Dado su gran interés, no sólo, turístico, sino también antropológico y cultural, se ha presentado esta mañana en el Palacio de Carvajal por una antropóloga, Esther Gallego Martín y una historiadora, Olga Carpintero Quijada, que son las encargadas del estudio de sus orígenes. Lo que intentan es esclarecer y buscar información fiable sobre el origen y tradición de dicha fiesta.
Son muchas las mitologías y leyendas existentes sobre el origen de los negritos, que han hecho que se haya vivido durante mucho tiempo convencido de estas tradiciones populares.
Algunas de las versiones arrancan de un padre de familia muy numerosa que por su extrema pobreza envía a sus hijos todos los años coincidiendo con estas fechas a pedir limosna al pueblo, danzando al son de distintos ritmos. Esto lo repetían año tras año, por lo que la gente del pueblo acabó cansándose. Por ello, el padre ideó pintar las caras a los hijos con carbón para poder seguir pidiendo limosna el Día de San Blas sin ser reconocidos.
Otra versión, quizá la más fiable que han encontrado y tras la que aún siguen investigando, la antropóloga y la historiadora, es que durante la reconquista de esta zona, del Valle del Alagón y su posterior repoblación por parte de Alfonso IX de León.
Trayendo dicho monarca parte del repertorio de estas danzas de León (Danzas de palo).
Otra trayectoria de investigación, la más reciente, es que existen lugares del Perú donde se dan las danzas de Palo.
Actualmente están investigando, a través de archivos históricos, si realmente esas danzas las han traído a través de movimientos migratorios o hemos sido nosotros en la antigüedad, los que hemos llevado esas danzas de paloteo.
La fiesta de los negritos de San Blas de Montehermoso comienza la tarde/noche del día 2 de febrero con la Velá, coincidiendo con la Candelas. Son tres parejas, seis personas que hacen de negritos, y un palotero. Los negritos acuden al domicilio de los mayordomos donde son obsequiados con vinos de la tierra, aguardiente y buñuelos caseros.
Cuando las campanas de la torre de la iglesia tocan a la “Velá”, los negritos, esa vez con la cara sin pintar de negro y ataviados con la blusa típica que vestían en antaño los hombres del pueblo y una antigua gorra militar con una borla hacia delante, se dirigen a la iglesia junto a los mayordomos, tocando un pasacalles al son de las castañuelas, flauta y tamboril. Los demás mayordomos llevan unos velones encendidos.
Al llegar a la puerta de la iglesia de nuestra Señora de la Asunción, bailan la Zapateta. vuelven a bailar al llegar a la ermita de San Blas. Que
En el interior de la ermita vuelven a bailar la danza, ahora de forma individual. El primero en iniciar su baile es “el Palotero”, los demás negritos impiden que ejecute su danza. A él le siguen el resto de los negritos, hasta que lo hacen los seis. Cuando finalizan este baile regresan al pueblo donde, al compás de la música del tamboril, flautas y castañuelas recorren los domicilios de los antiguos mayordomos.
El día 3 de febrero por la mañana el tamborilero acude al domicilio del palotero, ambos van a casa de cada uno de los restantes seis negritos luciendo el traje típico montehermoseño, junto al gorro militar. El palotero, va vestido de forma distinta, ataviado con un traje de bufón, con la mitra imitando al Santo y portando en la espalda un zurrón con la piel de cabra.
Todos reunido de nuevo se acercan a la casa del mayordomo para repetir la danza del día anterior, “La Zapateta”. Cuando repican las campanas se dirigen a este lugar donde van a recoger al párroco para dirigirse de nuevo a la ermita del santo bailando y tocando un pasacalles.
En la puerta de la ermita bailan diferentes danzas. Al terminar, se adentran en el interior de la ermita y comienzan los actos en honor a San Blas. Cuando finaliza el sacramento la comitiva acompañada por los mayordomos y los negritos llevan el santo a la plaza Mayor donde los negritos llevarán a cabo el baile de las 17 danzas:
La zapateta, la golondrina, el cardo, la zarza, el jaramago, el ama del cura, los oficios, la danza del pie, la culebra, la emperadora, la gascona, los vuelos, el mambrú, la moza gallarda, la sorda, el cordón y la zorrita.
Mientras los negritos realizan su baile el palotero realiza muecas y saltos para distraer a los negritos y para hacer reír a los niños. Al acabar cada danza es el encargado de hacer una reverencia al Santo a la vez que proclama ¡Viva San Blas!
Al finalizar mayordomos y negritos se dirigen por todas las calles del pueblo vendiendo el conocido cordón de San Blas, donativo que va destinado al santo.