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Puro teatro
Bon Voyage
Inauguración de la 55 Edición del Festival de Mérida
(19 votos)
Juan Jiménez
29 jun 2009 actualizado 09:51 CET :: Leído 464 veces
Bon Voyage
Con mucha almohadilla a la espera de culo en las caveas y el palco de autoridades apretado como un low cost, en una noche de rebequita de hilo, de las que ponen las madres para la primera comunión a las niñas y a los niños cuando no les gusta el agua, se abrió el telón del 55 festival de mérida en las siete sillas del cerro de san albín.

Como este año la cosa está que arde el director del evento hizo las veces de maestro de ceremonias y comenzó encendiendo un mechero, dando pie al respetable a sentirse partícipe del asunto desde la botadura, recurso sencillo donde los haya pero no por ello menos efectivo que un cañón de seguimiento, pasando a un combinado texto-audiovisual que entró sin dificultades, a pesar de lo poco aseado de los proyectores y la maldición liliputiense del frontal que en este caso cayó sobre dos pantallas que soportaron el envite como buenamente pudieron.

Al momento la segunda botella de champán, pero esta vez para brindar por una mujer, berta riaza, que con dos frases vitales consiguió dificultar la sístole y la diástole del más incrédulo en materia de emociones, lúcida que no lucida, quedó la entrega del tercer scaena de manos de miguel narros.

Y sin perder el pulso a las corrientes, con el mismo metrónomo que sentó a los músicos antes de que comenzaran los fastos, se agarró al timón jesús amigo, instruyendo a golpe de batuta a maestres, contramaestres y grumetes, que de todo había en cubierta, tripulación para grandes travesías que se llama, deslizando elegantemente su navío por las torrenciales aguas mahlerianas, hasta el frontal parecía afinado en do bemol mayor a la espera de que algún titán hiciera vibrar sus columnas con algún glissando. Y con tanto tiempo para la ensoñación algún actor que otro de los que no se pierden un estreno, baco protector de las artes escénicas, se imaginaba entrando en escena por la valva regia, con una compañía del terruño de ochenta cerrando el reparto, y se le caían dos o tres envidias sanas por cada mejilla, y brindaba, ya saliendo del puerto, por el fuego, por la emoción, por la música y por el...

El último brindis habrá que dejarlo para más adelante, no es cuestión de descorchar toda la bodega el primer día, y es que "El rapto de prosérpina" de xarxa teatre invita al brindis por el universo ripollés, aunque a nuestra ceres se le quedara la cara como recién salida de una clínica ilegal de estética, munchiana viéndose picassiana, por la pirotecnia al servicio del espectáculo o por el frontal como sábana que envuelve después del baño y queda empapada con cada nueva imagen, con cada nuevo cuerpo; aunque esto de transformar el frontal con proyecciones empiece a estar casi tan visto como irrumpir en escena por el graderío o sacar cinco antorchas por los vomitorios; pero no podemos brindar por la didáctica en el teatro, no después de 55 ediciones, una función de instituto a la una de la madrugada no por favor, por la música tampoco, menos después de mahler y de ese amigo recortado por la contra del atardecer en alta mar en la proa de su orquesta de extremadura rumbo al horizonte y mucho menos por el arte de talía, el mismo de las 54 ediciones anteriores. En cualquier caso creo que se perdió la posibilidad de un gran pasacalles.

Toda mi infancia bañándome en proserpina y ahora resulta que donde me bañaba era en prosérpina. En cualquier caso a mí si me gustaba el agua, aunque mi madre no me vistiera de marinero. Lo que me acuerdo de la rebequita de hilo.

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