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Pliegos sueltos
El ajo y sus asombrosas virtudes
Pilar Fernández   
19 abr 2006 actualizado 08:36 CET :: Leído 2343 veces
ajo1
Ese elemento tan común en nuestra cocina mediterránea, es, al mismo tiempo, un fuerte aliado para protegernos de toda negatividad. ¿Recuerdan las películas de vampiros? Las ristras de ajos en las puertas de las casas eran guardianes contra la figura diabólica del malvado Conde Drácula ¿Verdad?.


El ajo, arraigado y eterno, se ha ido ganando un lugar preponderante no sólo en nuestros fogones, sino también en la historia de la medicina y de la magia. Les hablaremos de las innumerables virtudes este humilde y valioso aliado.

El Ajo y la Medicina
 

ajo
El ajo es, en realidad, un bulbo, al igual que su hermana la cebolla, originario del desierto de Siberia. Fue introducido en Egipto a través de Asia Menor, y, de allí, se difundió a La India y a Europa a través de las rutas comerciales. Desde Egipto hasta Cuba, el ajo se ha empleado con fines médicos y curativos. Sin ir más lejos, en la Edad Media solían comerlo para protegerse de la peste o para curar la lepra.

Antiguamente se preparaba un brebaje para tratar la gripe y los resfriados que consistía en machacar un diente de ajo con una pizca de pimienta cayena. Luego se le agregaban el zumo de un limón y tres cucharadas de miel. Se tomaba después de cada una de las comidas. Asimismo, para bajar la fiebre, se untaban las plantas de los pies con ajos y se daba un masaje.

Otro preparado que tiene al ajo como materia prima es el aceite para los dolores musculares. Para su elaboración se calentaban a fuego lento, durante una horas, dos hojas de laurel y nueve dientes de ajo. Todo ello machacado en un tazón con aceite de oliva tibio. Con este preparado se daban friegas en los esguinces y en las articulaciones doloridas.

Con el tiempo y los estudios que han ido realizando, los médicos y especialistas han descubierto otras cualidades del consumo habitual del ajo en nuestras comidas y cómo repercute en una buena salud:

  • Reduce el colesterol y regula la tensión arterial.
  • Baja los niveles de azúcar en la sangre y combate hongos, virus y bacterias.
  • Es diurético y ayuda a prevenir ciertos tipos de cáncer.
  • Muy efectivo, además,  contra el reúma y la artereoesclerosis.

 
El Ajo y la Magia

 
Ristra de ajos
Ristra de ajos
Es uno de los elementos más utilizados en todo el mundo para proteger la energía de las personas y repeler la negatividad. Veamos algunos ejemplos de su uso en diferentes tradiciones mágicas:

  • Poner ajos debajo de la cama protege de los cambios negativos y de las malas influencias que nos pueden entrar a través del sueño.
  • Llevándolo con nosotros, en forma de amuleto, garantiza la valentía y la fortaleza de ánimo.
  • Enterrado en una maceta de la casa, evita que nos entre el mal.
  • Colgado en ristra detrás de la puerta principal de la casa, repele la envidia y las malas energías.
  • Tocando la piel, ahuyenta a los ladrones y el mal de ojo.
  • Colocado en ristras sobre los armarios protege de potenciales enemigos.
  • Bajo la almohada de los niños, asegura sueños tranquilos y felices.
  • Debajo del colchón y atravesado por un clavo de hierro, protege de los robos.
  • Un remedio de la sociedad rural para eliminar las malas vibraciones que producen las enfermedades era ponerle al paciente un colar hecho con hilos en el que se ensartaban dientes de ajo.

En Canarias, todavía hoy existe la costumbre de colgar ristras de ajos en la cocina para protegerse de todo mal. Cada primer día del mes se quema una cáscara de ajo para que no falte dinero en la casa.

En Cuba son muy famosos los amuletos protectores basados en el ajo. Para confeccionarlos se sigue en siguiente procedimiento: introducir una cabeza de ajo junto a un manojito de hierbabuena, uno de cilantro y otro de perejil en una bolsita de tela blanca. Hay que llevarla a siete iglesias distintas y en cada una de ellas salpicarla con el agua bendita. Dicen que es una protección muy poderosa.

El Ajo en la historia
 
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En un antiguo papiro egipcio, que data de 3.500 antes de Cristo, se hallaron más de 200 recetas médicas basadas en el ajo. Allí se dejaba constancia de sus virtudes para curar casos de cefaleas o dolores de cabeza, trastornos cardíacos, mordeduras de serpientes, parásitos, tumores y problemas dentales.

Otro ejemplo del uso del ajo en el país del Nilo lo encontramos en la misma tumba de Tutankamón donde se descubrieron restos de ajos. No en vano, este bulbo se consumía en el imperio faraónico con fines tanto mágicos como terapéuticos, siendo muy valorado por sus cualidades antisépticas.

El historiador griego Herodoto narra que los esclavos egipcios comían ajo para evitar que las epidemias de tifus y de cólera mermaran sus fuerzas durante la construcción de la gran pirámide de Keops.

Por su parte, en el mundo griego, el médico más importante de la antigüedad clásica, Hipócrates, proclamó las propiedades diuréticas y laxantes del ajo. Por su parte, el filósofo y científico, Aristóteles, lo recomendó para prevenir la hidrofobia. Todo ello sin olvidar las fuentes literarias. En “La Odisea” de Homero, Ulises comió de un tipo de ajo silvestre que impidió que el héroe de Troya fuese transformado en cerdo, al igual que les sucedió a sus compañeros, por obra y gracia de Circe, la hechicera.

Sin embargo, los helenos impedían la entrada en sus templos a quienes hubieran comido tan aromático bulbo. A causa de su fuerte olor, se cuenta que lo utilizaban para ahuyentas a las nereidas del océano. También los antiguos griegos, cuando iban de viaje, llevaban un manojo de ajos tiernos para invocar la ayuda de la diosa Hécate en las encrucijadas de los caminos. Estaban convencidos de que esta deidad, a cada luna nueva, pasaba por las confluencias de caminos acompañada de una fantasmal jauría de perros negros, por eso llevaban los bulbos para protegerse de su furia.

En Roma, el ajo estaba dedicado al Marte, el dios de la guerra.  Los soldados de las legiones solían comerlo antes de las batallas, ya que pensaban que su aroma ahuyentaba a los enemigos. El algunos textos satíricos del poeta Horacio se hace referencia a la desaprobación del uso del ajo en los hogares de los patricios romanos. La presencia de la “rosa fétida”, como denominaban a este bulbo, era, en la antigua Roma, sólo patrimonio de la plebe o clase baja.

El Ajo en otras culturas
 
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En Hungría, se emplea para absorber las enfermedades, para ello frotan con ajos frescos y pelados la parte afectada del cuerpo y luego los tiran a una corriente de agua. Se cree que los bulbos se llevan consigo la dolencia.

 En Turquía, sirven para impedir los encantamientos o hechizos. Utilizan una fórmula ancestral que consiste en ensartar nueve ajos en un cordel de cáñamo o de algodón y llevarlo colgado al cuello durante nueve sábados.
 
En la isla de Sicilia, se recurre al él para alejar a los pájaros de los árboles frutales untando las ramas con un puré elaborado con ajos.

En Grecia, Los plantan y los recogen cuando la luna está por debajo del nivel del horizonte, de esta manera logran que no desprenda un olor tan persistente.

En China,  Es considerado como un elemento mágico muy útil para ahuyentar el mal de ojo, las desgracias o la mala suerte. Marco Polo descubrió que los asiáticos se servían del ajo para conservar la carne cruda. Escrituras chinas, provenientes de la Dinastía Ming, determinan sus propiedades como callicida aplicándolo directamente sobre la piel. Mezclado con miel, lo usaban para paliar el dolor de muelas.

En la isla de Cuba, cuenta la tradición Yoruba que las hechiceras practicantes de “La Regla del Palo”, una especie de brujas caribeñas, podían volar con sólo colocarse un diente de ajo en cada una de sus axilas. Actualmente, las santeras cubanas, para evitar el mal de ojo, llevan un ajo atravesado por un ganchillo y escondido en sus cabellos. Además, en la isla se emplea la infusión de ajo contra el cólera y se recurre al ajo licuado en casos de sarna, tiña y contra las durezas de los pies.
 
Papel del Ajo en algunas religiones
 
En el Islamismo: Una leyenda árabe asegura que el diablo dejó dos huellas cuando abandonó el Paraíso: de la primera huella del diablo nació el ajo y de la segunda creció la cebolla. No es de extrañar que el Islam prohiba acudir a la mezquita después de haber comido ajo.

En el Judaísmo, El Talmud recomienda la aplicación del ajo para alejar la peste y curar los dolores de muelas y de oídos. De este bulbo dice que satisface, templa en cuerpo, incrementa el líquido seminal y elimina también las lombrices intestinales. Los rabinos consideran que el ajo es afrodisíaco y aconsejan comerlo especialmente el viernes, víspera de la festividad del Sabbath.

En el Hinduismo,  una leyenda india nos cuenta que, cuando fue decapitado el demonio Rahu, de su cabeza brotaron gotas de sudor que originaron el ajo. Por ello, aunque entre los hindúes las restricciones alimenticias vegetales son muy escasas, contemplan la prohibición de los bulbos y tubérculos en forma de cabeza, entre ellos, el ajo.

 
 
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