
“¡Madre Mía!”
Con las secuelas del cambio automático de estación en
las narices, con el aparcamiento haciéndome mirar, como siempre, el
reloj cada medio minuto, que así parece que pasa más despacio (que
cabezonería la mía por huir del
parking
que prefiero llegar con apuros y dejarle el dinero al gasolinero) y
con la mirada cómplice de la
portera
y los
técnicos,
aliviando mi culpa judeocristiana de infiel convencido, me acerqué
el pasado viernes a la Sala: "¡Madre Mía!", entiendo que de
Francisco Blanco, que también dirige, producido por Canac Compañía
de Arte Nuevo.