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Pliegos sueltos
Alonso Zamora Vicente: Bien se merecia una Avenida
Carmelo Arribas Pérez   
18 mar 2006 actualizado 00:29 CET :: Leído 568 veces
Alonso Zamora
Alonso Zamora
El día 14 de marzo murió, a los 90 años, uno de los personajes más importantes de la lingüística española, al que Mérida le tiene dedicada una humilde aunque concurrida calle, dentro del antiguo Kardo que viene a confluir, como los ríos que desembocan en los grandes caudales incrementándolos, en ese cauce humano que se llama calle de Santa Eulalia.

Recuerdo que en cierta ocasión, me preguntó mirando el rótulo de la calle, un conocido mío, de mi edad, o sea mayorcito, hijo de Mérida y  nada sospechoso, por su profesión, de ignorancia. ¿Oye tú que sabes muchas cosas de Mérida? ¿Quién es este señor Alonso Zamora Vicente?  
Lo más seguro, es que pensara que se trataba de algún conquistador desconocido o algún soberbio maestre de la orden de Santiago.

Pero ¿Cuáles fueron sus méritos para que le dedicaran una calle en esta ciudad? En algún escrito hace años reflexionaba que una ciudad se distingue fundamentalmente de otra, por los nombres de sus calles, a través de ellos se puede escribir una historia en la que se describen  todos los avatares sufridos y los personajes que la habitaron. Y Alonso Zamora Vicente, fue uno de ellos.

No creo que  le pusieran la calle, porque era Académico de la Lengua desde 1966, porque los ha habido muchos y no tienen dedicado ni un callejón solitario, ni Secretario Perpetuo de la misma desde 1971, hasta el 1989, en que dimitió, ni porque fue Premio Nacional de Literatura en 1969, ni tan siquiera porque coordinara el Diccionario Manual e Ilustrado de la Real Academia, ni la Historia de la Real Academia Española, sino por algo mucho mas humilde, tanto, que ni tan siquiera aparece nunca reflejada como obra suya en  los resúmenes biográficos. Porque D. Alonso Zamora Vicente, se licenció  en 1940,  y se doctoró al año siguiente en Filología Románica con su trabajo sobre: “El habla de Mérida” ", y este estudio, que nadie cita, sin embargo sería la base en que se basarían TODOS los trabajos de dialectología que se llevaron a cabo durante las tres décadas siguientes.

Recién licenciado consigue una plaza en Mérida y viene a ejercer como catedrático de literatura. Antonio Viudas Camarasa, que hizo todo lo posible por hacerse con su biblioteca para Extremadura, cuenta que con las anualidades, “de algo más de tres mil pesetas, que cobra como Catedrático de Lengua y Literatura Españolas” del Instituto Nacional de Bachillerato de Mérida, da forma definitiva a su biblioteca.

Es aquí en Mérida en donde en compañía de su mujer, la también filóloga María Josefa Canellada, y con un quimógrafo de su invención, recoge todas las particularidades de la fonética emeritense.
No duraría mucho su permanencia en la ciudad. Ya en el curso 42-43 se traslada a la Cátedra de Lengua de un Instituto de Santiago de Compostela, y en el 43 consigue la cátedra en la Facultad de Filosofía y letras de esta ciudad.
Sin embargo a pesar de los muchos galardones y la importancia, de los títulos conseguidos, me consta que nunca olvidó aquella Mérida de posguerra que fue su primer destino y en la que cimentó en enorme edificio de sus estudios posteriores.

 De ahora en adelante cuando pasemos por esta humilde  calle, ya sabremos sin necesidad de preguntar, que aquel Zamora Vicente de la placa, fue un conquistador…del lenguaje.
Carmelo Arribas Pérez

 
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