 UCE advierte de que no existe regulación legal sobre las empresas que organizan estancias en el extranjero para aprender idiomas A pesar de que existen más de 200 empresas que operan en el sector y que mueven alrededor de 450 millones de euros al año, no existe regulación específica ni controles periódicos.
Comprobar que la empresa con la que vamos a contratar es socia de ASEPROCE (Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero) y pedir copia de todos los contratos que firmemos, son la única garantía que podemos obtener de que todo saldrá según lo previsto por parte de la administración.
Según la Unión de consumidores, las empresas que se dedican a organizar cursos y estancias en el extranjero para aprender idiomas siguen sin estar reguladas. Sin duda, el rey de los idiomas sigue siendo el inglés: el 90% de los viajeros sigue prefiriéndolo, aunque van introduciéndose otras opciones como el francés o el alemán. Y, como es tradicional, la mayoría de los viajeros elige como destino Irlanda o el Reino Unido, muy por delante de Estados Unidos o Canadá. Pero además, y puesto que la finalidad principal del viaje es el aprendizaje de un idioma, deberíamos poder estar seguros de que las condiciones del curso que contratamos se ajustan a lo que después vamos a encontrarnos. Sin embargo, los requisitos que se le exigen a las empresas que ofertan estos servicios y los controles administrativos a los que son sometidas dejan mucho que desear.
De hecho, no existe en nuestro país ninguna legislación específica que regule las condiciones que deben cumplir las empresas que se dedican a este sector, que mueve alrededor de 450 millones de euros anuales, en sus relaciones con los consumidores. Desde la unión de consumidores destacan que dado el problema que existe ante las numerosas empresas que ofertar servicios de este tipo, y ante la falta de control en este ámbito, lo primero que debemos hacer es comprobar que la empresa está legalmente constituida, que tienen años de experiencia en la organización de este tipo de viajes y que ofrecen una información clara de los cursos y programas que organizan. También es importante elegir bien el tipo de alojamiento. Lo ideal y, de hecho, la opción elegida por la mayoría, es la estancia en el seno de una familia en el país de destino. Otra posibilidad, aún más intensiva, es la estancia en casa del propio profesor, modalidad cada vez más frecuente. En cualquier caso, si quien viaja es un chico joven, debemos asegurarnos de que la empresa dispone de un tutor o enlace, que hable correctamente español, que pueda atenderlo en todo lo que necesite. No olvidemos que este viaje debe ser, además de gratificante académicamente, positivo como experiencia vital.
Estudiar un idioma de esta manera es mucho más caro que hacerlo en la tradicional academia de nuestra ciudad. Pero también es mucho más efectivo. Si nuestro problema es el dinero, el Ministerio de Educación y Ciencia lanza todos los años unas becas que nos ayudarán a superar esa dificultad. En realidad, lo que dispara los costes son los servicios accesorios al curso, pues el precio de este no difiere en exceso del que pagaríamos aquí: un curso de inglés puede costar entre 70 y 200 euros a la semana, dependiendo del número de clases. Pero sin duda, lo más preocupante es la absoluta falta de control administrativo sobre las empresas del sector.
Por mucho que el trabajo de ASEPROCE nos ofrezca garantías, lo cierto es que no puede suplir el papel regulador y controlador de las autoridades educativas y de consumo. Es absolutamente necesaria una norma que, de una parte, determine los requisitos que deben cumplir quienes ofertan estos servicios y, de otra, regule sus relaciones con los consumidores. Recomendaciones
 Londres En cuanto a las recomendaciones a tener en cuenta antes de contratar un curso, es comparar las ofertar que hay el mercado, comprobar que dicha empresa esté asociada a ASEPROCE, donde podrá elegir con más garantías, ya que la pertenencia a la asociación exige una serie de requisitos que aseguran al consumidor la legalidad de la empresa, si además está adherida al Sistema Arbitral de Consumo, la empresa le está ofreciendo un sello de calidad seguro. Prestar especial atención a la publicidad engañosa y las cláusulas abusivas son un punto fundamental a tener en cuenta, además de comprobar todos los servicios que incluye la oferta publicitaria y su inclusión en el precio total Y por último, y muy importante, guarden los folletos publicitarios, exijan contrato donde se especifiquen todas las condiciones del mismo y, si al llegar al destino se encuentran con dificultades o problemas, lo mejor es reclamar en el momento al responsable de la organización para que se lo solucione allí mismo, si no es así, reúna el mayor número de pruebas (fotos), y quédese con los nombres y direcciones de personas que pudieran servir de testigos. Para las reclamaciones, dirigirse a las Asociaciones de Consumidores o a los organismos de la Administración competente en materia de consumo.
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