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Psicología y Salud
La Ludopatía: La adicción al juego
Ana Yañez   
24 sep 2008 actualizado 00:00 CET :: Leído 1850 veces
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El juego en sí es una actividad normal en la vida de cualquier niño o adulto. Permite el desarrollo físico, psicológico y social del niño, facilitando que descubra y aprenda acerca del mundo en sus primeros años.

Como actividad lúdica es una de las actividades más frecuentes entre las personas, permitiendo disfrutar o entretener determinados períodos de tiempo, de forma que quien la realiza considera que está llevando a cabo actividades que le causan placer.

Hace mucho tiempo que existen los juegos. Hay pruebas documentadas de que los hombres ya jugaban al azar hace cinco mil años. Y, probablemente, el juego ya existía mucho antes.

Tipos de juegos

Existen múltiples tipos de juegos, como los de competición, de azar, de riesgo y de reglas. En nuestra sociedad, los podemos englobar en dos tipos diferentes de conductas de juego en función de la presencia o no de incentivos económicos directos por su realización: juego como pasatiempo en sí mismo, y juego como procedimiento para poder arriesgar algún bien (conseguir o perder dinero y otras cosas o bienes).

Aunque ambos tipos de juego pueden ser utilizados de forma lúdica y servir de interesante alternativa para el esparcimiento de las personas, también pueden llevar al desarrollo de conductas estereotipadas y desadaptadas. Lo cierto es que el segundo tipo de juego, el que implica asumir riesgos económicos con posibilidades de ganancias inmediatas, es el que ha facilitado la aparición de conductas problemáticas que han causado una importante alarma social: lo que se conoce como adicción al juego.

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Psicológicamente, el juego de azar es un reto a la suerte, mediante el cual una persona proyecta sus esperanzas de cambiar mágicamente el futuro a su favor, o al menos de experimentar el placer del triunfo contra el riesgo del fracaso a pesar del sufrimiento que conlleva la incertidumbre, traduciendo así una conformidad con la realidad, un deseo de huida de la monotonía cotidiana.

El uso del azar en el juego es considerado una diversión cuando hay un control y un gozo en el acto en sí mientras que deja de serlo cuando implica sufrimiento y descontrol, por lo que la persona pierde su libertad de decisión.

El surgimiento legal de los juegos de azar con apuestas es relativamente reciente en España. Aunque algunos juegos de azar como las loterías, la Lotería Nacional y el cupón de la ONCE, surgieron hace muchos años, junto a las quinielas de fútbol, no fue hasta 1977 cuando se legalizaron totalmente. A partir de aquí, y en años sucesivos, se fueron legalizando otros juegos de azar como el casino, el bingo, las máquinas tragaperras y nuevas loterías, hasta llegar al gran número de juegos de la actualidad.

A pesar de los pocos años transcurridos desde la despenalización de los juegos de azar, España se encuentra entre los países caracterizados por una elevada tasa de prevalencia del juego problema y patológico.

Máquinas
Máquinas "tragaperras"
En España no se legalizaron las máquinas tragaperras hasta el año 1981, pero en pocos años, se convirtieron en el juego más popular y de mayor recaudación. Actualmente es el juego de azar por excelencia en nuestro país.

Se hicieron populares porque, a diferencia de otros países, se permitió desde el principio su colocación no sólo en casinos y locales preparados al efecto, sino en bares, restaurantes y lugares de diversión. Hoy encontramos máquinas por los lugares más recónditos; es raro no encontrar una en todos los bares.

En pocos años, debido en gran parte a estas máquinas, nos hemos convertido en un país con un alto índice de ludópatas. En la actualidad, es el juego que produce mayor número de problemas y es la causa principal de la existencia de adicción al juego.

La capacidad adictiva de las máquinas tragaperras

La capacidad adictiva de las máquinas tragaperras es muy alta. En primer lugar, porque están muy difundidas y el importe de las apuestas es bajo. En segundo lugar, porque al ser el plazo transcurrido entre la apuesta y el resultado muy breve, la conducta queda consolidada. En tercer lugar, porque el funcionamiento intrínseco de estas máquinas potencia una cierta ilusión de control. Es decir, el sujeto cree, erróneamente, que el mayor o menor grado de acierto depende de su habilidad, cuando la realidad es que se trata de un juego de puro azar. Y, por último, porque las luces, la música, el tintineo mismo de las monedas, etc., suscitan una tensión emocional y una gran activación psicofisiológica, que son gratificantes de por sí.

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Hoy en día la mayoría de las investigaciones en España, se centran en las máquinas tragaperras y los bingos, mientras que en otros países destacan estudios sobre éstos y otros juegos, como las carreras de caballos, máquinas de poker, etc.

En los estudios realizados en nuestro país destaca una mayor participación de los jugadores patológicos en las máquinas recreativas con premio y en el grupo de las loterías (incluido el cupón de la ONCE), dato que coincide con la población clínica en tratamiento, que mayoritariamente (75-84%) acude a consulta por un problema de juego relacionado con las máquinas recreativas con premio. Por tanto, el ludópata característico en España es el jugador de máquinas tragaperras.

El jugador patológico o ludópata

Se caracteriza por una dependencia emocional del juego, una pérdida de control con respecto a éste y una interferencia en el funcionamiento normal de su vida cotidiana. El jugador patológico presenta unas conductas de juego descontrolado que responden a las siguientes pautas:

    *
Ludopatía: la adicción al juego
Ludopatía: la adicción al juego
frecuencia de juego y/o inversión en tiempo y en dinero extraordinariamente altas;
    * apuesta de una cantidad de dinero superior a la planeada;
    * pensamientos recurrentes y deseo compulsivo de jugar, sobre todo cuando han perdido.
    * necesidad subjetiva de jugar para recuperar el dinero perdido, y
    * fracaso reiterado en el intento de resistir el impulso de jugar.

El juego patológico se caracteriza por la incapacidad del sujeto para controlarse y por la alteración que se produce en áreas significativas de su vida (familia, amigos, trabajo, etc.). El juego se convierte en el centro de la vida de la persona. Al igual que ocurre con otras adicciones, los jugadores patológicos se descontrolan y son incapaces de dejar de jugar, incluso cuando desean hacerlo. La razón es que tienen un hábito muy arraigado del que se sienten incapaces de desprenderse.

El paso de jugador normal a patológico

El tránsito del juego normal a la ludopatía no siempre es rectilíneo. Cuando una persona comienza a jugar más dinero de lo planeado, prefiere hacerlo solo e intenta ganar para recuperar lo perdido y hacer frente a las deudas, continuando con el juego incluso cuando va perdiendo reiteradamente, y recurre a mentiras, está ya en la antesala del juego patológico. Entonces éste se caracteriza por la pérdida de control, la dependencia emocional respecto al juego y la interferencia grave en la vida cotidiana y en las relaciones familiares y sociales del sujeto.

Ludopatia: Jugador patológico
Ludopatia: Jugador patológico
En realidad, la urgencia para llevar a cabo la conducta y el malestar experimentado por el ludópata si se le impide hacerlo, son muy similares al deseo compulsivo y al síndrome de abstinencia sufridos por los toxicómanos.

 La evolución hacia un juego patológico suele describirse a través de las siguientes fases:

    * El primer estadio recibe el nombre de fase de ganancias, ya que el incipiente jugador empieza a tener una historia de resultados positivos, que en algunos casos, incluso, puede considerar sustanciales. Este cúmulo de éxitos puede hacerle creer que dispone de habilidades excepcionales para el juego, propiciando que crea en su propio sistema y alimentando su imagen de gran jugador, lo que provocará que el tamaño y la frecuencia de las apuestas vayan aumentando gradualmente. Con el objetivo de conseguir más premios, comienza a invertir más dinero y tiempo, favoreciendo unas pérdidas también más numerosas y cuantiosas y, en este momento, la única solución que se considera para recuperar el dinero es la de seguir jugando. El resultado será añadir nuevas pérdidas a las ya existentes.
    * Este optimismo desmesurado es el precursor de la entrada en una segunda etapa, la fase de pérdida, caracterizada por utilizar el propio juego como estrategia para recuperar las pérdidas. Pero para poder seguir jugando se precisa dinero, de forma que los pequeños préstamos pedidos a familiares y amigos se convertirán, en esta fase, en avíos mayores y en préstamos concedidos por bancos, tarjetas de crédito y prestamistas como forma de inversión que serán devueltos con las futuras ganancias. Si las fuentes de préstamo legal se agotan surge el riesgo de realizarlos de forma ilegal, pudiéndose cometer algún tipo de robo, fraude o falsificación. En esta carrera por recuperar el dinero perdido, el trabajo, la familia, las actividades de ocio y los amigos se convierten en un obstáculo, ya que interfieren con la necesidad imperiosa de dedicar más tiempo al juego. La conducta de juego ya ha perdido el contexto social en que solía desarrollarse y emergen los problemas familiares y laborales, favorecidos por el cúmulo de excusas y mentiras de las que precisa el jugador para conseguir dinero y justificar las pérdidas. Las ganancias, aunque ocurran periódicamente, son menores que las deudas; la presión de los acreedores aumenta y el jugador se ve obligado a confesar, seguramente de forma parcial, su crítica situación financiera; y con este argumento implora a su familia o amigos un dinero que le será concedido para pagar las deudas contraídas bajo la promesa de dejar de jugar.

 
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Un porcentaje considerable de jugadores acude a tratamiento en ese momento en que se ven obligados por las circunstancias a descubrir su problema al entorno y afirman haber decidido dejar de jugar. Sin embargo, la decisión va a durar muy poco tiempo, ya que una vez que disponen de dinero (supuestamente para saldar sus deudas) volverán a jugar. A esta falta de motivación para el cambio se le une la necesidad de aparentar interés en dejar de jugar para que el entorno le siga ayudando (económicamente) a salir de la situación.

    * La fase de desesperación constituye la continuación lógica del cúmulo de pérdidas y deudas. El entorno del jugador seguirá prestando el dinero para pagar las deudas a costa de una constante erosión de tales relaciones, ya que no sólo hay una devolución del dinero, sin que además continúa la conducta de juego. Sigue produciéndose un incremento del tiempo y gasto de dinero dedicados al juego, pero por primera vez se desvanece ese optimismo característico debido a las cuantiosas deudas que acumula, el deseo de pagarlas con celeridad y los problemas laborales y familiares que le acucian.
    * Cuando saben de antemano que van a perder, pero eso no les impide seguir jugando, ya que probablemente buscan la acción o excitación como objetivo en sí mismo, entonces han alcanzado el último peldaño de deterioro que es la fase de desesperanza o agotamiento.

 Principales motivaciones para jugar que tiene un ludópata

    * a) Superar el aburrimiento o tener relaciones sociales. En personas con pocos intereses o aisladas socialmente, el juego puede desempeñar estas funciones.
    * b) Ganar dinero. El juego no es un buen camino para ganar dinero. Una persona normal, cuando apuesta, puede ganar o perder; un jugador patológico, por el contrario, a la larga pierde siempre, independientemente de que tienda a hablar más de las ganancias que de las pérdidas.
    * c) Olvidar los problemas. Lo que ocurre es que el juego contribuye a aumentarlos y no se trabaja en saber afrontarlos.
    * d) Conseguir niveles altos de excitación. El problema está en que cuando una persona se encuentra excitada, cuenta con una mayor probabilidad de tener problemas con el control del dinero.
    * e)  Ser fieles a un hábito adquirido. La costumbre puede llevar a una persona a no abandonar un hábito que ha comenzado a crearle dificultades.

 El daño causado por la adicción al juego se manifiesta en diferentes áreas de la persona

    * a) En el ámbito personal. Los ludópatas no se encuentran bien habitualmente. Perder dinero, no saber cómo hacer frente a las deudas contraídas, mentir a los amigos y familiares, descuidar sus obligaciones cotidianas, etc., les genera un nivel de malestar general (tristeza, ansiedad o irritabilidad) y, en último término, un concepto de sí mismo muy deteriorado. El consumo excesivo de alcohol, u otras sustancias, es una consecuencia de esta situación.
    * b) En el plano económico. La situación económica suele ser apurada y las deudas contraídas cuantiosas. No son infrecuentes los robos o estafas y el sometimiento de la familia a penurias económicas relacionadas con la ludopatía.
    * c)  En la situación laboral. El rendimiento en el trabajo se resiente como consecuencia de los pensamientos constantes en el juego y de las faltas o abandonos del trabajo, sin descartar aquellos casos de despido por robo o por incumplimiento manifiesto de la responsabilidad laboral.
    * d)  En el entorno familiar. La dedicación al juego impide al adicto prestar la atención debida a la pareja y a los hijos. Vivir con un jugador es muy duro, y no todo el mundo está dispuesto a aguantarlo.
    * e)  En la vida social. Los jugadores patológicos disponen de poco tiempo para las relaciones sociales y acaban por abandonar sus relaciones anteriores. Los amigos, más aún en el caso de que hayan prestado algún dinero no recuperado, acaban por volver la espalda al jugador, que, de esta manera, se queda más aislado y deprimido.
    * f) En las relaciones con la justicia. Lo que algunos jugadores entienden como “tomar prestado” no es otra cosa que robar. Los ludópatas están implicados con frecuencia en conductas penadas por la ley: falsificación de cheques, emisión de cheques sin fondos, impago de alquiler de la vivienda, etc.

 ¿Hay ludópatas adolescentes?

Jugadoras en la ruleta de un Casino
Jugadoras en la ruleta de un Casino
Al igual que vemos adolescentes que consumen drogas, se emborrachan, conducen temerosamente u obedecen a conductas de riesgo, también los hay dependientes o adictos al juego. En ellos, también se dan las condiciones que favorecen que puedan llegar a convertirse en ludópatas.

En otros países, se aprecia que el número de ludópatas adolescentes es el doble o el triple que los que existen entre los adultos. En España, los estudios parciales existentes, revelan que el porcentaje de ludópatas adolescentes es claramente superior al de adultos.

 Los factores que favorecen que un adolescente pueda convertirse en un ludópata son:

    * Disponer de mucho tiempo libre.
    * Poseer gran cantidad de dinero o, al contrario, carecer y ver en el juego un modo fácil de obtenerlo.
    * Dificultad en poderle controlar sus actividades cotidianas.
    * Facilidad de acceso a los juegos de azar.
    * Problemas psicológicos, escolares y/o familiares.
    * Sensación de que puede controlar la suerte y, por tanto, el juego de azar.
    * Necesidad de autoafirmación ante sus compañeros.
    * Ausencia de la escuela (novillos).

 Lo que no se sabe es si este problema, cuando se genera en la adolescencia, se mantiene en la edad adulta o si bien desaparece al tener que enfrentarse con la vida, como al estudiar o trabajar, al estabilizarse emocionalmente con un novio o novia, al formar una familia, etc.

Pero aún así, se sabe que éste es un problema grave entre nuestros adolescentes, proporcionalmente aún más grave que en adultos, y para el que se precisa tomar medidas urgentes a nivel preventivo y de control de acceso al juego. Y es que, el riesgo de que los adolescentes españoles se conviertan en ludópatas es muy alto, debido a las grandes posibilidades de juego que existen. Cada día aumenta el número de adolescentes adictos al juego. En nuestro país, el 3% de los adolescentes tienen dependencia de las máquinas tragaperras.

Se sabe que muchos hijos de ludópatas tendrán también problemas con el juego. Hay que pensar que el incremento en España en muy pocos años ha sido impresionante. En los próximos años este aumento será mucho mayor, como sabemos por otros países donde los ludópatas existen desde hace varias décadas, ya que la ludopatía es relativamente reciente en España (hace unos 30 años que el juego es legal).

Prevención de la ludopatía

Prevención de la ludopatía
Prevención de la ludopatía
La solución a la ludopatía pasa por la prevención, que se hace necesaria desde todos los estamentos y niveles de responsabilidad. El futuro no es halagüeño si tenemos en cuenta la invasión tecnológica que rodea al mundo del juego; por eso las actuaciones frente al problema deben ser inmediatas.

Lo primero que podemos hacer es ser conscientes de que estamos ante un problema, el de la ludopatía, que hasta ahora hemos considerado nimio y del que nos cuesta creer que pueda acarrear tantos problemas.

En segundo lugar, desde nuestro ámbito de actuación, trabajar para poner freno a la expansión del juego sin control. Reducir su accesibilidad es una imperiosa necesidad, de cara a frenar el aumento del número de ludópatas en el futuro.

Y, en tercer lugar, ser nosotros mismos un ejemplo para los más jóvenes en la cuestión de la conducta de juego.

 Ana Yáñez. Psicóloga.
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