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Psicología y Salud
La ansiedad II: Ansiedad ante los exámenes
Ana Yáñez. Psicóloga   
03 sep 2008 actualizado 15:41 CET :: Leído 989 veces
Siguiendo con la exposición anterior, La ansiedad I: ¿Qué es y cómo nos afecta? , hablaremos de una de las situaciones más comunes en que esta respuesta emocional, que en principio tiene una clara función adaptativa como ya explicamos, deja de serlo convirtiéndose en una dificultad más: la ansiedad ante los exámenes.

El mes de septiembre es para muchos estudiantes la última oportunidad, antes de que comience el nuevo curso académico, de aprobar aquellas asignaturas que quedaron pendientes unos meses atrás.

La ansiedad ante los exámenes
La ansiedad ante los exámenes
No es raro durante estos días verles más nerviosos de lo habitual, ultimando resúmenes, lecturas y comentarios con la sensación de que las horas menguan y el tiempo escasea, y todo ello acompañado de numerosos síntomas de ansiedad y malestar.

Veamos con un ejemplo, que bien podría ser la situación de algunos estudiantes en estos días, cómo la ansiedad llega a ser un obstáculo para ellos cuando les limita a la hora de alcanzar el pleno rendimiento:

Una joven estudiante de primero de carrera pasado mañana tiene que enfrentarse a un examen. Solía sacar buenas notas en el colegio y en el instituto, y sus padres nunca le han presionado para ello. Además, siempre se han mostrado comprensivos con ella cuando no ha conseguido un buen resultado, porque siempre han visto que ha trabajado y se ha esforzado.

A la joven le preocupa no poder aprobar el examen, a pesar de llevar estudiando ya varias semanas y conocer bastante bien la materia. Pero en los últimos días piensa demasiado en ello, se siente inquieta, tiene taquicardias, le sudan las manos, le duele la cabeza, está todo el día nerviosa, con un nudo constante en el estómago, se muestra más irritable de lo habitual, cuando está con otras personas o haciendo alguna actividad parece distraída, si le hablan parece estar ausente, le cuesta dormir bien aunque está cansada, come más a menudo aunque no tenga hambre, fuma más que otras veces, siente que no puede estarse quieta y a veces cuando está sentada nota que le tiemblan las piernas. Cuando se pone delante de los apuntes se distrae fácilmente, aunque se esfuerza en volver a concentrarse en el estudio, debe leer varias veces un párrafo porque tiene la sensación de que no lo ha entendido o no "se le ha quedado" después de haberlo repetido.

Hoy se ha pasado todo el día viendo la televisión para evitar pensar en el examen, pero ahora se siente más angustiada aún al ver que ha perdido un día de estudio. Ha decidido no presentarse. Dice que porque no quiere sentir la decepción que le produciría el suspender, ya que esto sería horrible y le produce pánico, pero cree que de esta forma decepcionaría a sus padres que confían tanto en ella y en sus capacidades, por lo que se sigue sintiendo mal.

La joven de la que hablamos percibe el examen como una amenaza, porque interpreta que puede suspenderlo. Siente por tanto una serie de reacciones corporales propias a las que surgen cuando percibimos un peligro, pero que en vez de ayudarle a solucionar la situación enfrentándose a ella adecuadamente, le impiden hacerlo:

  • Si está preocupada y pensando todo el día de manera negativa sobre el resultado del examen, le costará concentrarse en el estudio, le costará acordarse de lo que ya ha estudiado y dormirá mal, con lo que estará más cansada y necesitará un mayor esfuerzo para conseguir un buen resultado. Permanecer en tensión todo el día también contribuye a aumentar el cansancio y disminuir el rendimiento.
  • Tendrá molestias en el estómago por la tensión y, si añadimos a esto el hecho de que come con frecuencia, no hará bien la digestión, porque, como ya explicamos antes, la sangre abandona este proceso para dirigirse a los músculos cuando aparece la respuesta de ansiedad, para que éstos trabajen de manera más eficaz.
  • Si el corazón late más rápidamente para llevar más sangre a los músculos, sentirá una taquicardia molesta e innecesaria, y tendrá la tensión alta.
  • Además, para "escapar" de la sensación de ansiedad realiza conductas como comer demasiado, fumar o ver la televisión, de forma que no se enfrenta al problema de manera adecuada para solucionarlo, ya que mientras hace esto, no está estudiando.

Así vemos cómo el estado de activación que presenta nuestra joven es excesivo respecto al que requiere para poder estudiar, por lo que le está limitando e impidiendo que saque el máximo provecho a sus capacidades. Conoce bien la materia y tiene buenos recursos para lograr un resultado satisfactorio. Y aún así, no se ve capaz de sobrellevarlo.

El problema es que el malestar que siente ante la situación de tener que examinarse y el miedo a suspender le afectan en su cotidianidad, y repercute de manera negativa en su trabajo.

¿Cómo controlarlo?

Aunque en terapia las técnicas usadas para solventar el problema van dirigidas de manera individualizada a cada caso en particular, para que la ansiedad no sea un obstáculo ante los exámenes, a continuación se exponen algunos consejos generales:

  • Planificar la materia a estudiar y el tiempo con antelación para evitar las prisas de última hora.
  • Tener una buena alimentación y dormir lo suficiente.
  • Hacer pequeñas pausas de cinco o diez minutos durante el estudio cada cuarenta minutos aproximadamente.
  • Usar alguna técnica de estudio para mejorar el rendimiento.
  • Emplear algún ejercicio de relajación o respiración para disminuir la activación antes de estudiar.

 


 
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