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Pilar Fernández
Arcano Nº 5 del tarot “El Sumo Sacerdote”
Pilar Fernández Rodriguez   
15 jun 2005 actualizado 22:20 CET :: Leído 347 veces
Arcano de la capacidad adivinatoria, de la intuición filosófica y de la autoridad moral, no por casualidad está asociado al número cinco, mágico por excelencia. Este naipe recibe también otras denominaciones tales como “El Papa” o “El Pontífice”, siendo este último, a mi juicio, el más acertado, ya que alude al intermediario, a “quien sirve de puente” entre la divinidad y el orden de “las cosas creadas”, el poder político representado por la carta que le precede, el emperador.

ImagePor todo ello, muchos lo identifican con el papa, el chamán, el sabio, el sacerdote, pero también abarca lo que conocemos como sacerdocio social: el maestro, el médico... Pero el poder de esta carta es algo sobrehumano frente al significado del arcano número nueve, “El Ermitaño”, que sería “el viejo hombre sabio” desde el punto de vista humano que desvía su pasión hacia otras causas: el peregrino,  el vegetariano, el ecologista, el naturalista o el monje que renuncia al mundo y hace voto de pobreza.

Por una sencilla asociación de ideas la sabiduría va unida a la experiencia y ésta a la edad avanzada, por ello se imagina al “Sumo Sacerdote” como un anciano pontífice, sentado en una silla cúbica, predicando su evangelio ante un rebaño que no es en absoluto homogéneo, sino que se divide en dos tipos de fieles: los que le comprenden simbolizados por el personaje que tiene la mano alzada, y aquellos que sólo le obedecen por temor al castigo de Dios, representados por el que la tiene bajada.

También las manos del personaje central son muy importantes: Una de ellas, la derecha, está  cubierta por un guante y lleva la Cruz de Malta. Es la que le vincula con el poder divino y con la que sostiene el báculo que lo simboliza. La izquierda, en cambio, está desnuda y reproduce el gesto de las bendiciones: es con la que se dirige a los fieles, a la humanidad. Sin embargo, si hacemos un esfuerzo de imaginación y recordamos los juegos de sombras chinescas, comprobaremos que la sombra de la mano izquierda del pontífice puede derivar en una caricatura del rostro del diablo. Es la mano de la bendición y también puede ser la mano de la excomunión. Existe una vieja superstición que dice que si la sombra de la mano del Papa, mientras bendice, cayera sobre alguien, se convertiría en una maldición. Este es el lado sombrío del Pontífice, la autoridad religiosa también puede ser demoníaca si deriva en fanatismo.   

La denominación “Sumo Sacerdote” parece remitirnos a otra religión, en este caso la egipcia, en la que la casta sacerdotal estaba compuesta por ciudadanos privilegiados que ejercían el poder religioso y político y además ostentaban la más alta potestad: la de elegir el nuevo faraón. En la mitología clásica, se identificaría con Zeus ó Júpiter, el padre de los dioses, supremo soberano del Olimpo.

Respecto a la iconografía de esta carta, merece especial mención el hecho de que aquí se reproduce un personaje barbado, mientras que los papas tradicionalmente han sido retratados como lampiños no sólo en la Edad Media sino también en el Renacimiento, época de gestación del tarot. Tanto por este rasgo, como por las características de la tiara y el único guante amarillo que porta, ornado con “la Cruz de Malta”, los expertos han podido deducir el origen remoto de esta imagen que debe ser la copia de la representación de un papa muy antiguo.

“El Sumo sacerdote” es el arcano de la religión, la benevolencia, el perdón, la enseñanza, el pacifismo, la sabiduría, la experiencia y el equilibrio, corresponde al número cinco, el de la dimensión espiritual y la adivinación. El número cinco encarna los cuatro elementos de la creación y los sintetiza a través de espíritu, el Uno, que es competencia exclusivamente humana y diferencia al hombre del resto de los animales. El cinco, además, es el número de la humanidad: tenemos cinco sentidos a través de los cuales percibimos el mundo, cinco dedos en las manos y en los pies, etc... Numerosas sociedades primitivas contaban de cinco en cinco y muchos de nosotros lo seguimos haciendo con los dedos de nuestra mano.

En numerología el cinco se considera mágico porque, si se multiplica, vuelve siempre sobre sí mismo, por ello para los antiguos fue denominado “el número esférico” conectado con el infinito. Cinco es tres más dos: combina La Trinidad del espíritu con los dos opuestos de la experiencia humana. Como cuatro más uno encarna “la quintaesencia”, esa sustancia preciosa que está más allá de los cuatro elementos, de las cuatro funciones, de las cuatro direcciones y de todos los otros “cuatros” que sirven para definir la realidad terrestre.

En cuanto a su figura geométrica, se corresponde con el pentagrama, que, para los chinos, representa al hombre. Un pentagrama es también la estrella que condujo a los Reyes Magos hacia el establo donde estaba el niño Dios. La estrella de cinco puntas es la de la síntesis universal, que, según esté colocada, puede significar el orden o la confusión. Con una punta hacia arriba simboliza el salvador, Jesucristo, pero con dos puntas hacia arriba representará todo lo contrario, Satán, la cabra con cuernos del Sabath, y es empleada en rituales de magia negra, por lo que hay que tener especial cuidado a la hora de pintar esta estrella.

Mientras que para Freud la tendencia religiosa no era nada más que una forma de sublimación de la libido sexual, Jung creyó en la necesidad que tiene el hombre de darle un sentido transcendente a su existencia. Lo definió como un instinto ”sui generis” de la psique humana, como una forma de predisposición innata. Remontándose al pensamiento del griego Orígenes “el alma del hombre es religiosa por naturaleza”, Jung defendía que, al igual que la relación sexual, la necesidad religiosa nos lleva a la unión de los opuestos, por eso “El Papa” es andrógino: tiene barba de hombre y lleva vestiduras de mujer. Une en su ser lo masculino, Dios Padre, con lo femenino, la Santa Madre Iglesia. Por todo ello “El Sumo Sacerdote” es un arquetipo muy poderoso, tanto en el mundo simbólico como en el real.

En el plano de la interpretación este naipe simboliza el matrimonio, la respetabilidad, el buen consejo, el respeto y la vocación religiosa. También es el equilibrio entre los aspectos espirituales y materiales, la filosofía y el conocimiento de las sagradas escrituras. En sus aspectos más negativos se leerá como intolerancia, gazmoñería o fanatismo religioso.

 
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