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Pliegos sueltos
Afrodisíacos, las muletas del sexo
Carmelo Arribas Pérez   
11 may 2006 actualizado 20:33 CET :: Leído 3283 veces
"El mas potente afrodisíaco, es el amor".

Como me ha gustado el excelente trabajo de Pilar Fernández sobre los afrodisíacos, he decidido apuntarme también al tema, aunque haya algunas cosas que necesariamente tenga que repetir.

Vasija griega Museo Arqueológico Madrid
Vasija griega Museo Arqueológico Madrid
Los excelentes resultados de los estudios a doble ciego, ( método en el que ni enfermo ni  médico conocen cual es el medicamento, ni cual el placebo), de los laboratorios farmacéuticos  Pfizer, y la  consiguiente aparición del citrato de sildenafilo (Viagra), en las farmacias, tuvo como efecto mas inmediato el resoplido de satisfacción, no sólo de los posibles usuarios del fármaco, sino el de los ecologistas, que vieron cómo los excelentes resultados del fármaco en la disfunción eréctil masculina, constituían la mejor de las noticias a la hora de  evitar de la desaparición del rinoceronte negro africano, cuyo cuerno, considerado un potente afrodisíaco, lo había llevado al reducido número de 3.000 ejemplares en el 2001.  Los 12.500 dólares que se pagaban  por onza ( 28, 3495 gramos) en el mercado negro eran argumento mas que suficiente, para que los furtivos llevaran a esta especie al borde de la extinción.

No era este el único extraño componente que los humanos han utilizado, durante toda su historia, para potenciar o recomponer su decaído vigor sexual.
 
La multitud de sustancias que se emplean o han empleado, para aumentar el deseo sexual o producir  una potente erección, ha variado y varía según culturas y momentos históricos determinados, sin embargo han permanecido  algunas, y mientras que la mayoría son de dudosa eficacia  clínica, otras sin embargo muestran una actuación determinada, ya sea con la inervación de centros nerviosos como la cantaridina, o con la vasodilatación arterial periférica que facilita la erección del pene y la congestión venosa y secreción de las mucosas vaginal y vulvar, efectos producidos por la yohimbina, el alcaloide sacado del Pseudocinchona yohimbe, un árbol originario del Africa Tropical.  

La potencia sexual masculina siempre ha estado unida al concepto de poder. Por lo tanto, su disminución es percibida por el hombre como una pérdida de este carácter dominante frente a los demás. La existencia de harenes se podría contemplar en este contexto, más que como un tributo a la libido del poseedor de los mismos, como un signo de poder. Y  es este, el motivo subconsciente, más incluso que el del goce sexual,  por el que el hombre, desde la época prehistórica, ha buscado sustancias de todo tipo para potenciar ese poder sexual que le iba desapareciendo con el transcurso de los años. 

Piedras de Morerías con signos fálicos
Piedras de Morerías con signos fálicos
La utilización iconográfica de penes esculpidos en las piedras en las grandes obras de ingeniería romana, significando y demandando para las mismas fortaleza, (podemos todavía encontrarlos esculpidos bajo los arcos del puente romano de Mérida, o entre las piedras que se encuentran bajo los edificios de las Consejerías, pertenecientes a la antigua muralla de la misma ciudad). De igual manera abundan entre los objetos expuestos en el Museo Nacional de Arte Romano, pequeños amuletos colgantes, hechos de bronce, de penes, que debían transmitir a los niños que los portaban, fortaleza y vigor.


Mandrágora
Mandrágora
El número y variedad de sustancias y objetos que se han utilizado como afrodisíacos en todas las culturas y épocas, desde el antiguo Egipto, Grecia, o Roma,  hasta la actualidad, han sido y son de lo más variado y pintoresco. A los ya citados, podíamos añadir: el pene de león en polvo, los huesos de rana, los testículos de toro, las ostras, la mandrágora, el ginseng, sin contar un largísimo etc. entre los que estarían como los mas utilizados en nuestra sociedad moderna, el alcohol, o la marihuana. 

El origen de la palabra afrodisíaco, proviene  del mito de  la diosa griega del amor, Afrodita, que surge desnuda entre la espuma del mar de Citerea en el s.VI a.d.C, y a la que Homero declara responsable del deseo de fieras, hombres y dioses, incluso posee un poder tan grande, que nubla la razón hasta al mismísimo Zeus.

Que desde el mismo momento, en el que el simio evolucionado puede ser considerado como hombre, ha utilizado plantas y alimentos para potenciar el deseo o la potencia sexual, es evidente. Pero la primera noticia escrita que se tiene del uso de afrodisíacos  proviene de los papiros egipcios de los años 2.200 a.C. aproximadamente. Los primeros afrodisíacos que se utilizaron eran aquellas plantas o alimentos que podían tener una semejanza con los órganos sexuales, tanto masculinos como femeninos, o un olor semejante. Algunos de ellos, como las ostras, las almejas o el marisco, siguen teniendo una buena literatura al respecto. 

Los griegos y romanos utilizaban un brebaje al que pusieron el nombre de Satirión, por referencia a los sátiros, dioses de los bosques, con cuernos y patas de cabra que pasaban su tiempo bebiendo vino y persiguiendo a las ninfas. Esta bebida se sacaba de unos bulbos de orquídeas que tenían forma de escrotos.  Se dice que Hércules al beberla pudo desflorar en una sola noche a quince vírgenes. Sin embargo el ingrediente más importante de los filtros de amor, solía ser el polvo de cantárida, ingrediente cuya popularidad ha llegado hasta nosotros.  

La Cantárida Lytta Vesicatoria
La Cantárida Lytta Vesicatoria
No había revista erótica, hasta los años noventa, que dentro del amplio catálogo  comercial de objetos y sustancias relacionados con el sexo no incluyera los jarabes de la "spanish fly", "la mosca española", como era denominada la "Lytta vesicatoria", un escarabajo verde brillante, que seco y reducido a polvo contiene una sustancia tóxica, la cantaridina, que produce una irritación uretrovesicular, y como consecuencia de ella, en dosis adecuadas, una erección, pero que mal administrado produce demencia, desorientación y finalmente la muerte. Víctimas de estos filtros amorosos a los que se añadían otras sustancias afrodisíacas, como los huesos de rana, o la piedra "atroita hipomaes", cuyo nombre nos ha llegado en diversas formulaciones afrodisíacas, pero que nadie sabe exactamente qué es, fueron personajes tan conocidos como el general romano Lúculo o el rey Fernando el Católico. 

En el s. I a. C. el general romano Lúculo, famoso por sus fiestas y banquetes, encontró la muerte motivada  por los buenos deseos de uno de sus libertos, Clístenes, que guiado por la sana intención de ver en "perfecta forma" a su señor, le administró este producto cuya sobredosis produce la muerte entre tres y ocho días, causada por inflamación gastrointestinal y genitourinaria que lleva a continuos vómitos y diarreas. Ya fuera por esta sustancia, o por las "turmas de toro", otro de los afrodisíacos mas utilizados históricamente, (ya que se espera que el vigor del toro le sea transmitida a quien los come),
Escudo de Madrigalejo con la F  enlutada
Escudo de Madrigalejo con la F enlutada
D. Fernando el Católico,viudo de Isabel la Católica y casado nuevamente con Dña. Germana de Foix, con una considerable diferencia de edad, 53 años de él frente a los 17 de ella, muere en Madrigalejo,(Cáceres) intoxicado por los afrodisíacos administrados.

La edad media es una de las épocas más pródigas en la confección de filtros amorosos, que solían estar en manos de mujeres, a los que juntamente con los brebajes, aplicaban la fantasía, y sin duda uno de los ingredientes mas importantes a la hora de que funcionen, la sugestión. No en vano el porcentaje de resultados con productos placebo que se contabilizan, a la hora de recoger los estudios comparados con algún medicamento, suele ser a veces semejante.

La mandrágora, era una de las plantas mas utilizadas, por estas mujeres. Su olor fétido, y forma casi humana arrastraba la leyenda de que cuando se ahorcaba a un hombre este eyaculaba y la mandrágora salía de la tierra en donde había caído el semen. Sus propiedades alucinatorias les hacían creer a las brujas que volaban. En un primer momento estas prácticas, acompañadas muchas veces por oraciones, que con frecuencia en ausencia de relojes o medios de cálculo de tiempo tenían como función calcular los tiempos de cocción de los ingredientes, fueron toleradas por la Iglesia, porque eran unas prácticas  muy arraigadas en el pueblo. La secularización, la creencia en hechizos, y la pérdida de poder de la Iglesia hizo caer sobre estas mujeres (en los filtros amorosos, el componente femenino es parte de ritual) el peso de la Inquisición, sobre todo a partir de la aparición del: "Malleus maleficarum" ( El martillo de las brujas), escrito en 1486 por  dominicos alemanes.

Uno de los grandes "amadores" como Giacomo Casanova, no podía dejar de tener su arma secreta, el chocolate caliente, que según las últimas investigaciones aumenta la producción orgánica de diversas sustancias que elevan la capacidad amatoria.

El estramonio
El estramonio
La mayoría de las sustancias tóxicas que producen relajación.  El beleño y el estramonio abundante en terrenos baldíos de nuestros campos, han sido utilizados como afrodisíacos, si bien su peligrosidad puede originar graves daños para la salud o la misma muerte. Otros más inocuos, como el jengibre, el perejil, el apio, el chile o la albahaca, pueden aumentar el riego sanguíneo o estimular el aparato urogenital.

La lista de productos afrodisíacos, podría ser interminable. Dependiendo del período  histórico en el que nos fijemos, unas sustancias o plantas han tenido más aceptación que otras.  Como los tomates y las patatas, a los pocos años después de su traída a Europa, quizás por su escasez y desconocimiento.

Diversas drogas, como el alcohol, las anfetaminas o la coca, en pequeñas cantidades  producen más una desinhibición,  que una auténtica acción afrodisíaca, provocando a un plazo, no excesivamente largo, disfunciones sexuales.

Es evidente que para llegar al amor, no hay nada mejor que utilizar el plano, que los asistentes  al salón literario de Madeleine de Scudery confeccionaron entre el 1653 y 54 y que llamaron Mapa del Jardin del Amor. Con este mapa, el amante debe encontrar el camino del corazón de su amada. Hay en esta búsqueda, el peligro de hundirse en los mares de la Enemistad, o en el Lago de la Indiferencia.

Este jardín está regado por los tres grandes ríos; La Estima, el Reconocimiento y el Interés por la persona amada. Y poblada de ciudades y aldeas como: La Generosidad, los Mensajes cariñosos, los Agradables versos... Pero también existen otras, en las que puede perderse el enamorado; La falta de sensibilidad, el Olvido, La negligencia, el Orgullo, los Celos...Si se recorren estos lugares, acompañado por el ardor de la pasión, se podrá llegar finalmente a conseguir el premio buscado.

Es evidente, que ni la aleta de tiburón, ni las flores de saúco, el gingko biloba,( utilizado en farmacia como producto para mejorar el riego cerebral), ni la vitamina E, la ortiga, el nabo, la pimienta, ni tan siquiera el pygeum africanum, que se emplea en urología para mejorar los problemas prostáticos,  o el Viagra y otros productos similares, aparecidos en el mercado farmacéutico últimamente, son suficientes para sustituir el más importante afrodisíaco, cuya fórmula descubrieron los tertulianos del Salón de madame Madeleine, el amor, que no necesita ninguna de las sustancias externas que adormecen nuestra conciencia y provocan obnubilaciones, porque quizás el mayor y mejor efecto secundario que produce el amor, es la ceguera de los amantes.

 
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