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Medio Ambiente
Greenpeace pide a la Junta de Extremadura que rechace la petición canadiense de reabrir la mina de Uranio
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E@D
30 ago 2007 actualizado 17:11 CET :: Leído 840 veces
Esta actividad provoca en la población enfermedades renales, pulmonares y cáncer además de graves impactos en el medio ambiente

Greenpeace ha dirigido sendas cartas al Presidente de la Junta de Extremadura,Guillermo Fernández Vara, y al Consejero de Industria, Energía y Medio Ambiente, José Luís Navarro, pidiendo que no conceda a la empresa canadiense Mawson Resources Ltd. los permisos de investigación para obtención de uranio en Don Benito (Badajoz), dados los efectos negativos para la salud pública y de los trabajadores y para el medio ambiente de esta actividad.

Según señala la organización ecologista en nota de prensa remitida a Extremadura al día, la multinacional de la minería pretende conseguir de la Junta de Extremadura dos "Permisos de Investigación" en las áreas de La Haba, Corredor de la Guarda y Las Cruces-Manantial (17.837 hectáreas), por un periodo inicial de tres años.

Considera Greenpeace que Extremadura ya ha sufrido los impactos de la minería del uranio por las actividades emprendidas por la Junta de Energía Nuclear (ahora denominada CIEMAT), en los años 60, y por la Empresa Nacional del Uranio (ENUSA) en los años 80 y 90. Estos antecedentes ya deberían ser suficientes para que la Junta de Extremadura denegase la solicitud de Mawson Resources LTD.

En Extremadura se explotaron varios yacimientos de uranio, en las conocidas Minas de La Haba, en los Términos de Campanario, Quintana de la Serena y La Haba, hasta 1990. La Minas "Hoya del Lobo" y "Pedregal" han sido utilizadas como cementerio de residuos radiactivos, con el secretismo que siempre acompaña a la industria nuclear. Allí fueron depositados, ilegalmente, a principios de los años 70, residuos radiactivos procedentes de un accidente que tuvo lugar en un reactor nuclear experimental de la Junta de Energía Nuclear, en Madrid (cuyo efecto se detectó hasta en la desembocadura del Tajo, en Lisboa), y en 1993 se depositaron 577 bidones con residuos radiactivos procedentes del CIEMAT.

La minería del uranio es una actividad muy contaminante, con demostrados efectos negativos para la salud pública y de los trabajadores y para el medio ambiente, además de sus desastrosos efectos para el paisaje y el medio natural. Numerosos trabajos científicos y diversos estudios epidemiológicos han establecido la relación causa-efecto entre la actividad minera del uranio y diferentes enfermedades de riñón y de pulmón, además de cáncer.

La minería de uranio es la primera etapa de la secuencia de operaciones interdependientes encaminadas a producir armas nucleares o combustible para el funcionamiento de reactores nucleares. Todas las etapas producen importantes cantidades de residuos radiactivos. Aunque se puede encontrar uranio en pequeñas cantidades en casi todas partes, sólo hay uranio lo suficientemente concentrado como para que su extracción resulte rentable en muy pocos lugares. Incluso en estas áreas, hay que remover ingentes cantidades de tierra para conseguir cantidades apreciables de mineral útil, lo que provoca la generación de grandes cantidades de residuos.

La propia empresa, Masow Resources LTD, reconoce que la concentración de uranio en Don Benito, a pesar de ser la más elevada de los 5 emplazamientos europeos que valoran, es tan sólo del 0,12%. Entre todos los emplazamientos, Mawson Resources considera que podrían conseguir 2 millones de toneladas de uranio: para lo que tendría que provocar un movimiento de tierras de más de 1.600 millones de toneladas.

EL URANIO SE ACABA

Este intento de buscar uranio en yacimientos ya clausurados por falta de rentabilidad se debe a la ''desesperación'' de la industria nuclear por la escasez de uranio comercial. El uranio se acaba, afirma Greenpeace.

Según los estudios disponibles (como la última edición del Libro Rojo de la Agencia de la Energía Nuclear de la OCDE) las reservas de uranio-235 fisionable, el "combustible" de los reactores nucleares, alcanzarán sólo para unas pocas décadas más, considerando que los niveles de consumo no aumenten (y eso que, hoy en día, 50 años después de su "nacimiento", la energía nuclear cubre tan sólo el 6% de las necesidades energéticas mundiales).

El uranio, después de ser aplastado, molido y bañado en ácido, -- explica Greenpeace -- es secado y empaquetado como concentrado de uranio (U3O8), también conocido con el nombre de torta amarilla. Aunque la torta amarilla es sólo ligeramente radiactiva, la extracción y el proceso de molido del uranio expone a los trabajadores a otras fuentes de radiación.

Añade que la inhalación de polvo y el gas radón han causado ''altos'' porcentajes de cáncer de pulmón en los mineros de uranio. Apunta que más del 99% del mineral extraído se convierte en residuo radiactivo o químicamente tóxico, conocido como estériles.

''Para conseguir una sola tonelada de torta amarilla se generan varios centenares de toneladas de estériles que contienen cerca del 85% de la radiactividad total del mineral de uranio original'', afirma la organización ecologista, que continúa explicado que normalmente también se producen residuos líquidos, en proporción al menos ''dos veces superior a la cantidad de estériles generados''.

Estos residuos líquidos tienen ''un fuerte'' impacto sobre el medio ambiente, ya que son transportados a zonas lejanas por medio de ríos y arroyos. Arrastradas por el viento y el agua, las partículas radiactivas de los estériles también pueden transportarse a centenares de kilómetros de la mina.

Desde el punto de vista del medio natural, Greenpeace dice que el área en la que se pretende realizar la explotación minera conserva dehesas de encinar de gran interés ecológico y paisajístico, con gran variedad de fauna y flora, que forman parte de la Red Natura 2000 de espacios protegidos de la Unión Europea.

La mina se encuentra en el borde del río Ortigas, que desemboca en Medellín, por lo que un accidente o vertidos involuntarios podrían afectar a las Vegas Bajas del Guadiana.

Por todos estos motivos, Greenpeace considera que la Junta de Extremadura no debería conceder a Mawson Resources LTD las autorizaciones solicitadas para emprender esta explotación, negándose a vender territorio para un proyecto contaminante y de alto riesgo para la seguridad y la salud humana.

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