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Julio Verne ¿Científico o Visionario? Pliegos sueltos |
| Julio Verne ¿Científico o Visionario? |
| Pilar Fernández Rodríguez |
| 31 mar 2006 actualizado 00:22 CET :: Leído 715 veces |
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Julio Verne, el mago de la narración fantástico-científica, ha sido definido como visionario, místico, profeta o genio. El autor de “Veinte Mil leguas de viajes submarinos” es para muchos, a estas alturas del siglo XXI, un desconocido ¿Quién fue en realidad? ¿Qué le inspiró? ¿Realmente tenía dotes para la profecía y para adelantarse a los descubrimientos posteriores? A todas estas cuestiones trataremos de contestar a continuación. Julio Verne nació en la localidad francesa de Nantes el 8 de febrero de 1828 y falleció en Amiens el 24 de marzo de 1905. Aunque desde pequeño ya mostró un gran entusiasmo por la escritura, su primera obra de éxito no aparece publicada hasta que no cumple los 35 años de edad. Fue un escritor prolífico, ya que editó más de 80 novelas. Según datos de la UNESCO, es el segundo autor más traducido del mundo y sus obras han sido vertidas a 112 idiomas. Nació en el seno de una familia burguesa y conservadora. Su padre, Pierre Verne, abogado e hijo de juez, de conducta muy estricta, jamás pudo imaginar que en su descendencia habría lugar para un bohemio narrador de historias increíbles. De hecho, ya antes del nacimiento del futuro escritor, anunció al resto de su familia que su hijo sería abogado. Los planes del padre iban encaminados hacia un destino muy concreto, mientras que los del hijo, inquieto y creativo, se dirigían hacia otro bien distinto. En su niñez, Julio Verne destacó por su carácter rebelde y nervioso. Según se cuenta, muy pronto se le adivinó amante de las aventuras. Ansiaba conocer cosas nuevas, descubrir paisajes lejanos y, sobre todo, viajar. El padre del futuro creador del género literario de la ciencia ficción, quiso moldear a su hijo bajo los rectos principios que, en su opinión, sustentaban a todo ciudadano de pro y, por ello, le facilitó los estudios precisos y una carrera a medida. Verne, sin embargo, lejos de querer seguir los dictados que marcaba su progenitor, deseaba, por encima de todo, conocer el mundo. El novelista vivió su primera gran aventura a los once años, cuando decidió enrolarse en un barco con destino a La India. Harto de soportar la presión familiar, el pequeño Julio se dirigió al puerto con la intención de fugarse. Su padre le detuvo en el mismo barco. Fue el fin de su aventura y un terrible castigo: sería azotado en público y encerrado a pan y agua. Sus penalidades, sin embargo, no acabaron aquí, ya que Pierre Verne le hizo jurar que reprimiría sus anhelos de viajar y que, llegado el caso, sólo utilizaría su imaginación para surcar los mares. Julio cumplió su promesa, hecho que no ha impedido que hasta hoy día siga navegando en las sucesivas reediciones que se han hecho de sus novelas en todo el mundo. El padre de Julio Verne creyó que con aquel desenlace podría dar el problema por concluido. Nada más lejos de la realidad. Todavía faltaban algunos años para que nuestro autor se dedicara a escribir, pero ya por aquel entonces el futuro del joven Verne parecía estar bastante claro. A los 17 años comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo de la literatura escribiendo una tragedia en verso. Tres años después, obedeciendo a su padre, se trasladó a París para estudiar derecho. En la capital francesa comenzó a trabar amistad y a compartir inquietudes con otros muchachos de la época. Aunque no abandonó sus estudios, siempre mantuvo la pluma al alcance de su mano. Escribió con Alejandro Dumas Hijo y se fue abriendo paso en la composición de dramas teatrales. Finalizó sus estudios de abogacía, pero la literatura siguió ejerciendo sobre él una atracción irresistible. Finalmente, acabó por enfrentarse a su padre y le comunicó que no deseaba emplearse en su bufete. Había decidido que sólo seguiría el camino de las letras. Su progenitor optó por retirarle todas las asignaciones económicas y Verne tuvo que pasar momentos muy duros. Malvivió colaborando en revistas y escribiendo operetas y dramas durante un tiempo. Verne buscó un hueco en el mundo de la literatura, hasta que un día vio la luz: escribiría, sí, pero sobre la ciencia, basándose en ella. La empresa no le resultaría nada fácil puesto que carecía de los conocimientos necesarios. Lejos de caer en el desánimo, nuestro autor decidió emplearse a fondo para alcanzar sus objetivos. En la Biblioteca Nacional de París se empapó de química, botánica, geología, mineralogía, geografía, oceanografía, astronomía, matemáticas, física y mecánica, entre otras disciplinas. Poco a poco, fue penetrando en los círculos más ilustrados de la época y contactó con exploradores, viajeros, periodistas y científicos. El caldo de cultivo para su obra ya estaba a punto. Poco después, en 1863, apareció su primera gran obra ”Cinco Semanas en Globo”, desde ese momento, su fama sólo hizo que crecer. Sus obras y “París en el siglo XX” Entre sus novelas más famosas destacan: “Viaje al centro de la Tierra”, “De la Tierra a la Luna”, “”La Vuelta al mundo en ochenta días”, “Miguel Strogoff”, “Veinte mil leguas de viajes submarinos” o “Los Hijos del Capitán Grant”. La vasta literatura de Julio Verne incluye, sin embargo, algunos libros menos conocidos como, por ejemplo una de sus primeras obras, “París en el Siglo XX”, una novela futurista que describe avances que hoy en día hemos logrado alcanzar. Hasta sus editores se sorprendieron de la capacidad creativa de Verne para atribuir al futuro inventos que hoy se han hecho realidad. El libro sobre el París del siglo XX fue una de sus primeras novelas y en ella se cuenta, por ejemplo, que las calles de la capital francesa se iluminaban, pero no con las lámparas de gas propias de la época, sino con fuertes focos de electricidad. Dicho de otro modo, se adelantó al uso masivo de las farolas. Para Verne en la ciudad de la luz existían unos pequeños trenes que viajaban bajo la tierra ¿Quién no conoce hoy el metro? Yendo más lejos todavía, Verne aseguró que en la ciudad se levantaría una gran torre metálica. Sobra decir que, por aquel entonces, la Torre Eiffel ni siquiera estaba proyectada. El proceso creativo del genio Cabe preguntarse ¿Mantuvo Verde contactos con sociedades secretas de la época? ¿Se relacionó con grupos de poder científico? ¿Era un visionario, un profeta o un iluminado? Éstas y otras muchas preguntas surgen de inmediato al hablar del prolífico escritor. La Inspiración por sustancias alucinógenas: En más de una ocasión han aparecido teorías acerca de las sustancias psicoactivas o alucinógenas que, supuestamente, Verne ingirió con el fin de tomar perspectiva de la realidad y poder viajar a mundos virtuales. Hay quien asegura que sus descompensaciones metabólicas, ya que padecía diabetes, le habrían facilitado el acceso a dosis adicionales de drogas endógenas que incentivaron su creatividad y que le proporcionaron dones de videncia, tal y como les sucede a algunos chamanes. Es posible, pero sin su vasta base de conocimientos científicos, le habría resultado imposible escribir algunas de sus creaciones. La utilización de los sueños: el mundo del escritor no era onírico, aunque en relatos como “Viaje al centro de la tierra” recurrió a ciertos güiños que nos conducen a pensar que Verne creía en la existencia de un mundo más allá del nuestro. En este sentido es preciso señalar que no fue el causante de la teoría de los intraterrestres o pobladores del interior de la tierra. Algunos defensores de la teoría de “los sueños reveladores” aseguran que Verne era capaz de dominar sus vivencias oníricas e incluso de obtener revelaciones proféticas a través de sus sueños, que acabarían, con el paso del tiempo, plasmándose en la realidad. ¿Pudo contactar con seres del Más Allá? Nos referimos a Extraterrestres o a seres de ultratumba. Nunca se ha demostrado que Julio Verne hubiera sido abducido por seres de otro mundo, aunque la publicación de relatos en los que aludió a ingenios voladores o a la aparición de alguno de ellos en lugares y fechas similares a las que él citó, han servido como hipótesis de trabajo para quienes sustentas que el novelista extrajo parte de sus conocimientos de seres de otros mundos. Éstos le habrían podido anticipar hechos que estaban todavía por suceder. Una teoría muy curiosa es la que defiende que Verne contactó con “crononautas” o seres que viajaban en el tiempo y que le suministraron información de lo que pasaría en el futuro. ¿Tenía nuestro autor en don de la profecía? En lo científico, sí. No cabe duda de que visualizó y describió helicópteros, bombas de fragmentación, submarinos, cohetes espaciales, misiles e incluso algo tan doméstico como el aire acondicionado ¿Videncia o visión de futuro? Posiblemente, simple conocimiento. Verne se pasó años estudiando en las bibliotecas parisinas. Leyó todo tipo de trabajos científicos. Sabemos que sus obras rebosan documentación. De pequeño, se le prohibió viajar y vivir aventuras en el mundo real, pero se las arregló para fraguarlas en su imaginación, utilizando los conocimientos que adquirió mediante la lectura y el estudio. Su erudición pudo ser la causa de sus sorprendentes premoniciones. Sorprendentes coincidencias entre Julio Verne y la NASA En el caso del viaje del ser humano a la luna, Verne lo describió bastantes años antes de que sucediese en la realidad en su curioso libro “De la Tierra a la Luna”. Es muy interesante constatar las numerosas coincidencias entre el hecho literario y el suceso real que dirigió la NASA 113 años después. La Nave: En la novela el artefacto volador se llama “Apollon”. La nave real construida por la NASA se denominó “Apolo”. Para más inri, el peso de ambas máquinas era bastante similar. El Telescopio: En la obra de Verne, la nave que surca el espacio en dirección a la luna es seguida desde la Tierra con un gran telescopio. En la realidad, se hizo del mismo modo. Este punto parece irrelevante, salvo cuando analizamos los datos y vemos que las dimensiones y el diámetro que tiene el telescopio de Verne son idénticos al seguimiento del Apolo desde Monte Palomar. La Velocidad: La nave de Verne volaba a 40.000 kilómetros por hora y la nave real de la NASA lo hizo a 38.500 Km hora. La diferencia, como ven, es prácticamente irrelevante. La Gravedad: ¿Cómo sabía Verne que la ausencia de gravedad en el espacio implica que los cuerpos floten en el aire? Lo desconocemos, pero lo cierto es que describió el fenómeno muchos años antes de que se pudiera comprobar. El Amerizaje: Julio Verne decidió que su nave literaria se posara sobre el Océano Pacífico. La NASA hizo lo propio. Ahora bien, el colmo ya de las coincidencias lo descubrimos cuando se observa que la distancia que separa ambos amerizajes es sólo de cuatro kilómetros. Sorprendente ¿No? Demasiadas casualidades. Sigan leyendo a Julio Verne, se adelantó a su tiempo, y, aún al nuestro. |

