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Pliegos sueltos
Juan Rodríguez Suárez Pliegos sueltos |
| Juan Rodríguez Suárez |
| Carmelo Arribas |
| 19 abr 2008 actualizado 09:51 CET :: Leído 172 veces |
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Sin duda el dicho de que caer en gracia es mas importante que ser gracioso, tiene su versión adecuada, en el superman extremeño D.Juan Rodríguez Suárez. Este apelativo de supermán que le he colocado, le cuadraba perfectamente, no solo por la capa roja que le identificaba, sino porque este emeritense fundador de la Mérida Venezolana, fue invencible y murió de agotamiento luchando él solo rodeado de enemigos, incluso ya muerto tendido en el suelo, no acababan de creérselo. Sin embargo sus hazañas no han tenido ni en vida, ni en muerte, el predicamento que se merecían, incluso en su ciudad de origen, Mérida, su busto colocado inicialmente junto a la Alcazaba, en la Calle Puente, fue sustituido por un obelisco, y arrinconado, posiblemente se encuentre en la actualidad en algún almacén municipal, amontonado junto a trastos inútiles o en desuso. "No deja de sorprender que el monumento a Suárez sea más grande que el del propio Libertador en la Plaza Bolívar." Con esta frase, entre sorprendida y quejosa se describe, en una publicidad turística sobre la ciudad de Mérida de Venezuela, la estatua del emeritense fundador de la ciudad. Sin embargo las imágenes que pueden verse del lugar a donde relegaron la estatua tiene todo el aspecto de ser una zona, para definirla sin muchos ambages, más bien cutre. La memoria de Juan Rodríguez Suárez, ha pasado por mejores momentos en esa ciudad. La llegada de Hugo Chávez al poder, con el enaltecimiento del cacique Guaycaypuro, que capitaneaba a los indios contra los que murió luchando el emeritense, colocando sus supuestos restos en el Pabellón Nacional junto a los de Simón Bolívar "el libertador", auténtico mito ensalzado hasta el exceso, y con cuyo nombre ha bautizado su movimiento "bolivariano", pone difícil recabar un reconocimiento del extremeño con motivo del el 550 aniversario de la fundación de la ciudad Venezolana, a la que llamó Mérida para recordar su lugar de origen. Noticias como: De todos modos su memoria histórica no ha tenido mucha suerte a través de los años. Su nombre ni tan siquiera ha sido vilipendiado como el de otros conquistadores extremeños, ha sido peor, ha sido ignorado, porque no hay peor desprecio que no hacer aprecio. Sorprende, al abordar la biografía de este personaje, la escasez de datos sobre el mismo y el poco, casi nulo, reconocimiento a nivel oficial que se ha hecho de su persona, no sólo de los cronistas de su época, sino ni tan siquiera de los escritores extremeños posteriores. Cabría esperar que Bernabé Moreno de Vargas del S.XVII, que dedica un Capitulo de su Historia de Mérida, a nombrar a los personajes ilustres que han nacido en la ciudad1: De los varones insignes en santidad, religión, letras y armas que en nuestros tiempos ha tenido Mérida, ni tan siquiera, tiene una referencia para emeritense Juan Rodríguez Suárez. Más cercano a nuestro tiempo 2 Publio Hurtado ( 1850-1929), que en un estudio sumamente prolijo cita hasta a colonos como Juan Rodríguez de Villalobos, soldado de Pizarro, cuyo mérito principal es que se le considera el primero que aró la tierra con bueyes, tampoco hace mención al mismo. Aunque sí lo hace D. Vicente Navarro del Castillo,3 en un catálogo biográfico de 6.000 conquistadores, colonizadores y evangelizadores extremeños, y lo considera lo suficientemente importante como para dedicarle un par de páginas. Las múltiples aventuras, de este supermán extremeño acabaron cuando los caciques Guaycaypuro y Paramaconi, juntamente con gran cantidad de indios le emboscaron y atacaron, a él y a sus seis compañeros acosándolos durante tres días. Juan Rodríguez se refugió en una colina y envió a Alonso Fajardo a pedir socorro, pero su perro le delató con los ladridos y fue muerto. Posteriormente caerían sus otros cinco compañeros. Juan Rodríguez apoyado contra un árbol y rodeado de indios cayó muerto de agotamiento. Aún en el suelo los indios no se atrevían a acercarse al cadáver, puesto que les infundía terror. Al comprobar que estaba muerto se repartieron sus restos y su capa roja como trofeos de guerra de un personaje invencible. Guaycaypuro se quedó con su espada, de la que no se desprendería hasta su propia muerte.−...............................................................................................................− 2 Hurtado Publio. Los extremeños en América. Ed. A. Artero Hurtado. Sevilla 1992. 3 Navarro del Castillo; Vicente. La Epopeya de la Raza Extremeña en Indias. Pg. 317 .Ed. El autor. |

