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Seguimos con los textos de Branco no branco donde Eugenio de Andrade nos introduce en la soledad con los sentidos a flor de piel. Cuando describe esta realidad del hombre solo lo hace con descarne, situando la soledad en lo blanco del recuerdo donde los colores se trasparentan, como acuarelas: rosas, verdes, azul ceniza. Sin ánimo de psicologizar los poemas, se observa en su lectura que sólo el hombre que acoge la soledad puede añorar el color de aquello que forma parte de su paisaje interior que es al mismo tiempo una proyección de ese otro paisaje externo y real, en este caso del sur.:
El color de aquellos días-ayudadme/ A buscarlo, la flor de sus aguas, / la estrella aún fraternaen busca de trémulas sílabas/ fluviales/ rosadas transparencias/ rociados carmines, amanecerde risas infantiles y trotes de caballos,/ los primeros verdes, el azul/ casi de ceniza, de ceniza clara en la cima de los álamos. ( XXXIII)
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