén, que como ustedes saben quiere decir así sea. Y hasta los próximos ‘mararales’. |

