La "x", si no es una letra escandalosa, cuando menos es controvertida. Desde el latín, tiene una vinculación con la "x" de nuestro abecedario. En la lengua del Lacio, es, hasta el siglo I, la últina letra del acecedario, de una lista de 21 y, en ella, tenía las siguientes particularidades:
Era una letra compuesta que representaba dos sonidos: ks, cuando se enfatizaba la palabra que la llevaba y gs, cuando se pronunciaba de forma relajada.
Era también doble fonéticamente pues en ambos casos, valía por una gutural sorda / sonora + una dental sorda. Los casos más elocuentes se encuentran en palabras de la tercera declinación como duc y leg que al recibir la s desinencial del nominativo: duc+s o leg+ s se sustituían ambas consonantes por su correspondiente consonante doble -la "x"-, que, en los casos aludidos, darían: dux, ducis y lex, legis. Si separamos, en ambos casos, la terminción -is del genitivo, en los ejemplos propuestos, vemos que la x vale como ks en el nominativo del primero, y como gs, en el segundo.
El romance castellano generó un sonido gutural, sordo procedente de la evolución fonética de los grupos latinos li + vocal, caso de filium; cul, caso de articulum y x intervocálica, caso de complexum, que tuvieron a bien representarlo con "x" que tenía, en todos los casos, sonido de jota, por lo que posteriormente se substituyó la "x" por la "j": filium = fixo = hijo, articulum = artexo = artejo, complexum = complexo = complejo.
Sin embargo, aún han quedado palabras castellanas donde la x tiene los mismos valores sordo ( ks ) / sonoro ( gs ) que tuvo en latín, como podemos apreciar en los términos: examen y éxito.
Pero aún tiene esta letra otro comportamientos más en español y es que se pronuncia como "s" cuanto precede a otra consonante de una palabra, como podemos apreciar en las palabras: excitar, excéntrico, explícito.
En extremeño, ocurrió todo de manera mucho más simple y sencilla, porque, cualquier x, en posición intervocálica, se transformó en una "s": axioma > asioma, axila > asila; en final de sílaba y ante consonante, como ocurre en el caso de l palabra "Extremadura", se aspira: Extremadura > Ehtremaúra, experiencia > ehperencia, excusa > ehcusa o se combina con la consonante siguiente, convirtiendose ambas en otro fonema, del dialecto: exvoto > efotu.
En nuestra tierra, excepto los filocastellanos, todos pronunciamos "Ehtremaúra", con aspiración y sin -d- intervocálica y con la ú, acentuáda apara marcar el hiato existente entre las dos vocales contiguas "aú".
¿ASPIRACIÓN (h) o (j)?
En el momento de escribir en extremeño, unos lo hacen representando la aspiración con hache (h) y otros, dejándose llevar por Galán o Chamizo, la escriben, como jota (j). Me pregunto. ¿Hache o jota?
Hay dos hechos lingüísticos incontrovertibles: Uno. La hache (h), ha representado la aspiración, en algunas lenguas, entre ellas el latín. Dos. La jota (j) nunca ha representado la aspiración en ninguna lengua, a menos que yo sepa.
La "h" fue en su origen, la fenicia heth ( cerrado o muro) que pasó al griego como "eta" (H). En latín, fue un sonido aspirado que desapareció con el tiempo, por lo que pasó al castellano como h muda.
La "i" fue, en su origen, la "yodh" ( brazo ) fenicia de donde pasó al griego como "iota" y al latín como "i". La jota, no existió en latín con el sonido que tiene en español. Tampoco se llamó jota, sino "i longa" (i larga) y sonaba igual que la i. En el siglo XI se le puso el punto a la "i" que no lo llevaba en griego ni en latín y seguía representando la i breve y, la jota (j), la i larga, razón por la que también se le puso el punto y representó esta i larga en los manuscritos medievales.
Pero como, en las lenguas romances, desapareció la distinción entre i breve y larga, desapareció también ortográficamente la j que representaba a la i longa (larga).
Los holandeses la usaban porque representab uno de sus fonemas -muy parecido al de la jota española- y el castellano la tomó de los holandeses, para representar el sonido velar, fricativo sordo a que había evolucionado la "x" que era el de la "j" ; pero el extremeño no tenía ninguna necesidad de la jota (j), porque el sonido velar fricativo de la "j" y el velar fricativo sonoro de la "g" ante "e, i", no existen en extremeño, ya que se convirtieron en una aspiración (h) y, por lo tanto el extremeño no tuvo necesidad de adoptar esa jota.
He aquí, entre otras, la razón por la que no represento la aspiración con "j": porque la "j" no existe en el abecedario, ni en el vocabulario extremeño, aunque se use, como otras consonantes, que tampoco existen en extremeño, para representar palabras de otras lenguas.
Conclusión:
En primer lugar, a mi juicio, el nombre de nuestra tierra es "Ehtremaúra" que es como se ha pronunciado siempre y no "Extremadura", como se nos impone desde la oficialidad, y significa "Tierras extreriores, o fronterizas" en los tres reinos más occidentales de la península en la Edad Media: Portugal, León y Castilla.
En segundo lugar, empleo la "h", para representar la aspiración, a la hora de escribir, por varias razones:
Como el hombre, no es perfecto y lo que hoy parece cierto, mañana puede no serlo, porque así se demuestra con argumentos más convincentes, ya que las lenguas no son ciencias exactas, siempre estaré dispuesto a aceptar, otros puntos de vista, que estén mejor argumentados y sean más razonables que los míos, pero hsta ese momento, éstas son mis razones.
Pablo Gonzálvez González. Maestro nacional jubilado.