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Ocio y cultura
Semblanzas Biográficas: LEONARDO DA VINCI
José Luis Arellano Herrera   
26 nov 2004 actualizado 23:33 CET :: Leído 154 veces
Leonardo Da Vinci nació en Archiano, pequeña localidad situada cerca de Vinci, a pocas leguas de Florencia, a orillas del Arno, un río fértil, poco navegable, cuyo aprovechamiento se han disputado siempre varias ciudades, sobre todo Florencia y Pisa.

En su partida de nacimiento, se nos dice que Leonardo, vino al mundo en el año 1.452, el 15 de Abril (sábado) a las 3 de la madrugada.  Salvo estos datos, su primera infancia está envuelta en curiosidades solamente, y no es mucho lo que se sabe de él.

El  padre  de Leonardo, fue Ser Piero da Vinci, futuro Notario de la República de Florencia, que  tenía  entonces 23 años.  De su madre solo sabemos que se llamaba Catalina y que era de clase muy  humilde, probablemente  hija  de campesinos.  Era hijo natural, o lo que es lo mismo, ilegítimo, es decir hijo de soltera, que estuvo bien aceptado por la esposa de su padre y sus hermanos, sin aparente discriminación hasta el momento de repartir la herencia.

Cuando hablamos de Leonardo Da Vinci, solemos emplear el término de polifacético y efectivamente lo era, pero esto no define de manera integral su rica personalidad, sino tan solo, sus múltiples  quehaceres  de  pintor, escultor, dibujante, urbanista, ingeniero militar, proyectista, inventor y hasta médico forense, ya que era muy aficionado a la disección de cadáveres como investigador, llegando  incluso a considerársele como el mejor anatomista de su tiempo.  

Pero de todas estas personalidades, la  más extraordinaria  es  la de LEONARDO hombre; por su equilibrio, su profundidad de visión en todos los campos y horizontes de la vida del espíritu y por sus pasmosas intuiciones, se le ha calificado de primer hombre moderno y ha podido ser comparado con Goethe, por ser él,  entre  los  artistas italianos  de primera línea en su tiempo, el único que compartió las inquietudes espirituales del norte de Europa.

En  su  dilatada vida estuvo al servicio de los Médicis de Florencia, los Sforza de Milán (1.482),  de  los repúblicos de Venecia (1.500), o de los Borgia´s pontificios (1.502), y  termina sus días  al  servicio  primero  como  pintor  e ingeniero del rey Luis XII de Francia en 1.507 y  más tarde de Francisco I en 1.515, redactando su testamento el 25 de Abril y muere en Cloux el día 2 de Mayo del año 1.519,  siendo enterrado en la iglesia de San Florentino en Amboise.

Es  impresionante la variedad de su obra pictórica con sus claros-oscuros, en la que  nos sorprende con 15 años, como alumno iluminado de Andrea Verrocchio (Inicio en 1.465) con obras como La Santa Cena (1.495), La Gioconda (1.503), la Virgen de las Rocas, La Virgen y el Niño y Santa Ana (1.510), etc., y de sus preocupaciones técnicas y científicas.  Fue contemporáneo de Miguel  Ángel  y  Rafael  entre  otros,  con  los  que  tuvo sus diferencias…

Lo  mismo  hacia  un  retrato  que pintaba una batalla o una Madonna o modelaba una estatua;  lo  mismo  diseccionaba un cadáver, que fabricaba un pájaro volador, lo mismo inventaba una máquina de guerra que proyectaba una ciudad ideal, cuyas calles se cruzaban o discurrían a distinto  nivel  para  encauzar,  sin  atascos  y  sin  riesgos, el  tránsito  rodado  y  el  peatonal.

Lo mismo proyectaba un sistema defensivo, que un sistema de riego, el desvío de una corriente  de agua, que la desecación de un pantano, un puerto marino, que la maqueta de una cúpula. Lo mismo diseñaba una pluma de ave, que un insecto o el perfil de un caballo, de una dama o de un viejo.

Era sorprendente, el Leonardo buscador de novedades y perfecciones, el Leonardo de las obras inacabadas o irrealizables o el de las sonrisas enigmáticas, de las cuentas al detalle y de la escritura  al  revés…,¡Sorprendente  Leonardo!.

La gran sorpresa de su vida es que la ignoramos.  Solo  tenemos  en  su obra el reflejo,  pálido  reflejo,  al fin y a la postre, de una vida que debió vivir intensamente allá en el  interior  de su mente atropellada  y  precursora  y  quizá  también en el interior de su corazón solitario.

Disfrutó  las  mieles  y  los  sinsabores  de  la  amistad,  pero ¿disfrutó  igualmente las dulzuras y las amarguras del amor ?.  Frente al Leonardo de carne y hueso nos encontramos tan enigmáticamente  sorprendidos, como  ante  la  sonrisa  de  la  Gioconda…

¡Sorprendente Leonardo, que vida tan maravillosa y que envidia te tenemos !.
 
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