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Moisés Cayetano
Los niños de Extremadura ¿van descalzos?
Moisés Cayetano   
03 ago 2008 actualizado 23:42 CET :: Leído 330 veces
La lamentable "broma" del tan traído y llevado concejal de Torredembarra (Tarragona), que pedía "apadrinar a un niño extremeño por 1.000 euros", ha tenido y está teniendo una contundente contestación de repulsa y denuncia por parte de la inmensa mayoría de la población que accede a la noticia. No hay más que mirar los comentarios que aparecen en la prensa, sobre todo en los formatos electrónicos, tan ágiles y vivos para estas cuestiones.

¿Dónde se quedó este hombre "de izquierdas" en su conocimiento de Extremadura? Tal vez leyó el poema de Rafael Alberti, escrito en 1935, y piensa que nada ha cambiado en nuestra tierra. Aquel poema memorable que empezaba diciendo: Los niños de Extremadura/ van descalzos/ ¿Quién les robó los zapatos?, para seguir luego preguntándose, tras las consiguientes denuncias específicas: ¿Quién les rompió los vestidos? ¿Quién les derribó la casa? ¿Quién les cerró las escuelas? ¿Quién fue el ladrón de sus juegos?

En aquellos años terribles Rafael Alberti tenía toda la razón: a los niños extremeños se les había hurtado todo lo que hacía referencia a su cuidado personal, a su cobijo familiar, a su educación reglada, a su ocio en libertad. Y luego vinieron tiempos oscuros que no fueron sólo el mítico "año del hambre", sino los años de la extrema necesidad en que casi la mitad de nuestra población se vio forzada a buscarse la vida, el pan, la ropa, la vivienda, la educación, el ocio, la cultura, por otros lugares más favorecidos de nuestro país y de Europa Occidental.

Recuerdo -siendo niño y adolescente- cuando nuestros amigos que marcharon antes que nosotros en los años sesenta volvían de vacaciones; habíamos quedado aquí, en medio de la penuria, y envidiábamos su progreso, sus ropas "a la moda", la facilidad con que gastaban un dinero que nosotros estábamos muy lejos de tener. Recuerdo el sueño de marchar también, como decía Felipe Trigo en su novela de hace ya casi cien años, "Jarrapellejos": "Marchar, así fuera al mismo infierno".

Pero Lluís Suñé, el concejal que ahora nos pide disculpas por su grave insulto, no ha pasado de esos tiempos. No se ha acercado a la Extremadura actual, donde ya no se emigra sino que se reciben emigrantes. Donde el Plan de Viviendas a precio justo y construcción digna ha sido el ejemplo que copió el Gobierno Central para su propio Plan. Donde el modelo educativo, con importantes innovaciones tecnológicas, está a la vanguardia de los modelos occidentales y es alabado en foros internacionales. Donde aquellos pueblos en los que en verano no había otra opción para los niños que los riachuelos estancados y las plazas de tierra y piedra, ahora tienen espacio deportivos, piscinas, centros de recreo.

¿Apadrinar a un niño extremeño por 1.000 euros? ¿Y dónde va a encontrar a ese niño extremeño al que se le roben los zapatos, los vestidos, la casa, las escuelas y sus juegos?

¡Cuánto daño hacen los tópicos a esos mismos que los mantienen! Porque, supongo, él ahora mismo comprenderá hasta dónde ha cometido un error irreversible. Error que está dando lugar a montañas de comentarios en los medios de comunicación, y que en los foros de la prensa electrónica no tienen desperdicios. Hay de todo: xenofobia, ultranacionalismo, generalizaciones sin sentido... pero sobre todo mucha sensatez en una inmensa mayoría que sabe hasta que punto en esta tierra, Extremadura, hace ya muchas décadas que los niños tienen todos más que sobrados los zapatos, el pan, la formación y la alegría.

 
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