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Pliegos sueltos
La Fiesta de las Rosas
Pilar Fernández   
07 abr 2006 actualizado 12:08 CET :: Leído 845 veces
Hace pocos días que hemos entrado de verdad en la primavera, estación floral por excelencia. No hay flor que represente mejor los sentimientos que la rosa, no en vano ha sido definida como la más humana entre las flores. A continuación hablaremos de la “Fiesta de las Rosas” que se celebra todos los años en el Marruecos profundo, al sur de Atlas, en plena cultura bereber. En la segunda semana de mayo, bien adentrada la estación, el Valle del río Dadés acoge esta celebración que es una verdadera orgía de perfumes.

Dicen los árabes que la primera rosa nació de una gota de sudor del profeta Mahoma. El origen de la rosa es prehistórico, pero entonces sólo existía un arbusto que producía flores de cuatro pétalos. La flor, tal como la conocemos hoy, ha sido posible gracias a los sucesivos injertos realizados por numerosos jardineros. Los primeros ejemplares de la “rosa de mil pétalos”, tal como la conocemos actualmente, se cultivó por primera vez en Persia y de ahí pasó a Siria donde se perfeccionó aún más. Fueron unos peregrinos los que trajeron la “rosa de Damasco” a la vuelta de un viaje a La Meca, hasta  la localidad marroquí de Kelaâ M´gouna, en el Valle del Dadés, cerca de la Quarzazate.

La “Fiesta de las Rosas” marroquí es eminentemente femenina. Las mujeres de esta población recogen en cada estación de las plantaciones de rosales del Valle del río Dadés unos 20 Kilos de rosas que tienen como destino los maestros perfumistas de todo el mundo. La recolectan de forma manual y se transporta en aireados cestos de mimbre. Una pequeña parte de las mismas se reserva para el consumo cotidiano de la familia.

Con las rosas que se guardan, las campesinas marroquíes elaboran agua de rosas para tonificar la piel, limpiar los ojos o contra las picaduras de los mosquitos y otros insectos. Más diluida, el agua de rosas se emplea en el baño o, mezclada con alheña, da lugar a la tradicional “henna” con la que tiñen su cabello o tatúan el dorso de sus manos y sus pies.

Estas campesinas, que se cubren la cabeza con un gran pañuelos floreado del que penden unas lentejuelas grandes como monedas, venden el kilo de capullos de rosa a muy bajo precio. El importe es tan mísero que lo que obtienen por el producto no les alcanza ni para comprar un kilo de dátiles. Terminada la celebración de la primavera, llega el cálido verano, y con él, las mujeres vuelven a las casas de adobe donde se encierran prácticamente durante toda la canícula, por lo que la fiesta de las rosas es una de las pocas oportunidades que las féminas tienen de celebrar la llegada del buen tiempo al aire libre.

Orígenes de la Rosa

 
Decíamos que la rosa, para los árabes, nació de una gota de sudor del Profeta, pero no es ésta la única versión mítica del origen de esta cautivadora flor. Una leyenda griega cuenta que la rosa procede no del sudor, sino de la sangre derramada por el bello joven Adonis, cuando éste fue atacado por un jabalí. A su vez, los mitos romanos aseguran que nació de la sangre de la diosa del amor, Venus.
 
Las estatuas de Baco, dios de vino, Cupido y Venus, dioses del amor, eran coronadas, en la antigua Roma, con guirnaldas de rosas. Los latinos fabricaban un exquisito vino de rosas, hacían alfombras con ellas para recibir a los personajes ilustres o a los novios y solían plantar rosales en la puerta de sus casas para atraer el favor de la diosa más hermosa. En la sociedad romana la rosa simbolizaba, además, la discreción, y cuando, en forma de ramillete, se exhibía en algún salón, su mensaje invitaba al silencio.
 
Por otra parte, antiguos documentos desvelan que la rosa era utilizada en los rituales funerarios egipcios. Los turcos, allá por el siglo X, fueron los primeros en elaborar el agua de rosas. Asimismo, el célebre médico persa Avicena la menciona en sus tratados como un eficaz remedio oftalmológico, dental e intestinal.
 
La Esencia de rosas

 
Siguiendo con la historia, se cuenta que la esencia de rosas fue descubierta en la antigua Persia, hoy Iran, de una manera completamente casual. Para celebrar la boda de la princesa NourDjihan con el emperador Djihanguyr, rodearon los jardines con canales llenos de agua en la que depositaron cantidades ingentes de rosas.

Debido al calor, los jardines del palacio imperial se impregnaron de un aroma penetrante. En los canales apareció una sustancia amarillenta, producida por el efecto del sol sobre los pétalos: habían descubierto, sin querer, la forma de elaborar la esencia de rosas más pura que existe.

Prodigios de las Rosas

Las rosas fortalecen los vínculos amorosos. Propician la resolución de problemas físico-emocionales como la frigidez o la impotencia. Alimentan el deseo y el placer erótico. El aroma de las rosas relaja y favorece el sueño, también crea una atmósfera de complicidad y confianza entre las personas.

Aplicaciones mágicas

En magia amorosa: siempre trabajaremos con rosas rojas a las que, previamente, les habremos quitado las espinas. Antes de acudir a una cita amorosa, en la que presumimos que habrá contacto físico, nos bañaremos con pétalos de rosa roja a la que incorporaremos un poco de canela y vainilla.

En la magia en general: antiguamente se creía que las rosas atraían a las hadas y a los elfos. El olor de las rosas estimula la creatividad. Soñar con ellas vaticina alegría y un matrimonio dichoso. Esparcir rosas calma las tensiones en el hogar o en el trabajo.


El Color de las rosas y el amor en el lenguaje de las flores

Rosas rojas: encarnan el amor valiente y significan: te quiero. Los capullos de rosas rojas simbolizan la inocencia.

Rosas Blancas: Son la pureza y la humildad. Un ramo de esta variedad de rosas puede significar también una reclamación de silencio sobre un secreto que no se debe divulgar. Los pimpollos de rosas blancas hablan de un amor sublime y delicado.

Rosas Rosadas: Aluden al respeto y la simpatía hacia alguien. Pueden querer decir que no estamos enamorados, pero que admiramos a una persona. Los capullos hablan de rubor y sentimientos esperanzados.

Rosas amarillas: Son a la vez signos de alegría y de celos. Los retoños nos invitan a iniciar el juego amoroso.

 
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