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La Atlántida ¿Existió en realidad? Pliegos sueltos |
| La Atlántida ¿Existió en realidad? |
| Pilar Fernández Rodríguez |
| 21 dic 2005 actualizado 13:50 CET :: Leído 810 veces |
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En sus “Diálogos” Platón detalla los pormenores de una isla de grandes dimensiones que se hallaba en el Océano Atlántico y que recibía el nombre de Atlántida. 25 siglos después, ni los científicos, ni los arqueólogos, han logrado hallar ni un sólo indicio que demuestre lo que decía el famoso filósofo griego.
''Hoy podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nunca ha habido una gran isla en mitad del Atlántico y que ni Las Azores, ni Las Canarias, ni Cabo Verde, son los restos de ningún continente hundido. Se trata sólo de islas volcánicas que han surgido en una zona donde se está creando una gran cordillera''. Pero Platón no fue el único hombre ilustre de la antigüedad que hizo alusión a esta misteriosa isla. Ante que él contaba el poeta Homero una historia que le refirieron a Solón los sacerdotes egipcios según la cual existía un país en mitad de océano, más allá de los límites de la tierra firme. Una misteriosa isla a la que Homero denominó “Isla Afortunada” que estaría situada, más o menos, donde hoy se hallan Las Canarias, Las Azores y Cabo Verde, en mitad del océano. Por su parte, Aristóteles afirmaba que era muy extensa en longitud, se localizaba frente a las columnas de Hércules (hoy Estrecho de Gibraltar) y estaba poblada de grandes bosques y tierras muy fértiles. Sin embargo, de todas las citas del mundo antiguo, la más completa, sin duda, fue la de Platón. El autor dedica dos de sus Diálogos: “Critias” y “Timeo” a la descripción detallada de La Atlántida. Dice Platón que en medio del océano Atlántico más allá de los límites el mundo conocido en su tiempo, es decir de Europa, (hoy diríamos más exactamente, entre Europa y América) se hallaba un continente que era, en realidad una isla de enormes dimensiones, donde moraba un pueblo extraordinariamente civilizado y rico, una raza de hombres y mujeres altos y hermosos que, en sólo dos días y a consecuencia de un cataclismo, se perdió para siempre en las profundidades del mar. Platón dedicó unas 20 páginas de lo que sería un libro de hoy en día a hablarnos de la Atlántida. Como decimos, se refiere a ella en dos de sus “Diálogos”. En “Timeo”, hace una brevísima mención de su existencia y de cómo los atenienses habían luchado contra sus ejércitos. En el segundo de los diálogos, “Critias”, se adentra de lleno en el tema y nos cuenta con todo detalle la constitución física de la isla, sus dimensiones y forma, su sistema de gobierno y el origen mítico de sus habitantes, los atlantes. En la descripción que realiza Platón, hay cuatro puntos que nos llaman poderosamente la atención: El origen mitológico de los atlantes, un pueblo extraordinario; la fecha en la que tuvo lugar, supuestamente, su guerra contra el estado griego de Atenas; el gran tamaño de la isla y la existencia de una gran zona de fango, no navegable, más allá de las Columnas de Hércules. Vayamos por partes, El filósofo nos cuenta que la isla o continente fue concebida por el dios del mar, Poseidón. En el centro de la misma había una enorme montaña (en la que algunos han querido reconocer el volcán del Teide) En ella habitaba el rey de los atlantes, Evenor, junto a su esposa, Leucipe, ambos tenían una hermosa hija llamada Cleto de la que el dios de océano se enamoró y la desposó. Para albergar su nuevo hogar con la princesa atlante, Poseidón construyó para ella un enorme palacio con dos manantiales que fluían sin cesar, uno de aguas calientes y otro de aguas frías. Rodeó el palacio de cinco anillos, dos de tierra y tres de agua, comunicados por puentes y navegables, haciendo que creciera un gran jardín, lleno de huertos y frutas en abundancia. Cleto, su esposa, dio a luz cinco parejas de gemelos, todos ellos varones. El primero en nacer se llamó de Atlas que dio nombre a la isla y a todo el océano que la circundaba. Al llegar sus hijos a la edad adulta, Poseidón dividió el reino en diez parte, una para cada uno de ellos. La isla era rica en todo aquello que es imprescindible para la vida y era la única productora de un misterioso metal denominado “oricaldo”, sólido y fisible que estaba a medio camino entre el cobre y el oro. Conocían también el estaño y el oro puro. Había, asimismo, muchos bosques, con suficiente madera para construir dársenas, puentes, templos o barcos. Sus pobladores, los atlantes, era altos, orgullosos y atrevidos, cruzaban el océano con sus naves y se expandieron hacia el norte de África, llegando hasta Egipto y Grecia. Estos hombres gigantescos, amaestraban elefantes, cultivaban los campos, planeaban y ejecutaban obras hidráulicas, acueductos, puentes, canales de riego o grandes estadios para la práctica del deporte. Eran, además, grandes arquitectos y mejores artistas Al menos, eso es lo que nos cuenta Platón. Aunque hay que reconocer que esto no parece una crónica histórica demasiado precisa, sino más bien una leyenda mitológica. Por otra parte, la supuesta guerra entre los ejércitos atlante y ateniense tuvo lugar, según nuestro autor, 9.000 años antes de se escribiesen los diálogos. Si tenemos en cuanta que Platón nació, aproximadamente, en el 427 a C., resulta que la guerra entre atlantes y atenienses se produjo hace unos 11.500 años. En la época griega clásica no se tenían los conocimientos de hoy en día. Ahora sabemos que por entonces todavía el hombre estaba en la Prehistoria, los seres humanos se agrupaban en tribus de cazadores recolectores y todavía faltaban mucho siglos para que existiese Atenas. En el “Critias” se dice que La Atlántida estaba situada más allá de las Columnas de Hércules y su dimensión era superior a “Libia y Asia juntas”. Sin embargo, los conceptos que tenían los griegos de Libia y de Asia no coinciden con los nuestros. El país libio era la parte occidental de África y Asia era sólo la actual Asia Menor. No obstante, no se está hablando de una islita, sino de una isla muy grande. Si hemos de ser fieles al filósofo, habría que situarla en el océano Atlántico, más allá del Estrecho de Gibraltar, en la zona que están a medio camino entre el continente europeo y el americano. (Algo que no podía saber Platón, claro, pero que hoy conocemos nosotros). Respecto al argumento platónico referido en “El Timeo” de que, tras el hundimiento de la isla, debido a un gran cataclismo, quedó una enorme zona de arcilla y restos de una isla a muy poca profundidad que impedían la navegación, el misionero Tomás de Acosta, que vivió en el siglo XVI, detalla en su obra “Historia Natural y Moral de Las Indias”, que la teoría de Platón es errónea y así lo demuestran los numerosos viajes que se han hecho desde el Estrecho de Gibraltar hasta las Américas. En ningún sitio hay fango ni restos de la isla a poca profundidad que causara el encallamiento de los navíos. A pesar del sentido común del citado misionero, existen otras versiones sobre este punto. Por ejemplo, el jesuita científico Anastasio Kircher afirmó en 1665, en su libro “Mundus subterraneus” que la Atlántida existió y muestra un mapa con la enorme isla en mitad del Atlántico. Tal vez para los autores del siglo XVI, e incluso para los de principios del XX, no era descabellado situar una gran isla en la zona en la que hoy en día están Las Canarias y Las Azores, a las que podríamos considerar como restos de un sexto continente hundido. Sin embargo, el conocimiento de los fondos marinos ha ido aumentando. En ello ha jugado un papel muy importante el desarrollo del tendido de los cables telegráficos y telefónicos transoceánicos, ya que conocer la orografía de los fondos del mar era absolutamente esencial para saber donde tenderlos. En los años 30 y 40 se utilizaron sondas acuáticas para trazar un mapa de los fondos marinos. Hoy podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nunca ha habido una gran isla en mitad del Atlántico y que ni Las Azores, ni Las Canarias, ni Cabo Verde, son los restos de ningún continente hundido. Se trata sólo de islas volcánicas que han surgido en una zona donde se está creando una gran cordillera. Otro de los argumentos que se han esgrimido para defender la existencia de la Atlántida eran las similitudes entre la flora y la fauna de Europa y de América, con lo que se quería demostrar que la supuesta isla sirvió de puente entre ambos continentes. En la actualidad también sabemos que, hace unos 200 millones de años, todos los continentes de La Tierra estaban unidos en uno sólo, al que denominamos Pangea. Las investigaciones han definido muy bien este continente primigenio y se conocen ya como estaban unidas sus piezas. Todas encajan perfectamente, sin dejar ningún hueco para La Atlántida. Cuando Pangea empezó a romperse en pedazos, entre las dos Américas y Europa-África, comenzó a formarse una cordillera que fue separando los dos extremos. El parecido entre la flora y la fauna de América con los de Europa y África viene dado porque, durante muchos millones de años, estuvieron todos unidos. Esos mismos millones de años en los que también han estado separados, explicarían las diferencias entre ellos. Sólo tenemos que volvernos hacia los textos de Platón y realizar una segunda lectura más atenta de los mismos, para, con unas escuetas nociones de arqueología y de geología, comprobar que aquella historia era totalmente inconsistente. El filósofo se equivocaba. Erró en la época, en el lugar de ubicación y en el tamaño de la isla. Sin embargo, hay otra suposición más plausible de la que siempre nos quedará la duda. ¿Platón se confundió realmente o, tal vez, en sus “Diálogos” de “Timeo” y “Critias” no nos hablaba de una isla real, de un relato histórico, sino, más bien, simbólico o alegórico, una descripción de lo que sucedería cuando los seres humanos se llenaran de soberbia, se creyeran autosuficientes y se apartaran de las leyes de los dioses?. Esta hipótesis se impone como la más verosímil. Aunque la fantasía, la loca de la casa, sigue siendo libre para elucubrar sobre la hermosa leyenda de un continente mítico perdido en las profundidades del mar. |

