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Pliegos sueltos
Misa sí, Diputación no
Carmen Galán   
03 nov 2006 actualizado 00:00 CET :: Leído 801 veces
Llegada de los Reyes de España a Cáceres
Llegada de los Reyes de España a Cáceres
Vinieron los Reyes a Cáceres. Llegaron e hicieron como el Imperio romano, Llegaron Vieron y Vencieron. ¡Qué seguridad! ¡Qué lujo de coches! ¡Cómo brillaban esos cristales ahumados en ese día espléndido! Fue como si hasta Dios estuviera de su parte. ¿ Qué vimos? Eso es otra historia, grata y estupenda que alguien que como yo, periodista novato sin acreditación, aunque con muchas ganas, vivimos.


Mira que me arreglé para ese momento: mi abuela me decía” hija no vayas con malas pintas a ver si no te van a dejar entrar”.

Puse empeño, pero, seguro que no seguí las tendencias, ni las instrucciones de mi abuela , porque entrar no entré. ¿A la exposición? ¿Qué dices? Ni a la exposición , ni a la plaza de S. Mateos, ni a los Adarves. Ni pasé del Arco de la Estrella, ni a la Plaza de Santa María, me quedé detrás de la valla.

Estupenda valla azul que protegía, como si se tratara de su  propia vida, un impertérrito policía al que le sentaban muy bien las “rayban”. Y allí me quedé, en el lado izquierdo de la fachada de Santa María, junto a otros muchos que tampoco pudieron traspasar ese cordón que nos separaba de la realidad que nos muestra la tele.

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Pero ¿cómo explicar esa consecución de secuencias de Berlanga? No hay palabras para hacer una foto de lo que vivimos. Mientras,esperábamos verlos aparecer, toda una mañana de espera, nos encontramos con Vicenta, ahora ya nuestra amiga Vicenta.  Se sabía la vida de la familia como si fuera parte de la suya, y eso que , como ella decía “la Leticia, no, esa creo que no”. La que más vale es la Elena, esa sí que tiene clase, aunque con lo que está padeciendo la pobre con el Marichalar. Mira que le gusta la fiesta. Y la Cristina tampoco, esa es muy informal, va a lo suyo y ya está”.

Y mientras Vicenta nos narraba los pormenores y sin sabores de ser miembro de una familia tan especial, los que trabajaban en la Diputación regresaban de su café y se encontraban con una valla azul, no os olvidéis estábamos detrás, que les impedía el paso. No sé si fueron miles o cientos o decenas, era como Algeciras en  Agosto, los funcionarios de la diputación que regresaban a su puesto de trabajo y con cara de pena les decían al policía, que seguía sin mover un músculo: “¿Por favor podemos pasar, trabajamos en la Diputación? Pero ni las ganas  de trabajar reflejada en la cara, pudo con un “NO” rotundo de nuestro guardián.

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De vez en cuando, Vicenta le daba un respiro y ella misma contestaba :” ¿Qué vas a la Diputación?  Pues date la vuelta majo, que por aquí no puedes pasar. Así entre las charlas y las preocupaciones de Vicenta por el traslado del Obispo, que no iba a poder dormir en la nueva cama, con lo bien que le habíamos tratado los cacereños, tantos años y ahora se lo llevaban. Entre los aplausos y voces de unos  pocos anarquistas que mostraban su bandera en forma de protesta y a quienes quisieron hacer invisibles a base de interponer coches oficiales entre ellos y las cámaras, pasó la mañana.

Ya era la una, del mediodía quiero decir, y empezó una nueva peregrinación: feligreses devotos que acudían a misa de una e indignados hacían cola detrás de la valla para poder pasar a Santa María a escuchar el Santo oficio.Vicenta seguía echando para atrás a los de la Diputación: “Que no, Diputación no”.

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Seguro que ya habían terminado con el café y las cañas y el pinchito y les remordía la conciencia. Y los fieles a la misa de una continuaban relatando. Así se hizo el milagro, algo pasó.  Nuestro policía, abrió la valla y dijo: “ los de la misa sí”. Esa era  la nueva consigna, Vicenta que sabe de mundo porque la edad da experiencia, los cazaba al vuelo.”Oye, tú ¿A misa? por aquí. Los de la Misa sí.
Ya, cuando se apostaba una persona con cara de querer pasar Vicenta salía al quite: Misa Sí, Diputación, no. Y quedó todo claro. En estas estábamos cuando los reyes salieron del fabuloso palacio de Mayorazgo, se montaron en sus relucientes coches y Vicenta se quedó sin saber cómo eran los zapatos de la reina.

Nosotros no vimos la Exposición, ni a los Reyes, aunque sí pasamos una estupenda mañana soleada de otoño en la parte antigua de mi querido Cáceres.

 
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