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Psicología y Salud
La ansiedad I: ¿Qué es y cómo nos afecta?
Ana Yáñez. Psicóloga   
03 sep 2008 actualizado 15:28 CET :: Leído 895 veces
La ansiedad
La ansiedad
La ansiedad es el estado de activación del organismo que nos permite reaccionar ante una señal de peligro o amenaza.

Podemos entenderla como una respuesta emocional ante cualquier cosa que influya sobre los aparatos sensoriales de nuestro cuerpo, ya sean fenómenos externos como situaciones sociales, familiares, laborales, etc., y fenómenos internos tales como pensamientos, ideas, imágenes, etc., los cuales se presentan como amenazantes.

Por ejemplo, sentiremos ansiedad si vemos a un perro que se acerca hacia nosotros gruñendo. Nuestra reacción muy probablemente será la de pensar que nos puede atacar y sentiremos que el corazón se acelera, nos pondremos nerviosos y tenderemos a alejarnos del perro.

El hecho de que se pueda percibir una situación como peligrosa, depende del modo en que cada uno la interprete, es decir, el significado que ésta tenga para nosotros. Lo cual dependerá de las características personales de cada uno (forma de pensar y de comportarse).

¿Cómo se manifiesta?

La respuesta de ansiedad la podemos ver desde tres puntos de vista:

- Experiencia subjetiva o componente cognitivo: Son los pensamientos que nos provoca el fenómeno amenazante cuando lo percibimos y evaluamos como tal (preocupación, miedo, displacer, etc.).

- Sensaciones corporales o componente fisiológico: Se refiere a las reacciones corporales que se producen en nuestro cuerpo a raíz de ser conscientes de que existe una amenaza para nosotros (aumento de la tensión muscular, aceleración del ritmo respiratorio y cardíaco, etc.).

- Acciones motoras o componente conductual: Corresponde a las conductas observables que llevamos a cabo (movimientos y posturas corporales, huída o escape, etc.).

¿Para qué nos sirve tener ansiedad?

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En el ejemplo que pusimos al principio vemos que la ansiedad tiene una utilidad biológico-adaptativa: nos prepara, nos anticipa o señala un peligro para ser activos en la huida o en la lucha cuando nos enfrentamos él. Por lo que tener cierto grado de ansiedad es necesario para poder reaccionar y no permanecer pasivos ante el peligro, y evitar así salir perjudicados. Algunos cambios físicos y psicológicos que aparecen son los siguientes:

  • Los músculos se tensan para poder huir o defenderse.
  • La respiración se acelera para aportar más oxígeno al cuerpo y así reaccionar más adecuadamente.
  • El corazón late rápidamente para mandar más sangre a los músculos, para que puedan trabajar plenamente y nos permitan movernos.
  • Si estamos haciendo la digestión, la sangre deja a un lado esta tarea y se dirige hacia los músculos. De ahí, el que podamos sentir un "nudo en el estómago".
  • Dejamos lo que estábamos haciendo o pensando y prestamos atención a la amenaza.
  • Intentamos entender qué pasa y cómo corregir el problema.
  • Planificamos la acción y llevamos a cabo la solución.

Todo ello ocurre de forma rápida e instintiva.

¿Cuándo se convierte en un problema?

Hasta aquí hemos considerado la ansiedad como una respuesta emocional normal, que surge ante determinadas situaciones y circunstancias, y se manifiesta con diversas reacciones corporales, pensamientos y conductas adecuadas para evitar salir perjudicados cuando entendemos que esto puede suceder.

Sin embargo, cuando la ansiedad aparece en momentos en que no sería la respuesta adecuada, y se presenta con una frecuencia, intensidad y duración excesivas, no nos permite adaptarnos correctamente a las situaciones que se nos vayan presentando, dando lugar a numerosas limitaciones en la vida diaria. Hablaremos entonces de ansiedad como patología.

En este caso, esta emoción, junto con las reacciones que la acompañan, en vez de beneficiarnos, nos estaría impidiendo solucionar los problemas (de pareja, con los amigos, en el trabajo, en los estudios, etc.) porque estamos dando unas respuestas de activación inadecuadas. Nuestro pensamiento está acelerado, nuestros músculos tensos, la respiración agitada, nuestra emoción es negativa, pero no tenemos que responder a la situación dada mediante la lucha o la huída, puesto que no se presenta un peligro que lo requiera, por lo que se convierte en un obstáculo para nuestro comportamiento.

Como primera medida para sobrellevar estas situaciones es conveniente que procuremos relajarnos, regularizando nuestra respiración y desactivando el pensamiento. Así sentiremos una sensación más positiva. No obstante puede ser necesaria una terapia particularizada dependiendo de las causas que hayan producido el estado de ansiedad y de su nivel patológico.

Ana Yáñez
Psicóloga


 
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