Un total de ocho zoológicos españoles incumple la Ley 31/2003 que exige unos niveles básicos de bienestar animal, según las organizaciones ecologistas Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA), Lliga per a la defensa del patrimoni natural (DEPANA) y BornFree Foundation, que han analizado sólo estas ocho instalaciones.
Los zoológicos visitados son: Parque Ornitológico Loro Sexi, Zoo de Castellar y Parque Zoológico de Carmona (Andalucía); Zoo de Almendralejo (Badajoz); Zoo Granjas Koki (Castilla-La Mancha); Devesa Gardens (Comunidad Valenciana); Zoo-Safari Mentz (Baleares); y Safari Madrid.
Las organizaciones han presentado una queja ante la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea y han denunciado a las distintas comunidades autónomas por la situación de estos zoológicos.
Estos centros "no llegan al mínimo exigido por la Ley", afirmó hoy Alberto Díez, de ANDA, en rueda de prensa. Así, los ecologistas critican que los animales no tienen espacio suficiente para moverse y descansar en condiciones, están sometidos a estrés por el público visitante, no cuentan con las condiciones higiénicas adecuadas y en el 65,5 por ciento de los alojamientos analizados el público puede tocar a los animales.
Además, en el 40 por ciento de los alojamientos evaluados no tienen carteles informativos de las especies que albergan y por lo tanto, a juicio de los ecologistas, no cumplen el objetivo de educación que debe tener un zoológico.
Asimismo, sólo tres de los ocho zoos tienen visitas guiadas y sólo destinadas a grupos escolares; y solamente el 4,35 por ciento de las instalaciones que albergan animales peligrosos tienen un indicador visible informando al público. Los datos se han recabado de visitas a los zoológicos, como las que realiza el público en general, realizadas del 1 de mayo al 15 de julio de 2006. Tras la visita realizada al parque, se solicitó vía telefónica información referente a los programas de educación, conservación, registros y programa veterinario.
En estas visitas se observó una baja ó nula participación en programas oficiales de cría en cautividad, el escaso interés conservacionista de la colección zoológica, la falta de participación en programas de reintroducción o en proyectos de conservación 'in situ', concluyen las organizaciones.